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El Nuevo Diario
Lunes 22 de Mayo de 2000 | Managua, Nicaragua
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La situación revolucionaria

ELI ALTAMIRANO
Managua

La crisis general es producto de un estado de cosas vencido, ido más allá de lo tolerable y de lo sostenible. Es gestada por la agudización extrema de las contradicciones sociales del sistema establecido, problemas y conflictos que alcanzan su más alta expresión en la lucha de los pueblos explotados y oprimidos en contra del subdesarrollo, de la desocupación envolvente, el hambre, la pobreza y la ruina que sufren, y en pos de la democracia, del desarrollo económico y el progreso social. La solución a esta crisis, que se hace sentir con todas sus fuerzas en cada una e las áreas de las naciones afectadas, sólo es posible mediante las transformaciones sociales demandadas, lo que hace de rigor la revolución social que sustituya la vieja y caduca sociedad por otra, nueva y superior.

El cúmulo de problemas, contradicciones y conflictos planteados, agravados por el desarrollo de la misma crisis general, es la que se llama condiciones objetivas; condiciones objetivas porque no son obra de la voluntad de los individuos que conforman a la sociedad sino que el resultado de la acción absoluta de las leyes objetivas generales que rigen el desarrollo social y de las leyes objetivas particulares propias del régimen social dado. Y en casos como el nuestro a tales resultados se suman los daños ocasionados por la corrupción administrativa de los gobernantes corruptos que surgen como subproducto del carácter privado de la propiedad sobre los medios de producción y como influencia directa de la cultura aberrante que emerge de la visión mercantilista de la sociedad capitalista.

Por su parte, las realizaciones que se llevan a acabo para crear los requisitos de que se precisan para los cambios demandados se llaman condiciones subjetivas; condiciones subjetivas porque son el producto de la labor ideológica y política de las clases y partidos urgidos de las transformaciones sociales y que para forjar dichos requerimientos se arrojan al intenso trabajo desde el seno de las masas populares y de la sociedad. Ya en su papel revolucionario, las condiciones subjetivas evitan la anarquía porque dotan al movimiento de la conciencia y de las fuerzas necesarias para las soluciones y establecen los cauces, el control y la dirección para estas materializaciones que conscientemente se persiguen.

El recrudecimiento de las condiciones objetivas genera la desesperación y la rebeldía de las masas populares, pero por sí solos tales hechos no conducen a la revolución.

La agudización de los problemas políticos, económicos y sociales exacerban las contradicciones de clases y eleva y generaliza el espíritu de lucha de las masas populares. El desarrollo de este estado de ánimo crea una situación revolucionaria. La situación revolucionaria es aquella cuando los de arriba ya no pueden gobernar como antes y los de abajo tampoco quieren ser gobernados como antes.

Pero no toda situación revolucionaria desemboca en la revolución. En la historia abundan muestras de esta circunstancia. Para no ir muy largo tomemos un ejemplo nacional. Desde hace muchas décadas Nicaragua es un caso típico de crisis general. Mas ocurrió que la lucha de masas de la clase obrera, la lucha política antisomocista de todos los sectores nacionales, la lucha armada y la crisis general del somocismo que permitieron el derrocamiento popular de la dictadura militar y el poder político al Frente Sandinista dejaron palpablemente demostrado que no toda situación revolucionaria conduce a la revolución. Así, las transformaciones sociales que a partir de la suma de factores y acontecimientos debieron efectuarse, no se realizaron; fueron impedidas por la guerra coantrarrevolucionaria financiada por el gobierno norteamericano presidido por Ronald Reagan lo que se combinó con el oportunismo, las sañudas y constantes represiones a los comunistas y al movimiento obrero y las continuas traiciones de la dirección nacional del FSLN. Desde entonces quedaron postergadas la solución de la profunda crisis general que envuelve al país: la democratización del Estado en la medida de lo demandado por las necesidades políticas del proceso histórico de nuestra nación; la superación del atraso cultural y del subdesarrollo económico y social del país y por ende de la desocupación masiva y permanente, del hambre, la pobreza y la ruina social que azotan a las masas populares; postergado todo el progreso de la sociedad nicaragüense por el cual desde siempre venimos luchando el pueblo y sus fuerzas revolucionarias.

Las transformaciones que históricamente exige la sociedad humana necesitan de una situación revolucionaria que sea el fruto de la íntima y directa combinación de las condiciones objetivas con las condiciones subjetivas en donde el movimiento revolucionario y las masas populares alcancen los grados de debida preparación que garanticen las realizaciones sociales demandadas.

La creación de las condiciones subjetivas es la obra cumbre de la vanguardia revolucionaria, realización que se impone como la base imprescindible para llevar adelante las transformaciones sociales.

Desde el surgimiento en la historia del proletariado, del comunismo científico y del partido comunista el concepto vanguardia revolucionaria ya no se puede confundir con las manifestaciones bonapartistas ni con ninguna otra actitud derivada del espíritu pequeño-burgués. A partir de entonces toda repetición que de este error se ha venido dando ha producido costosísimos daños a los trabajadores, a los pueblos y a sus luchas revolucionarias terminando al final de configurarse como contundentes derrotas.

La vanguardia proletaria, en particular, ya es algo infinitamente superior que se encuentra por encima no sólo de las veleidades pequeño-burguesas sino también de las mismas debilidades humanas.

El concepto vanguardia del proletariado va más allá del hecho revolucionario de encabezar el combate político de los sectores populares, pues exige enseñarles al proletariado y al pueblo a luchar y trabajar por la solución concreta de sus problemas sociales y es este alcance una condición indispensable para sus propias superación y progreso.

Tarea esencial de la vanguardia del proletariado consiste en trazar el programa revolucionario y su política de realizaciones; al tenor de estos objetivos encabezar con firmeza y acierto la lucha del pueblo; enseñar a los obreros, a los campesinos y trabajadores en general a luchar y trabajar con efectividad por reconstruir y desarrollar al país y alcanzar paralelamente la solución de sus propios problemas económicos, sociales y políticos; cultivar y educar al proletariado para que sepa desempeñar la misión que le corresponde como la clase social más revolucionaria de la historia a fin de que el proceso de realizaciones que encabeza no pare y marque el paso hasta el final.

El que las transformaciones sociales se realicen y sean irreversibles depende totalmente del grado de desarrollo que tengan las condiciones subjetivas.

Con la creación de las condiciones subjetivas se garantizan los cambios y transformaciones que el proceso histórico demanda. La plena realización de esta magna tarea constituye un factor decisivo cuya importancia es de colosales alcances histórico-sociales. En su magnitud hay un completo enjambre de fecundas realizaciones que va: desde las cuestiones teóricas, ideológicas, políticas y programáticas, a las estructuras orgánicas del Partido, del movimiento y de las masas populares hasta llegar a la lucha franca por el poder político y a la transformación revolucionaria de la sociedad. Todo esto es una obra gigante que para su realización exitosa reclama la abnegación del partido de vanguardia.

En nuestro caso, culminar la creación de las condiciones subjetivas para marchar hacia la superación, el desarrollo y el progreso es la tarea más revolucionaria de todas las tareas revolucionarias que tenemos planteadas. Y en ella estamos, estimado lector. Fruto de nuestro trabajo tenaz en el país ya existe esta poderosa corriente democrática y se encuentra en pleno desarrollo. A nuestro juicio un porcentaje menor hace falta alcanzar para que esta nueva fuerza política pase a la acción en persecución de la revolución democrático-nacional, la que más pronto que tarde ha de producirse en Nicaragua.



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