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El Nuevo Diario
Sábado 14 de Octubre de 2000 | Managua, Nicaragua
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Democracia vs. Dictadura

Ing. Erasmo Medina*

Si hacemos un análisis de los gobiernos y gobernantes más sobresalientes en la historia del mundo, encontraremos que casi todos se han ubicado en las siguientes categorías: dictaduras de izquierda o de derecha, democracias, con la suposición de que es una sola, y otras variantes como centro, centro izquierda y centro derecha.

Ahora bien, cuando comparamos algunas de las más relevantes, podemos hacer las siguientes observaciones: Si partimos de la época medioeval, encontraremos las primeras manifestaciones de dictadura en las distintas monarquías que existieron y algunas que todavía existen en el viejo continente, caracterizadas, por la casi total veneración, por decirlo así, al que detentaba la corona, por parte de sus súbditos, subordinados y subyugados por el férreo gobierno, que ejercían en esa época los reyes, como Jorge, Arturo, Luis y sus descendientes, para mencionar algunos de los más relevantes de la época.

Las consecuencias de éstas monarquías, como nos dice la historia, fueron desvastadoras para sus pueblos, llevándolos a la desesperación y la miseria a tal grado que el pueblo francés ya no pudo soportar más y se dio lo que todos conocemos como la Revolución Francesa donde el pueblo se tiró a las calles con sus dirigentes Robespierre y Marat a la cabeza y ajustició sin piedad en la guillotina a sus verdugos, personificados en el monarca Luis XVI, su familia y su camarilla, a fines del siglo XVIII, que prácticamente marcó el inicio de otras revoluciones que vendrían posteriormente, como la Revolución Mexicana con Pancho Villa y Emiliano Zapata en 1910, la Revolución Bolchevique en 1917, con Vladimir Lenin en la Rusia, la Revolución de Mao Tse Tung en China Continental en 1949 y quizás la más conocida en América Latina, la Revolución Cubana con Fidel Castro a la cabeza, en 1959.

Todas ellas podríamos decir tuvieron un objetivo común, como lo fue la abolición de un sistema de gobierno autoritario, injusto e inhumano, y precisamente el caldo de cultivo que alimentó la chispa que encendió el detonante, que provocó la insurrección popular, fue la situación de pobreza y miseria en que estos gobiernos totalitarios mantuvieron a sus pueblos, en contraste con la opulencia en que vivían sus gobernantes, y así podemos mencionar desde la dictadura de Porfirio Díaz que fue el motivo de la Revolución Mexicana, pasando por la dictadura de los zares con Nicolás y Anastasia en Rusia, el Komitan de la China Continental y en las últimas décadas, el triunfo de la Revolución Cubana que erradicó del poder a la feroz dictadura de Fulgencio Batista.

Además de las dictaduras mencionadas, podemos señalar otras, no menos feroces en América Latina, como la de Trujillo en República Dominicana, la de Francois Duvallier, conocido con el sobrenombre de Papa Doc, en Haití, Anastasio Somoza en Nicaragua, Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, Alfredo Strossner en Paraguay, Augusto Pinochet en Chile y la de Juan Domingo Perón en Argentina, con la única excepción de que ésta última fue de izquierda, en contraste con las demás que fueron todas de derecha.

Otras dictaduras despóticas extracontinentales, fueron la de Idi Amin en Uganda, Pol Pot en Cambodia, Nicolás Chelchenko en Rumania, esta última de izquierda, que dejaron a su paso centenares de muertos, por no estar de acuerdo con su forma de gobierno y ejercieron un control casi absoluto de la población mediante aparatos de espionaje altamente sofisticados.

Después de este breve recorrido a través de la historia nos preguntamos, como podemos evaluar los distintos sistemas de gobierno de un país, y llegamos a la conclusión lógica de que la mejor evaluación que podemos hacer es, determinando si se ha mejorado substancialmente la calidad de vida de la mayoría de la población en los países donde se han dado todas estas variantes de sistemas de gobierno.

La verdad es que tanto las dictaduras como las mal llamadas democracias, las cuales dicho sea de paso se contradicen en la práctica con la definición de «poder del pueblo», que encontramos en el diccionario, han sido utilizadas para enriquecer a una minoría en el poder y empobrecer cada vez más a las grandes mayorías, aumentando dramáticamente la brecha entre ricos y pobres y por ende la injusticia social, y prueba de ello es que cuando triunfó la Revolución Cubana, el pueblo, que no tenía ni idea del comunismo, cuando comenzó a ver los beneficios, expresó con júbilo, «si esto es comunismo, que venga más comunismo», y por otro lado, lo que se suponía una democracia en Yugoeslavia, después de la caída del bloque comunista en Europa Oriental, fue depuesta por el pueblo, porque lo estaba asfixiando con su política anti democrática, que se había convertido en otra nefasta dictadura.

En conclusión, la historia nos ha demostrado que el nombre que se le quiera dar al sistema de gobierno imperante en un país, no importa; lo importante es que los gobernantes de turno realmente representen y defiendan a capa y espada los verdaderos intereses de su pueblo, y que los resultados finales de su gestión de gobierno se traduzca en un mejoramiento real del nivel de vida de las grandes mayorías y ése es y ha sido siempre el gran reto de los gobiernos que han pasado y los que vendrán en el futuro.

* E-mail: emedinar@hotmail.com



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