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El Nuevo Diario
Viernes 23 de Junio de 2000 | Managua, Nicaragua
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Las cruzadas

Gustavo-Adolfo Vargas*

El domingo 12 de marzo, durante una de las ceremonias del Jubileo, el Papa Juan-Pablo II pidió perdón por las faltas cometidas por la Iglesia Católica en sus 2000 años de historia. Entre tales faltas se encuentra la famosa Inquisición, que fue objeto de sendos artículos en este mismo Diario los días 16 y 17 de marzo recién pasado: las Cruzadas, el Holocausto, la discriminación contra las mujeres y otras faltas históricas. Esta vez nos ocuparemos de las Cruzadas.

Esta es una palabra de origen religioso y de uso político. Las cruzadas fueron originariamente las expediciones armadas que enviaron los papas y los reyes desde Europa con el pretexto de rescatar los llamados lugares santos de Palestina que estaban en poder de los turcos otomanos. Ellas empezaron a finales del siglo XI por iniciativa del papa Urbano II, quien en un célebre discurso pronunciado en la plaza de Clermont en Francia exhortó a la multitud de creyentes, en términos dramáticos, a reconquistar la tumba de Jesús, aunque la misma iglesia enseña que resucitó al tercer día, y la ciudad de Jerusalén que estaba en manos de los llamados infieles que la habían tomado en 1076; y a luchar para impedir que los musulmanes avanzaran hacia occidente para tomar Constantinopla, que era la capital del Imperio Romano de Oriente.

La idea del pontífice era que Europa debía armarse en defensa de su fe y que sus hombres debían marchar hacia el Oriente a rescatar los llamados lugares santos, aquellos en los que había tenido lugar la vida, pasión y muerte de Cristo, a cambio de indulgencias y privilegios celestiales y materiales. En realidad la religión era un pretexto y las razones eran otras.

El nombre de cruzada deriva de los soldados que llevaban una cruz en su pecho como distintivo. Ellos eran los cruzados, que tomaban el signo de la cruz y se alistaban para marchar a su misión religiosa-militar para desencadenar las llamadas «guerras santas» en contra de los que denominaban infieles.

Entre el año 1096 y el 1270 hubo siete Cruzadas, desde la primera que, obedeciendo una supuesta voluntad de Dios, fue acaudillada por Pedro El Ermitaño que dirigió una multitud de fanáticos mal armados y mal preparados militarmente, y fue aniquilada por los turcos. Las otras Cruzadas corrieron igual suerte, terminando en un desastre militar, económico y político. La última se frustró con la muerte del rey Luis IX de Francia en el vano intento de conquistar al rey de Túnez y a su reino para el cristianismo.

Todas las cruzadas terminaron en un fracaso completo desde el punto de vista militar. Fueron obra del fanatismo religioso, que llegó a tales extremos, que en una de ellas fue integrada por más de 30,000 niños mal vestidos, mal comidos, mal armados y sin preparación militar ni edad para tenerla. Las autoridades religiosas los levantaron en armas bajo el signo de la cruz, lo que fue interpretado por los creyentes, manipulados y fanatizados por el papado, como una señal de Dios. Como era de esperarse, la cruzada terminó en una tragedia de grandes proporciones, los niños murieron en el camino de hambre y de frío o fueron vendidos como esclavos en Egipto, ninguno regresó. Todo esto bajo el patrocinio de los papas y sus fanáticas exhortaciones a la «guerra santa».

Las más recientes investigaciones históricas han demostrado que el fin de las cruzadas fue más bien político y económico que religioso. Ciertamente, la mayoría de los cruzados fueron movidos por impulso religioso, provocado e impulsado por el papado. Pero los príncipes europeos vieron en ellas un medio de expansión y de conquista territorial, y sobre todo la forma de aplastar el creciente imperio sarraceno que los amenazaba desde España y Bizancio. Y para las autoridades eclesiásticas fue, quizás, una tentadora manera de castigar a los patriarcas y obispos cismáticos de Oriente. De ahí sus incongruencias y poca utilidad.

Con este antecedente histórico, se llama cruzada en la vida política a una misión esforzada y riesgosa. Como es lógico suponer, es un término predilecto de la derecha confesional. Cuando a alguien se le escucha hablar de cruzada, poca duda queda acerca de su ubicación ideológica. El alzamiento contra el Gobierno legítimo de la República española que inició la guerra civil en 1936, fue llamada cruzada y al General Franco Jefe de la Cruzada. Contó con el apoyo incondicional de Hitler y Musolini, igualmente que con la iglesia católica cuyos obispos bendecían las armas como en los tiempos de las cruzadas.

* Jurista, Politólogo y Diplomático.



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