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Película mexicana muestra realidad de niños de la calle

Por Sam Dagher

MEXICO, D.F. (Reuters) - Una nueva película sobre los niños sin hogar que viven en las calles de la populosa ciudad de México busca ahondar en las raíces de este problema ampliamente ignorado por la sociedad mexicana.

«De la Calle» cuenta la historia de un adolescente que busca a su padre, en un drama en el que participan verdaderos niños de la calle que retratan la decadencia, pobreza, violencia sexual y adicciones que viven cotidianamente.

En la capital mexicana, los niños de la calle, que algunos expertos estiman en unos 20.000, se ven diariamente limpiando, a cambio de unas pocas monedas, los parabrisas de los automóviles en los cruces de la transitada avenida Reforma o reunidos en el parque Alameda del centro histórico de la ciudad.

Pero para muchos mexicanos, estos niños son una plaga para la sociedad, pequeños criminales que no merecen ayuda.

«Qué somos como humanidad entre estas sociedades rotas, que lanzamos a los niños a la calle y no los vemos como nuestros niños, los niños de todos», dijo Gerardo Tort, un productor de comerciales que a sus 43 años hizo de «De la calle» su primera película.

Basada en la obra del guionista mexicano Jesús González Dávila, la cinta narra la historia de Rufino, que a los 15 años sueña con huir junto con su novia Xóchitl al sureño puerto de Veracruz para escapar de la miseria, pero se detiene ante la posibilidad de conocer a su padre, a quien creía muerto.

La cinta, que debutó en octubre en las salas mexicanas, recibió este año el premio al mejor director en el Festival de Cine de San Sebastián en España y podría representar a México en la carrera por el Oscar el año próximo.

«La película es un valiente intento de llevar luz a un oscuro y abandonado segmento de nuestra sociedad», dijo la empresaria mexicana Marilú Hernández, quien colabora con un grupo de banqueros en la manutención de albergues para niños de la calle.

PADRES Y MONSTRUOS

En la búsqueda de su padre, Rufino transita por un mundo de lucha libre clandestina, mendigos, prostitutas y ladrones de poca monta, y es perseguido por un policía corrupto que vende drogas.

«El gran monstruo para la infancia es el adulto», dice Tort, un hombre corpulento de larga cabellera plateada que recoge en una cola de caballo.

«El principal enemigo (en la película) es el padre y después viene el adulto institucionalizado (representado en) la policía, el mercado y el comercio sexual», explica.

Para encarar a estos monstruos los niños se ven obligados a mantenerse unidos y moverse en grupos.

La banda de Rufino, que incluye a Xóchitl y a su mejor amigo Cero, se esconde en una alcantarilla cercana a una estación del tren subterráneo donde los niños inhalan vapores de pegamento y comparten la comida que pueden comprar o rescatar de la basura.

Con excepción de las luminosas escenas de un sueño de Rufino donde aparece su madre muerta vestida como la Virgen María, la mayor parte de la película es oscura literal y metafóricamente.

Aunque los tres jóvenes protagonistas de la cinta son actores profesionales con experiencia en teatro y cine, los realizadores trabajaron con casi 40 niños que viven en las calles de la capital mexicana.

«Mi primer trabajo fue ganar su confianza», dijo el director de reparto, Alejandro Reza, quien durante meses recorrió estaciones de autobús, casas abandonadas y calles buscando a estos pequeños héroes.

REPARTO DE LA CALLE

Al principio los niños se mostraban desconfiados e incluso temerosos, en uno de los primeros encuentros Reza fue rodeado y acorralado por un amenazador grupo de niños.

«Es que han sido abusados por mucha gente con buenas y con malas intenciones», dijo Reza, al referirse a algunos grupos caritativos que son inconsistentes en su apoyo o que obligan a los niños a amoldarse a las normas sociales.

Pero a través de una serie de acercamientos que incluyeron lecciones de actuación y sesiones de relajación, Reza se ganó la buena voluntad de los niños y su compromiso con la película.

Reza es una actor de teatro que a mediados de la década pasada encabezó un programa gubernamental que abrió talleres teatrales para los niños de la calle.

Además, trabajó con el realizador alemán Florian Gallenberger en su documental sobre estos pequeños titulado «Quiero Ser», ganador de un Oscar.

«Hay un prejuicio social de que los niños de la calle son delincuentes, agresivos, drogadictos y violentos, pero por otro lado son sumamente sensibles y generosos», dijo Reza, quien anteriormente trabajó haciendo audiciones a ancianos indígenas en la península de Yucatán, en el sureste mexicano.





 

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