Especiales Grave violencia
Violencia
Wong: dice
Anunciese Directorio
  
El Nuevo Diario
Miércoles 27 de Septiembre de 2000 | Managua, Nicaragua
_

Menu Portada Archivo Busqueda Escribenos Nacional Sucesos Variedades Deportes Opinion Departamentos

Telenovelas: adicción interminable

Por Inés Izquierdo Miller

Foto
   

Las telenovelas, ese tema apasionante para todos: detractores y ofensores. Porque sobra quien salga a defenderlas y también quien encarnizadamente las defenestre hasta el valor más ínfimo, aunque al final ellas compensen el tedio de una noche cualquiera sentado frente al televisor viendo las intrigas palaciegas de Chica da Silva frente a Violante o las desdichas de una criadita llorona, que a fin de cuentas se hace rica y logra vengarse de todos los que le hicieron daño. Toda una Cenicienta moderna, pero con menos nobleza de espíritu y más potenciada sexualmente.

Hay que partir de un punto clave, la telenovela es un género que no sólo ha sido manipulado, sino que es manipulador, porque cada cual trata de ir adaptándola a sus propios intereses y posiciones, y de ahí ensartan toda una diatriba espeluznante.

Pero en verdad los recursos dramatúrgicos y estéticos de la telenovela se apoyan en artimañas terribles para enganchar al espectador, que se encuentra siempre atrapado en el círculo vicioso de las desdichas de la heroína o héroe del momento, con sus truculentas historias que incluyen el suspenso, la novela policial, la ciencia-ficción, etc.

Todo un collage que toma prestado de aquí y de allá para engarzarlo en un producto lacrimoso y maniqueista que puede generar tanta adicción como un cigarrillo.

Y digo esto porque yo recuerdo una noche de fin de año cómo alguien me hizo correr por las calles de la Habana Vieja hasta llegar a un televisor cualquiera, bajo la lluvia de los cubos de agua que eran lanzados por los balcones, sólo para poder ver el final de la novela de turno: La Esclava Isaura.

El encadenamiento que se crea tiene connotaciones grandísimas. La cotidianidad del hogar circula alrededor de la novela de turno. Los horarios de comida, de estudio, las visitas, las salidas, todo se ajusta en función de poder estar atentos y dispuestos frente a la pantalla chica para sufrir, reír y llorar ante un argumento que ya sabemos de antemano cuál será su desenlace, porque las historias se repiten.

Sino pensemos en las novelas de Talía donde María la del barrio, María Mercedes, Marimar y Rosalinda no son más que una zaga repetida una y otra vez para explotar los pocos y escasos aportes histriónicos de la casi cantante mexicana.

Y lo más interesante es que algunos han llegado a pensar que la adicción novelera es propia de nuestras tierras americanas, fruto del surrealismo tropical que nos rodea, pero la equivocación ha sido un dislate mayor, porque en lugares tan lejanos y donde la idiosincrasia es más mesurada y menos lacrimógena y temperamental que la nuestra (me refiero a países como China, Japón o Filipinas), Verónica Castro, Talía o La Esclava Isaura provocaron el mismo efecto adictivo.

Pero el fenómeno es impactante en todas sus aristas, porque se ha visto que las personas prefieren digerir a plazos lentos y graduales este producto en vez de una sola, pues cuando algunas empresas se han dedicado a vender en videos las novelas editadas como un todo, la demanda ha sido mínima porque precisamente la entrega seriada, capítulo a capítulo, es el as de oro de las telenovelas, según los sociólogos y sicólogos de la comunicación, que se dedican a estudiar este fenómeno.

Es un masoquismo novelero que viene gestándose desde que surgió la madre de las telenovelas modernas, me refiero a las novelas radiales que hicieron soñar y crearon adicción en nuestras abuelas. Y todavía hoy se escuchan en algunos países.

Claro que la telenovela es un producto para las masas, de ahí que no sea en modo alguno ni elitista ni selectivo. Todos la ven, desde los más intelectualizados personajes de la vida nacional, hasta la familia más humilde, es por eso que los códigos tienen que ajustarse a este condicionamiento. Es por ello que la telenovela es un género comunicativo por excelencia de factura simplista, sin grandes aspiraciones formales.

Y aunque se habla de género romántico o melodramático, otros hablan de realismo porque asume la realidad sin grandes pretensiones, ni fantasías para poder ser entendida y captada por un número cada vez más creciente de espectadores.

Las comunicaciones de masas tienen cuatro funciones básicas: informar, divertir, persuadir y educar. En el caso de las telenovelas su interés central es procurar al público distracción, evasión, diversión.

Al respecto, manifiesta Mónica Rector en El mensaje de las telenovelas, que este género «comunica aquello que el espectador espera que le comuniquen. Por eso su éxito está generalizado y es de fácil explicación, pues ellas recurren a innumerables asociaciones elementales y utilizan mucho el tradicionalismo.

«No se puede obviar el énfasis reiterativo, los realizadores saben que sus espectadores a veces faltan a la cita, entonces no pueden complicar el proceso de comprensión del argumento, así una misma situación se aborda una y otra vez de diferentes maneras, bien como remembranza con imágenes o a través de la evocación oral.

También los modos de actuar se repiten. Los villanos siempre actúan para evidenciar su maldad y los buenos a la inversa. Y es que los que hacen una telenovela son como relojeros de antigüedades, que cronometran piececillas insignificantes dentro de un todo, para que los engranajes funcionen óptimamente y se cante el cucú a la hora indicada.

En algunos países se realizan sondeos de opinión y en dependencia de las respuestas puede morir o no un personaje, incluso hacen más de un final para entregar aquel que más desean los adictos a la novela.

Los guiones, generalmente no se escriben todos, sino que se van forjando en la marcha y a través de estudios de mercado valoran la aceptación o no de un personaje, un destino, o un hecho y así se le informa a los escritores para que vayan colocando los episodios en el hilo tejido por las expectativas de los televidentes.

El mecanismo se planifica cuidadosamente y el capítulo del viernes es más fuerte que el del martes o el del jueves.

Recuerdo una película que se llama Bar Esperanza, el último que cierra que refleja el conflicto existencial de una actriz de telenovelas que sufría los embates de sus fans en los super, restaurantes etc., a propósito de una famosa carta. Ella ensaya la escena de la carta y sentía que no entregaba la fuerza necesaria y en eso se desgastaba inútilmente.

Los escritores, los actores tienen que hacer concesiones para satisfacer al público. A la vez que se enrolan en ese crucero, ya no tienen control de sus aspiraciones o concepciones artísticas, sino que viajan al vaivén de poder lograr altos niveles de audiencia, atraer a los anunciantes y lograr más ingresos para la compañía productora.

Dentro de todas las empresas televisas que realizan novelas, hay una que predomina en el gusto general, casi todos coinciden que las brasileñas son las más atractivas. Tienen mayor garra y encanto que las mexicanas, peruanas o colombianas. En qué radica su éxito. En realidad hay una preocupación por ser realistas, tratan de presentar la vida de una forma más natural, así que la heroína popular aparece vestida sencillamente como la vecina de frente a mi casa y el maquillaje y los accesorios no son exagerados, como ocurre en otros casos donde la pepenadora tiene un glamour que hasta la Monroe se lo envidiaría.

Lo mismo sucede con los interiores, la escenografía, la ambientación de las locaciones tratan de estar apegadas a la cotidianidad. A todo ello se suma una lista de buenos actores, no solo faranduleros, sino histriónicamente, muchos de los actores de las telenovelas han pasado por la pantalla grande cultivando éxitos como Wilkes el de Roque Santeiro, que ha realizado papeles protagonistas en Bye Bye Brasil y otras piezas cinematográficas antológicas como Doña Flor y sus dos maridos con Sonia Braga, Reginaldo Faria, etc.

Ahí no se queda todo, se suma la música que alcanza connotaciones muy especiales, aunada a la fotografía que aspira a dimensiones artísticas de buena factura, baste recordar Pantanal o El rey del ganado.

En estos días comenzó una en Nicaragua que, por el elenco artístico, las imágenes vistas y la temática, tiene todas las probabilidades de crear adicción hasta en los más furibundos enemigos del género, me refiero a Fuerza del deseo, que tiene los ingredientes necesarios para seducir.

La telenovela es poseedora de su estilo comunicacional propio, que no es similar a los demás discursos televisivos, mucho menos a la novela impresa, las artes escénicas o la cinematografía.

Este discurso tiene características tales como simplicidad de los códigos empleados, proporción de los elementos en una estructura dosificada en correspondencia con las exigencias del público, grandilocuencia de la narración que se sustenta en buenos actores, atractivos vestuarios, excelentes musicalizaciones, recursos dramáticos que capturan la atención del espectador con garra desde el primer capítulo.

Es evidente que nada de lo dicho induce a concluir categóricamente que las telenovelas son un producto artístico menor, lo único que ella está enmarcada en sus propias limitaciones estilísticas como dice Vicente González Castro cuando las compara con el cine mudo y señala que el cine silente carecía de banda sonora y fue capaz de dejar a la posteridad obras inmortales como las de Chaplin y las de Eisenstein.

Yo, en particular cuando puedo, veo telenovelas y disfruto con algunas, sobre todo con esas que logran aferrarme a mi silla y quedarme ahí tranquilita, esperando a ver qué pasa, como en Chica da Silva donde el final fue inesperado, pero inteligente en correspondencia con la poca historia descrita.

Así que ya saben, no quise destruir las telenovelas, solo las comento para que puedan tener un parámetro de referencia y dentro del cúmulo de culebrones que a diario lanzan las emisoras televisivas puedan escoger aquellas que los enriquezcan de algún modo.



Compartir:   delicious   digg   meneame


[ Portada | Archivo | Busqueda ]
[ Nacional | Sucesos | Variedades | Deportes | Opinion | Departamentos ]
El Nuevo Diario (c) 1998-2003
Guegue.Com - Desarrollo y Hospedaje Web