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El Nuevo Diario
Viernes 24 de Marzo de 2000 | Managua, Nicaragua
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¿Liberalismo o socialismo?

Gustavo-Adolfo Vargas *
Managua

Generalmente se reconoce que el liberalismo y el socialismo provienen de tradiciones culturales y políticas divergentes, como si hubiesen sido concebidos para ocupar los polos opuestos en el panorama político. Uno tiene sus raíces en el individualismo, otro en el organicismo; el primero defiende la propiedad privada, el segundo la propiedad colectiva; aquél resalta la competencia, éste la cooperación. El liberalismo, sobre todo el económico, resalta la ausencia de restricciones y la libertad de mercado; el socialismo, en especial su versión más difundida, el marxismo, destaca la planificación y el trabajo colectivo. El primero es considerado como la ideología de la burguesía; el segundo, la doctrina del proletariado.

La oposición entre ellos se configuró a través del conflicto entre opciones aparentemente irreconciliables. No se puede negar que los partidos liberales y los partidos socialistas, en la mayoría de los casos, fueron antagónicos. La historia de los siglos XIX y XX está plagada de choques entre ellos, tanto en el terreno de las ideas como en el de la práctica. Se trataba de descalificar las sugerencias del contrario para resaltar las propias. Así, entre los socialistas las tesis liberales fueron tomadas como un engaño que trataba de esconder la realidad de la explotación de la gran masa de los trabajadores y, consecuentemente, el dominio de unos cuantos, bajo el velo de la libre competencia y la defensa de la propiedad privada.

Luego, entonces, lo que se planteaba era la cooperación social y la propiedad colectiva. En correspondencia, entre los liberales las propuestas socialistas fueron asumidas como una argucia que tras la promesa de una sociedad mejor, ocultaba la intención de ahogar la individualidad en pos de una supuesta igualdad. Por tanto, lo que se deseaba era la garantía de los derechos civiles y la expansión de la libertad económica.

Desde un inicio los socialistas se lanzaron contra un sistema injusto basado en la competencia. De allí que se empeñaran en la búsqueda de la igualdad social. Por su parte los liberales previeron y se opusieron a la carencia de alternativas que de manera inevitable trajera consigo la tiranía animada por el igualitarismo. Por ello se comprometieron a alcanzar la más amplia libertad personal.

Ahora bien, aunque la distancia entre el liberalismo y el socialismo (tomado así, en bloque), salta a la vista, en un análisis más particularizado debemos tomar en consideración que dentro de cada uno existen diferentes versiones: no hay un solo liberalismo ni un único socialismo, sino varios. Ciertamente esa separación se aprecia con más claridad al confrontar interpretaciones radicales, es decir, de una parte el socialismo revolucionario encarnado por el marxismo; y, de otra, el liberalismo conservador representado por el neo-liberalismo.

Por otra parte, la lucha política e ideológica en muchas ocasiones no sólo se presentó en bandos opuestos, sino también dentro del mismo bando. En el socialismo, por ejemplo, hubo un litigio por no dejar fuera asuntos como la libertad y el derecho de propiedad. De manera semejante, en el liberalismo hubo una discusión por no hacer a un lado los problemas sociales. En tal virtud, y frente a las vertientes que aparecieron, brotaron al mismo tiempo cierto tipo de socialismos que ya no fueron indiferentes a las propuestas liberales, y cierta gama de liberalismos que dejaron de ser insensibles a los reclamos socialistas.

Es cierto que aun cuando surgieron mezclas, que vinieron a enriquecer el marco de referencia de las doctrinas políticas y sociales, la hegemonía que ejercieron en sus respectivas áreas el marxismo y el liberalismo manchesteriano no pudo ser contrastada durante mucho tiempo.

Es inocultable que el liberalismo favoreció a la burguesía y al capitalismo; pero se trataba de una exigencia histórica para derribar los obstáculos impuestos por el mundo medieval; más no estaba dicho que el liberalismo tuviese que detenerse allí. el hecho de que haya asumido en un primer momento la forma de liberalismo burgués, no obsta para que sea el portavoz de un principio social general mucho más amplio, cuya realización será el socialismo. Por lo que respecta al liberalismo como movimiento histórico universal, el socialismo es el heredero legítimo, no sólo desde el punto de vista cronológico, sino también del contenido social. El socialismo es una forma más avanzada de democracia.

La concepción de los socialistas en su conjunto es uno de los elementos más valiosos para el mejoramiento humano que existe en la actualidad; es un sistema superior de organización social; es la culminación histórica del ideal democrático bajo la forma de una democracia ya no formal sino también sustancial, no sólo política sino también económica. No hay que olvidar que una sociedad que se cimenta en la diferencia entre ricos y pobres, entre opresores y oprimidos, no puede garantizar la concordia.

* Jurista, politólogo y diplomático.



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