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El Nuevo Diario
Domingo 5 de Marzo de 2000 | Managua, Nicaragua
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Jesús asestó un golpe al sistema bancario

Padre Uriel Molina

Jesús expulsó a los mercaderes del templo. Asestó un golpe al sistema bancario. El gesto de Jesús cobra mucha actualidad a la luz de lo que ocurre hoy con el sistema neoliberal y su correspondiente globalización. Porque este sistema ha entronizado al dios-dinero, en el mismo templo, con la manipulación ideológica de la Biblia al servicio de las clases ricas, con la presencia de altos dignatarios eclesiásticos en bendiciones de bancos y otros eventos, sin ninguna denuncia profética del sistema que está matando la vida de los pobres. Globalización nos dice que el mundo es un globo. Supimos que era redondo desde Copérnico y Colón. Entonces, el mundo se globalizó. A partir de ese momento habrá otras globalizaciones que serán nuevas dimensiones de esta redondez. En los siglos XVIII y XIX asistimos a una carrera por la colonización del mundo. Hoy estamos en otra etapa de la redondez de la tierra. En 1945 se hizo explotar la primera bomba atómica y entonces surgió la posibilidad real de destruir el planeta y, por consiguiente, la necesidad de conservar la tierra como una condición de posibilidad de la vida futura.

El informe del Club de Roma de 1972 nos habla de los límites del crecimiento. Estamos amenazados por la acción humana cotidiana. Con la aparición de la biotecnología la misma vida humana viene a ser objeto de experimento. La clonación de seres humanos es posible. Por lo tanto, no hay que preocuparse de los sectores excluidos de la población que aparecen como un impedimento al desarrollo.

Sin embargo, habrá que ver si podemos asegurar nuestra vida destruyendo la vida del otro. Es verdad, el mercado y el laboratorio científico son los grandes enemigos del proceso de globalización de la vida humana porque abstraen de las condiciones que hagan posible la vida humana y buscan solamente la eficiencia, destruyendo sistemáticamente la tierra y sus componentes.

Jesús expulsa a los mercaderes del templo porque en vez de procurar la vida de los pobres, la destruyen, ahogándola en un mecanismo inescrupuloso de dinero. Ya, para él, el templo como institución no tiene razón de ser y el culto, en esas condiciones, es falso e idolátrico. Cuando se convierte la casa de oración en una cueva de bandidos y de mercaderes, se corta la línea de la vida que consiste en posibilitar la sobrevivencia de la especie humana y de la que consiste en posibilitar la sobrevivencia de la especie humana y de la que consiste en posibilitar la sobrevivencia de la especie humana y de la naturaleza. «Yo he venido no para que se limite la vida, sino para que se abran las fronteras y así todos tengan vida en abundancia».

La gran tentación para el método científico es hacer abstracción de la globalización de la realidad. Con tal de llegar al fin, no importa correr riesgos que lesionen las posibilidades de la vida humana. Pero la vida es sagrada y hay que suprimir los riesgos que la ponen en peligro.

El sistema es una aplanadora, estamos de acuerdo, pero tiene sus límites y ya hay signos de colapso y de desencanto. Con la caída del muro de Berlín creíamos haber llegado al fin de la historia, pero, ahora, constatamos que la historia sigue su rumbo en el sistema unipolarizado y monolítico, pero que, como el gigante que describe el libro de Daniel, tiene sus límites.

Aquí y allá están surgiendo movimientos de resistencia que se oponen al proceso destructivo, pero esos son considerados interruptores que hay que eliminar porque obstaculizan el funcionamiento del libre mercado. Sin embargo, la alternativa es posible y hay que buscarla. Si Jesús ya expulso a los mercaderes del templo, habrá que ver también ahora cómo podemos expulsarlos, sin que tengamos que recurrir a la violencia armada.

ENH, febrero 2, 2000





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