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Grave violencia Violencia Wong: dice
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Entrevista telefónica heterodoxa, desde Guatemala, con Franz Galich, autor de la novela que ganara el Premio Centroamericano «Rogelio Sinán», año 2000.
Por Freddy Leonel Valiente (Desde Guatemala, especial para END) Novela sin precedentes en la literatura nicaragüense, escrita por alguien que se apropió de la realidad contemporánea del país que él mismo ha definido como «su segunda patria». Efectivamente, Franz Galich lleva viviendo poco más de veinte años en Nicaragua. Arribó al país seducido «porque aquí se estaba escribiendo la historia contemporánea, acaso de América Latina; por lo menos de Centroamérica». «La novela puede ser leída por lo menos en dos direcciones: en forma literal y gozar o sufrir a la par de los personajes, independientemente de su calidad moral. La otra, que incluye la anterior, pero haciendo una interpretación simbólica». La historia es relativamente sencilla: se trata del viejo tema de la travesía (en este caso por una ciudad que no se tiene muy claro a qué tipo de ciudad pertenece, porque cuando pareciera desarrollada, también se ve profundamente atrasada); una historia de amor que se desarrolla a lo largo del viaje, con una serie de peripecias, en las que abundan las sorpresas. Los personajes no son nada especial, no pertenecen a la categoría de las grandes novelas del siglo XIX, tampoco a la primera mitad del XX. Son personajes de una extraña época a la que muchos denominan posmodernista, otros la llaman poscolonial, posestructuralista o también posmarxista. Pero la verdad es que pertenece al neocapitalismo infernal. No hay concesiones pseudoestetisistas, mucho menos de moral con valija de doble fondo. A muchos les va a fascinar porque reconocerán en la novela que por fin, alguien los aproximó más a la verdadera realidad, sin ambajes ni hipocresías. Otros, los menos, les chocará profundamente porque se sentirán señalados por el ojo y el dedo, del Padre Celestial que todo lo ve. Se le acusará de cualquier cosa: impúdica e inmoral. Se vertirán sobre ella los más insólitos epítetos. Se vilipendiará y del autor se dirá cualquier cosa (dice que ya está acostumbrado porque «cuando los ‘chuchos’ (perros, en guatemalteco) ladrán...») Eso sí: se hable bien o mal, nadie que la lea la olvidará. Resulta realmente sorprendente cómo se apropió del lenguaje urbano nicaragüense. Pero eso es harina de otro costal. Nos contará ese cuento en otra ocasión. (Quince minutos de llamada internacional que vamos a ver si me los paga el periódico, de Guate, por supuesto).
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