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Sábado 16 de Septiembre de 2000 | Managua, Nicaragua
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El habla nicaragüense
(Motivación morfológica y semántica)

Róger Matus Lazo

Afirma Baldinger que «hay una necesidad humana de motivación y a ella obedece la etimología popular». José Joaquín Montes Giraldo, en su Motivación y creación léxica en el español de Colombia, explica que una palabra es motivada cuando es susceptible de ser explicada por el hablante común, sin estudios especializados, en su estructura semántica y semántico-gramatical. Cuando se dice de una persona que ha cometido un error que «es un caballo» o «es una bestia», cualquier hablante nicaragüense y probablemente también centroamericano puede explicar el porqué del uso del vocablo. Y lo mismo ocurre con el término pelero, aplicado en Chontales y otras zonas ganaderas al sudadero, protección de manta u otro material que se pone en la cabalgadura debajo de la albarda o el aparejo. En cambio, será inmotivada la palabra si el usuario corriente no puede explicar nada sobre su aspecto gramatical o semántico, como hombre, mujer, niño, etc. Se trata de un vínculo obligatorio, como dice Montes Giraldo, «establecido históricamente en una comunidad lingüística entre una realidad dada y el signo lingüístico que la representa». Si queremos hacernos entender, llamaremos vaca a la vaca y no toro o buey, por ejemplo.

Una palabra determinada tendrá su grado de motivación o inmotivación según el grado de acercamiento que un hablante tenga de ella en su funcionamiento en la realidad, es decir, en el habla. Así, peluemay se aplica a la mujer de cabello rubio, por su semejanza con el color amarillo de la pelusa de la mazorca. Pues quien ve una peluemay y conoce la pelusa de la mazorca, tendrá una idea clara de la denominación y habrá por tanto en este caso una perfecta motivación; quien conozca por referencia solamente uno de los dos elementos, tendrá una imagen muy tenue del vocablo y lógicamente habrá una motivación vaga, y quien desconozca totalmente ambas realidades, no podrá explicar absolutamente nada y la palabra será para él inmotivada.

La motivación o inmotivación está relacionada también con el conocimiento o no del origen de la palabra en la lengua, las épocas y las regiones. Así, salario proviene del latín salarium (dinero dado a soldados romanos para comprar sal). Es una explicación etimológica de la motivación, imagen o relación que se encuentra en la base del término español salario. El lenguaje figurado lo convirtió en «pago por los servicios de un trabajador» y el hispanohablante de hoy no piensa en ninguna relación con sal, porque la voz ha perdido completamente su motivación y se ha vuelto arbitraria en el uso actual. Es el mismo caso de talolinga, voz de origen náhuatl (tlalli-tierra, olin-temblor, can-lugar), cuyas raíces le advertían a nuestros antepasados indígenas que se trataba de un tembladero; en cambio, la sola palabra nada le dice a quien no conoce el náhuatl.

Cuando desaparece el referente material que motivó la creación del término, desaparece también la estructura que lo denomina, como el caso de parquímetro, el instrumento usual en la década del setenta en nuestro país en algunos sitios de Managua, destinado para el pago por el estacionamiento de un vehículo de acuerdo con la duración. Igualmente, carece de motivación para un usuario de la lengua un término cuyo referente material le sea totalmente desconocido; el ejemplo podría ser tobogán para quien nunca ha visto el tipo de deslizadero artificial. Por otra parte, un vocablo puede ser motivado para los hablantes de una región determinada y puede que no lo sea para otros, o quizá débilmente como cafetalero, utilizado en Nicaragua para denominar al dueño o cultivador de haciendas de cafeto, término desconocido en España y muchos países de Hispanoamérica en donde emplean cafetero. Incluso, en zonas diferentes de una misma región o país, una misma palabra denomina realidades con matices diferentes según determinadas condiciones y características; así, rodeo en los campos de Chontales consiste en el acto de reunir el ganado en un sitio generalmente abierto para contarlo, curarlo y realizar otras actividades relacionadas con el cuido. En el occidente del país, por la costumbre de aprovechar el pasto que crece en las orillas de la carretera, llaman rodeo al acto de cuidar esos animales mientras pastan para que no se crucen la vía.

La motivación tiene asimismo relación con los hablantes de los diversos estratos socio-culturales, incluyendo las profesiones y oficios y el mundo de los bajos fondos. La frase «Poner el cascabel al gato» carece de motivación para quien desconozca el contenido de la fábula de Esopo, o «Ser como gallina clueca» para quien nunca haya visto una gallina clueca, muy apegada a sus polluelos. «Medir el aceite», expresión empleada por los estudiantes para referirse al acto sexual, es plenamente motivada para quienes les son conocidos los vehículos automotores, pero no para los demás.

En el acto creativo del habla siempre hay motivación, porque el hablante recurre a las posibilidades que le ofrece su lengua para denominar algo nuevo, condicionado por la tradición lingüística y espiritual, el entorno en el que se desenvuelve y las circunstancias que rodean la comunicación. Parparoeñoca, por ejemplo, es un apodo que el hablante nicaragüense ha creado por asociaciones con referentes concretos y apoyado en las estructuras gramaticales (procedimiento de composición, en este caso) que le posibilita el sistema del español.

Principales tipos de motivación

De acuerdo con Montes Giraldo, podemos hablar de dos tipos fundamentales de motivación: a) la referente a la relación o comparación de un referente con otro u otros, y b) la motivación funcional o gramatical. Veámoslos por separado.

a) La motivación de relación o comparación de un referente con otro

Es la que se funda en las creaciones de tipo metafórico. En nuestra investigación sobre el lenguaje del pandillero, identificamos tres tipos de relaciones metafóricas: de semejanza, de causalidad y de contigüidad.

La relación de semejanza puede ser: por la forma, como focos (ojos); por la función: amortiguadores (senos de la mujer); por el color: pitaya (sangre); por el sonido: llorona (ambulancia), pedorra (motocicleta), etc.

En cuanto a la relación por la causa (causalidad), citamos: mañosas (las manos).

Referente a la relación de contigüidad, señalamos: bomba lagrimógena (gas intestinal).

b) La motivación funcional o gramatical

Este tipo de motivación comprende tres modalidades: 1) la creación de vocablos por procedimientos gramaticales (composición y derivación); 2) la creación de términos que expresan diferentes relaciones (de lugar, de cantidad, etc.) mediante elementos gramaticales con cierto contenido léxico, y 3) la creación de términos mediante sufijación sin que los elementos agregados modifiquen el contenido de la palabra raíz.

1) Creación de vocablos por composición y derivación

Por composición consignamos, a manera de ejemplo: mediobeso (labio leporino). Hay, además, otros vocablos compuestos formados por oraciones y frases adverbiales, de gran valor expresivo: comecuandohay (muerto de hambre, paupérrimo), veminometoqués (extremadamente susceptible), etc.

Por derivación, citamos: mediante algunos prefijos como -en: enjorquetarse (ponerse a horcajadas), y sufijos como -encia: naciencia (nido o cría de animales).

2) Creación de términos que expresan diferentes relaciones (de lugar, de cantidad, etc.) mediante elementos gramaticales con cierto contenido léxico

- De lugar: trasponer (tras-poner: esconder un objeto robado cambiándolo del lugar esperado). - De cantidad: -mental: carramental (muchos carros). -Temporales: -Ear: tempranear (levantarse temprano, adelantarse a otro en algo), tardear (pasar la tarde en un lugar determinado). - De movimiento: -Ear: corretear (correr para alcanzar a alguien, dirigirse a un lado y a otro).

3) Creación de términos mediante sufijación sin que los elementos agregados modifiquen el contenido de la palabra raíz

-Ada: correntada (corriente fuerte de agua), caballada (error muy grande). -Ana: oscurana (oscuridad). -Azón: dejazón (dejadez), pegazón (apegado), humazón (humareda), helazón (frío). -Ear: corcovear (mover las caderas al andar). -Iar: contumeriar (mimar mucho). -Ido: temblido (temblor). -Inga: matancinga (matanza). -Ura: fellura (fealdad).

La motivación, como fenómeno de la lengua, está sometido a diversos factores que inciden significativamente en su concepción y en su uso, y son las circunstancias geográficas y socioculturales las que determinan en última instancia su verdadera naturaleza.



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