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El rol del educador en la formación de Valores
“El maestro enseña más con lo que es que con lo que dice”
Soren Kierkegaard.



Frecuentemente los documentos principales que emite la Universidad Nacional de Ingeniería señalan como parte de su misión, la de formar integralmente al ser humano. Por su parte, la sociedad le exige a la universidad que rinda cuentas sobre la calidad del profesional que forma y que esa formación vaya más allá de la instrucción o transmisión de conocimientos; y si bien, el hogar es el pilar fundamental en la formación de valores, el profesor contribuye activamente en el desarrollo integral de esa personalidad.

De acuerdo con Guzmán Valdivia “La educación es el proceso cultural que consiste en el desarrollo integral de la personalidad del ser humano”. Y de acuerdo con Sciaca “Es el proceso de desarrollo consciente y libre de las facultades del ser humano en su integridad del espíritu y del cuerpo”.

El hecho educativo por su dimensión social implica responsabilidades morales al profesor, y es que la moral tiene que ver con nuestro quehacer práctico, con nuestro comportamiento, y no siempre lo que deseamos y lo que hacemos está en correspondencia con los valores establecidos en la sociedad; lo anterior significa, que para educar en los valores morales y virtudes, éstos primeros deben ser apropiados por el profesor, ser parte de su vida cotidiana y al ponerlos en práctica llenarlo de gozo y alegría; de no ser así, posiblemente el docente esté apto para desarrollar otra actividad, pero no la de educar.

El problema se agudiza por que en las circunstancias históricas – sociales que vivimos, todo adquiere un valor monetario, y, los valores humanos fundamentales, en la construcción de la personalidad moral, (justicia, libertad, igualdad, tolerancia, respeto, amor y solidaridad) no son rentables económicamente, pero, son imprescindibles para convivir en paz y actuar con rectitud ante las decisiones morales que a diario se nos presentan en los diferentes momentos de nuestras vidas.

En la formación de la educación moral, el profesor debe tener presente siempre la autonomía del estudiante, es decir, reconocer la capacidad que tiene para actuar de acuerdo con su conciencia, su forma de pensar y su voluntad. Y es importante tener presente que cada acción o gesto que el profesor realiza en clases y que pueda parecerle insignificante, marca una huella en la formación y vida del estudiante.

No debemos abusar de nuestra posición y autoridad en el aula de clases para ejercer una moral heterónoma basada en la coacción, que conduzca al deber y a la obligación, ya que estas no son vividas como propias por los estudiantes ni reconocidas por éstos como necesarias. Debemos promover una “moral autónoma basada en el respeto mutuo, que surge del hecho de considerarse iguales y de respetarse recíprocamente, en esta etapa se manifiesta el sentimiento del bien y de la responsabilidad que tiende a la plena autonomía “. (Océano 1999 p, 1536).

Como señala Freire en su obra Pedagogía de la autonomía, cuando se respeta la naturaleza del ser humano, la enseñanza de los contenidos no puede darse alejada de la formación moral del educando. Educar es, sustantivamente, formar. Y que mejor que el aula de clases para ensayar los diferentes valores que queremos fomentar en los estudiantes y que más tarde le serán útiles para la vida social.

Qué hacer para alcanzar la formación de valores con los estudiantes? Los valores no pueden alcanzarse de forma espontánea, ni sólo mediante la transmisión exclusivamente verbal, el profesor educa verdaderamente cuando prepara a los estudiantes para la convivencia social, para la búsqueda de valores y virtudes, y lo induce permanentemente a la reflexión interna, a la toma de conciencia explícita y crítica.

Los valores son actitudes del querer del ser humano, de la voluntad, iluminada por la inteligencia. La vida tiene grandes valores, si cuidamos estos y los incrementamos, conservaremos nuestra existencia y la mejoraremos.

“Mediante la moral se accede al valor bien. Todas las virtudes convergen en él. Mediante el arte se accesa al valor belleza, que representa todas las manifestaciones del espíritu del ser humano y de la naturaleza misma. Mediante los conocimientos basados en causas se accede al valor verdad, al conocimiento científico. Mediante la oración se accesa al valor trascendente de Dios. Todos son necesarios para que el ser humano alcance su plenitud y realce esa síntesis integradora necesaria para lograr la felicidad”. (Buzali 1997).

Cuando formamos al estudiante lo formamos para la vida. Los valores como guías de conducta no son permanentes ni acabados, varían conforme la experiencia de vida y la madurez de cada persona. Mediante la educación moral que los profesores promovemos en nuestras clases, contribuimos en el desarrollo de capacidades que van configurando el tipo de conducta deseada para el desenvolvimiento del ciudadano en la sociedad.

*MSc. Aura Estela Lacayo A.

Profesor Titular UNI





 

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