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El Nuevo Diario
Viernes 15 de Septiembre de 2000 | Managua, Nicaragua
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En el mes de la Patria


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  William Walker, el Nerón de América. (Tomada de la revista TURISTAS).  

Nota: Este material fue enviado por el Arq. Huáscar Pereira Alegría. Aunque un poco "contra el cacho", procuramos darle cabida por celebrarse este mes el dedicado a la Patria.

Relato y parte de guerra, contada por el Mayor General Carlos Alegría (uno de sus protagonistas y primer herido), mi bisabuelo; padre de Félix Alegría Montenegro. Mi abuelo, y padre de mi madre Yelba Alegría Tifer viuda de Pereira.

LA BATALLA DE SAN JACINTO (Envío de Estrada a Tipitapa)

De toda la división nuestra se hicieron 4 compañías. El capitán Juan Lacayo con el licenciado Estrada, partió a Ocotal. El capitán Tacho Sandoval y el coronel Gutiérrez para Chontales. El general Martínez con la 3ra. como centro a Matagalpa. Y con la 4ta. el Coronel Estrada a los llanos de Tipitapa. A esta compañía que en camino recto se dirige al Departamento de Granada es la que fue agregada en mayor parte la falange montañera "Lataude" (bolsa del diablo). Nos detuvimos algunos días en Matagalpa a consecuencia del asesinato del licenciado Estrada (13 de agosto de 1856). Al Coronel Estrada se le esperaba sobre seguro ser el primero en encontrarse por los llanos de Tipitapa las avanzadas yankees, y así fue; en el puente nos batimos con la primera. Por esta creencia se la había mandado agregar a la misma compañía como más aguerridos y sufridos a todos los falanginos de Lataude, que fueron los principales en la acción de aquella, pero bonita jornada de San Jacinto. Salimos de Matagalpa en número de 60. En la marcha se empezaba a notar carácter. Ya no nos aterraba la noticia del arma de Walker. Siempre tomando camino directo fuimos para Tipitapa. Atravesando Chocoyos llegamos a San Jacinto el 29 de agosto de 1856 a las 5:00 de la tarde. ALERTANDO A LOS NUESTROS

De nuestra llegada al amanecer del 30 se empezó a avisar a los amigos. En la tarde por orden general fui nombrado Oficial Expedicionario pasando por Panaloya, regresando por Tipitapa e informándome por cada punto de la situación y estado de las fuerzas de Walker. Al rayar el sol del 31 de agosto, salí con 12 hombres y el oficial Bartolo Sandoval (lo llamábamos Bartolo loco). Pasamos esa noche en una casucha contiguo al Paso Real del lado norte; entre otras cosas fui informado que una piragua de don Hilario Selva que venía de Granada había pasado a Pasquier a cargar Brasil el día anterior. Al siguiente día 1ro. de septiembre, partimos río abajo en busca de la piragua que encontramos como a 12 leguas y media con 10 marinos que al oficial Sandoval no les fueron desconocidos. Desde el patrón, se procedió a un registro y encontramos algún pertrecho y 6 arrobas de carne; todo lo cual hice conducir con los 10 marineros que llevamos a engrosar nuestras fuerzas. Como a las 2 de la tarde salimos al extremo norte de Tipitapa. Al avistar el camino real divisamos una escolta de americanos al extremo sur del puente. Llevaba conmigo 5 soldados de avanzadilla a quienes inmediatamente ordené hacerles fuego; a los disparos corrieron a quitar las tablas del puente y se ocultaron detrás de las piedras desde donde hicieron algunas descargas; tuve que regresarme para evitar la dirección de las balas sobre el camino. Entré al occidente tomando el de San Ildefonso quedando cortados camino de por medio con el oficial Sandoval, lo demás de la tropa y los marineros. Evitando continuar sobre el camino por los tiros directos del puente, me fui dentro del monte para juntarme más adelante con mi gente, de improviso y tras unos árboles gruesos encontré a un americano bien parecido, con talante militar montando en una mula alazana; en el acto lo capturé y quitándole el revólver los soldados, se le cayó el sombrero en donde le vi una nota que decía la cubierta: "Sir a Mayor Jarvis: La abrí y decía: Granada, 27 de agosto. A la orden del Coronel McDonald, lleva usted la comisión de preparar forraje para las tropas que marchan a los llanos de Tipitapa. Un sello. Walker". En esto oí los gritos del oficial Sandoval y su tropa lo que me hizo saber que habían salido más adelante; nos juntamos y llevamos al preso con todas seguridades, montado en la misma mula, pero bien ligado y tirado de un lazo por un soldado hasta llegar a San Jacinto a las 6 de la tarde. Quizás esta comisión fue la causa indudable que motivó nuestra permanencia en la Hacienda San Jacinto y chocar a muerte con William Walker. La presencia de aquel yankee prisionero entre la tropa, fue como quemar las naves. Crescencio Urbina, que tal vez sólo yo lo recuerdo, fue el primero que a voz en cuello dijo: Es necesario fusilar a este yankee para probarle al tirano Walker que nosotros entendemos de correr las tempestades.

APRESTANDOSE PARA LA LUCHA

Di cuenta de la comisión mostrando la nota que le habíamos encontrado al prisionero. Acto seguido el Coronel Estrada llamó a los principales oficiales: teniente coronel Patricio Centeno, capitanes Crescencio Urbina, Carlos Alegría y Bartolo Sandoval, teniente José Luis Coronel y sub-teniente Ignacio Jarquín. Reunidos estos, Estrada, el Coronel jefe de la División, puso la nota de instrucciones que llevaba el General en Jefe, a manos del capitán Urbina quien leyó: "Que Estrada debía acusar todo encuentro con los yankees, que en todo caso se le prohibía entrar en acción de guerra con ellos a no ser que les cortaran la retirada". El capitán Urbina fue el primero que levantando las manos contestó "esta guerrilla va a ser el azote de los filibusteros y sería un descrétido mortal para Nicaragua, equivalente a una derrota, volver un paso atrás, después de haber desafiado a Walker, hay que morir aquí, esto creo yo, señor Coronel". El capitán Alegría enseguida dijo: "Señor Coronel: me doy por cortada la retirada o sitiado en esta hacienda, para el lado de Matagalpa, no vuelvo a ver, ni pienso en el regreso; ayer con mi guerrilla estuve en Tipitapa y al llegar al puente, encontré a los filibusteros, les hice fuego y me hicieron varias descargas, no los perseguí porque me quitaron las vigas desmantelando el puente; si he podido pasar estuviera esperándolos allá. El Capitán Bartolo Sandoval dijo: "Demás es hablar muchas palabras. Ayer me daba pena regresar con Alegría del puente. No vuelvan a consultarme nada de aquí para Granada". El teniente José Luis Coronel causó risa al decir: "Estoy más cerca de mi casa y del cielo. Sólo a esas dos partiré". El teniente Ignacio Jarquín que allí murió dijo: "Voy donde ustedes vayan". Entonces el Coronel Estrada tomó la nota de manos de Urbina y agitándola dijo estas entusiastas palabras: "No nos volveremos de aquí, pero no seré yo quien dé el parte de la derrota; ustedes son jóvenes y se avergonzarían siendo además responsables si no cumplen" Todos contestaron: "Viva el Coronel Estrada!!! ¡¡¡Muera el bucanero!!!"

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  El filibustero de los dólares, Cornelio Vanderbilt. (Tomada de la revista TURISTAS).  
Todo parecía una farsa, pero se cumplió al pie de la letra. El 5 y el 14. Dio el Coronel Estrada la vuelta, llamó al jefe del día que era el capitán Liberato Cisne (Boca de Gloria) y dijo fusilaran al yankee sin gastar más de 4 tiros.

Claramente no se puede juzgar si el Coronel Estrada quiso aprovechar el entusiasmo de aquel momento o fue arrastrado por los jóvenes oficiales para imprimir aquellos actos con tanta energía, decisión y valor.

Al día siguiente 2 de septiembre, comenzamos a fabricar barricadas al corredor sur de la casa que mira con el abra del lado de Tipitapa; no pudimos arreglar bien las líneas, siempre se pensó que las acciones serían cortas porque el enemigo no encontraría agua en todos los alrededores.

A las 6 de la mañana del 5 de septiembre, apareció la 1ra. división yankee, como de ciento y pico de rifleros, tratando de reconocer nuestra situación y fuerza; llegaron hasta las orillas de la casa principal, con violencia. Querían desalojarnos atacando a ambos flancos, yo llevaba la defensa del ala derecha, salí a batirlos, pues los tenía muy cerca. Allí me hirieron al ayudante Abelardo Vega.

Recibí orden que luego debían hacerlo a quemarropa; entonces me regresé a la barricada y al entrar me hirieron en el hombro, me ligué y con esto tuve sobrado tiempo de concluir la fatiga de toda la acción.

El 11 de septiembre llegó una división de 66 indios con flechas y seis oficiales, al mando del Mayor Francisco Sacasa con los oficiales Ceferino González, Miguel Vélez, José Ciero, Francisco Avilés, Manuel Marenco y otros que fueron tan útiles en la memorable acción del 14.

MAÑANA:

** El combate del día 14 de septiembre.

** Picando la retaguardia y a la carga.

** Lista de combatientes de Sn. Jacinto.



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