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El Nuevo Diario
Domingo 17 de Septiembre de 2000 | Managua, Nicaragua
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Hombres y mujeres que asisten no quieren ser vistos
En busca de sexo en salas de cine

LIZBETH GARCIA

Hasta hace poco tiempo las películas pornográficas estaban limitadas a unos cuantos cines y hoy día las cosas no han cambiado mucho, aunque el número de salas ha aumentado hasta llegar a cinco en Managua, sitios que son visitados por gente de todos los estratos sociales.

El aumento de las salas de cine no ha pasado desapercibido para algunos miembros de la sociedad que critican los contenidos que ofertan, pero lo cierto es que algunos especialistas opinan que existe un público que compra y necesita ese producto.

Para comprobarlo bastó una rápida visita por una de esas salas en Managua en la que encontramos en la tanda de las cinco de la tarde a cinco hombres. Habían llegado antes de la hora prevista.

Por 25 córdobas cada uno de los hombres (adultos y viejitos) estaban dispuestos a ver dos películas XXX (restringidas para menores) de títulos «sugerentes» sacados seguramente de la imaginación del que elaboró la cartelera.

La cinta comenzó a la hora prevista y a medida que avanzaba el tiempo la sala, que no tenía muy buenas butacas ni muy buena infraestructura aunque la «fachada» daba la impresión de moderno teatro, se iba llenando de hombres que ritualizaban su llegada haciendo lo que según me comentaron es normal en ese tipo de cines: encender sus chisperos para buscar un lugar donde sentarse.

Pero no sólo llegan hombres a ver películas «porno» puesto que una señora obesa de más de 40 años llegó del brazo de un hombre y se acomodó en el lugar que mejor le pareció e igual hizo otra joven, menos obesa, que llegó del brazo de quien aparentaba ser su novio.

La estancia, como en todo cine, estaba oscura porque la cinta estaba ya corriendo, pero como la sala solamente tenía una puerta de entrada y salida (aparentemente ahí las recomendaciones de los bomberos sobre las salidas de emergencias son papel mojado) la luz exterior se colaba cada vez que alguien ingresaba o salía molestando a los espectadores.

PERO NADIE QUIERE SER VISTO

Y es que aunque llegan gentes de todos los estratos sociales a ver cintas pornográficas, aparentemente nadie quiere ser visto ahí por lo que tratan de esconderse en el anonimato de la oscuridad.

Para los que hacen una primera visita a esos lugares pareciera extraño el que los espectadores se muevan constantemente en sus lugares y a veces cambien de sitio, pero ante las crudas escenas de sexo de la cinta italiana que se exhibía y las goteras provocadas por la tormenta del viernes, las explicaciones salían sobrando.

MAL EDUCADOS NO FALTAN

Pese a la crudeza del filme, bien se puede decir que el público que ahí asiste tiene algún nivel cultural aunque nunca falta uno que otro mal educado como el que el pasado viernes gritó y rechifló cuando ante sí apareció en la pantalla una escena de lesbianismo entre mujeres: «Esas son yeguas!!» exclamó en aparente desaprobación de lo que veía.

Al cabo de cierto tiempo la primera película acabó y algunos de los asistentes se levantaron de sus asientos para buscar algo de comer o marcharse definitivamente dando fin así a las observaciones anotadas por END.

Pero cuáles son las motivaciones de los que asisten a este tipo de espectáculos preguntamos recientemente.

En entrevista con END la sicóloga Eudilia Molina explicó que el público que asiste a las salas de cine donde proyectan películas porno son ancianos o personas frustradas que necesitan estímulos. Eso lo logran por medio de la pornografía que tiene su base en la exaltación y explotación de los cuerpos masculinos y femeninos.

Según un artículo sobre erotismo y pornografía publicado por Molina en el libro Sicología Familiar, «la pornografía está unida dialécticamente al erotismo, considerando que el oscurantismo que ha rodeado generalmente al sexo, ha dado lugar a las diferentes formas de satisfacer la curiosidad, utilizando la imaginación y la fantasía».

En su libro la especialista destacó que la pornografía, según el diccionario, es un tratado acerca de la prostitución, cuyo carácter está basado en diferentes conductas obscenas, algunas con sentido artístico y otras tendientes a lo vulgar, escandaloso, depravado y aberrante, y por tal razón «despersonalizan» al hombre y la mujer, y por ende a la sociedad.

Los más extremistas consideran que la proyección de cintas porno fomentan las conductas aberrantes, lo que la sicología no niega aunque vale decir que también existen otros factores que aunque parezcan inofensivos también pueden deformar la personalidad de un individuo.

Pero tales consideraciones alrededor de la pornografía no son tomadas en cuenta por quienes asisten a los cines, los que ven en ello una buena oportunidad para ver cuerpos desnudos y «calentarse mentalmente», según explicó un joven de 28 años que prefirió mantenerse en el anonimato.

El joven explicó que ha asistido unas cinco o seis veces a ver películas porno «por curiosidad y para fantasear sobre lo que podría hacer con su pareja, es decir es como una antesala del placer», aunque reconoció que no todo es placer porque tuvo que pasar por la vergüenza de que lo vieran entrar y salir del cine.

«Eso es lo peor» comentó el joven al indicar que no se considera un pervertido por ver cintas pornográficas aunque no descartó la posibilidad de que haya uno que otro depravado entre el público que asiste a las salas de cine.

Pero así como existen personas que se pronuncian a favor de las películas pornográficas también hay otros como «Ramón» que se pronunciaron en contra.

«Fui una vez (a ver una película porno) por mera curiosidad, pero todo es tan burdo y sin argumento que me fastidio. Una persona que tiene sus cinco sentidos bien puestos sabe que eso no sirve porque es como que apretés un botón y los cuerpos empiezan a volar reata como máquinas» criticó Ramón, que aunque no dijo su nombre completo confesó que tiene una hija, 35 años y una profesión.

Independientemente de las opiniones a favor o en contra lo cierto es que en la economía de libre mercado que tenemos a partir de la década de los años 90 fomentó la aparición de nuevas salas de cine y la llegada de más material pornográfico.

Cabe recordar que en la década de los años 80, muy pocas películas pornográficas ingresaban al país y hasta cierto punto su difusión estaba controlada por lo que se llamó la dirección de medios.

Dicha estructura desapareció y hoy las cosas son diferentes puesto que existe una economía de libre mercado en la que los cines se han insertado muy bien aprovechando al máximo las oportunidades de inversión por lo que probablemente en el futuro veremos más salas de cines para suplir los gustos de diferentes segmentos poblacionales.



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