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Jueves 18 de Mayo de 2000 | Managua, Nicaragua
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Los grupos étnicos y la Costa Atlántica

Urías W. Ramos Escobar *
Managua

Siempre he sentido un gran respeto por las pequeñas sociedades de la Costa Atlántica de Nicaragua, por esa razón he tratado de comprender el modo de vida, la concepción y cosmovisión de igual manera las respuestas históricas que han manifestado frente a los modelos que se le imponen. Para nadie resulta un secreto que la reincorporación que se produjo en 1984, por el gobierno de Zelaya obedeció a un concepto erróneo de un Estado-Nación, que pretendía unificar bajo un mismo techo un territorio, una población completamente mestiza, un conjunto de leyes con jurisdicción más allá de los límites tradicionales del centro y pacífico y como si fuera poco una religión, llámese protestante o católica. Este concepto occidentalista de los que se habían adherido muchos pueblos del mundo vino exterminando paulatinamente las costumbres, los sentimientos racionales e irracionales, los modos de vida particularista de los Miskitos, Sumos, Ramas, Garífonas, Zambos y Criollos. La reincorporación implicó para el Estado liberal «Progresista» el control de las rentas en concepto de impuesto por la producción del banano, la madera y el hule, políticamente desplazaba el poderío británico, creando un puente a la dominación estadounidense en la región del Caribe.

Al recordar los sucesos del 12 de Febrero de 1894 que culminan con el fin del gobierno de la Reserva y el fin del mandato del jefe Miskito Robert Frederick se manifiesta en el imaginario colectivo una actitud de odio y rencor hacia el gobierno central, ya que este les quitaba a las autoridades locales la autonomía aparente que había resultado del tratado de Managua celebrado en 1860. Si nos detenemos en los primeros años de la década de los 80’s, prevalece tierno el traslado de centenares de habitantes de las comunidades indígenas a los asentamientos de SaSa, Sumubila, Columbo, Truslaya entre otras un error del gobierno sandinista por no entender la idiosincrasia de estas comunidades, ya que en el entendimiento colectivo no estaba registrado el código del hacinamiento y el trabajo cooperativo que no debe de confundirse con el comunitario, este problema fue enmendado por un proceso de consulta que concluyó con la ley de autonomía.

La década de los noventa generó un caos internacional, aparece el fenómeno de la globalización algo que nuestros pueblos ya habían experimentado, pero en otras circunstancias en 1942, con los descubrimientos, conquista y colonización, sucedió también con el advenimiento del capitalismo en la segunda mitad del S. XIX, así de igual manera con el sistema socialista. La globalización condena a las comunidades indígenas, ya que sus principios se sustentan en la búsqueda ilimitada de los Estados sin frontera, por encima de las comunidades del componente minoritario, en la necesidad de la uniformidad de las instituciones nacioanles e internacionales eliminan a las pequeñas sociedades que se resisten al «Progreso».

Imponen un sistema de Educación uniforme, proyectan el libre mercado, privatiza las instituciones, institucionaliza a las fuerzas de represión, promueve proyectos desintegracionistas, deshumaniza a la población convirtiéndola en consumista a la vez que les promueve un espíritu de oportunidades, aunque nunca lo logren. A los individuos le quita todo espacio de reclamo preparándolos para responder automáticamente frente al Estado, los ordena y los modela. De igual manera abre las fronteras económicas limitando todo tipo de desarrollo interno de manera que sólo el Estado está facultado para disponer libremente de los recursos naturales poniéndolo a mano del capital extranjero privado, quienes lo único que les interesa es el enriquecimiento voraz, aunque tengan que exterminar comunidades enteras. En medio de la vorágine donde quedan las comunidades indígenas. La reglamentación de la ley de Autonomía y la revisión plena de la misma evitaría el mal manejo de los recursos naturales sin criterios de racionalidad de parte del gobierno central y algunas autoridades locales. La promoción y conservación de las bases culturales de la diversidad de culturas existente en la región evitaría el exterminio de las mismas, de igual manera sería con la promoción de proyectos económicos que partan del entendimiento local, sería una manera razonable para evitar que este nuevo modelo desaparezca a nuestras etnias.

* (Docente UNAN-Managua, originario de la Comunidad de Sumubila).



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