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Cuando volvieron, venían gordos, hermosos, ahítos del buen almuerzo. Cuando volvieron usaban en sus cantos modulaciones diferentes. No miraban de frente a sus hermanos. ¿Sería que se creían superiores?
— ¡Por qué no fuimos también nosotros!, se lamentaban los nativos que, sin agallas, no salieron. Aquí, en su pobreza, los pájaros caseros sólo encontraron tuza en los maizales y mientras que sus hermanos los que fueron al Norte, comían en sus banquetes sólo trigo.
— ¿Por qué no salimos nosotros?, repetían.
Y los que volvieron cebados y hermosos, les dijeron:
— Contad ahora cuántos somos. Mirad cuántos salimos y cúantos hemos regresado. Daños, peligros, sustos... fatigas y matanzas. ¿Cuántos entre nosotros quedaron presos? ¿Cuántos fueron vendidos... o muertos? ¿Créeis que puede existir el bien fuera de nuestra Patria? ¡Insensatos! Más vale escasez en nuestra casa que abundancia en la ajena.
(FABULA NICARAGUENSE) |
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