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Viernes 28 de Julio de 2000 | Managua, Nicaragua
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¿Un cochón es un gay?
Homofobia y patriarcado en Nicaragua


Uno de los ejes centrales de la galardonada y polémica «Belleza Americana» es la homofobia. Al final de la misma, el personaje ex-militar, super macho, empujado por una serie de acontecimientos, se encuentra envuelto en una crisis existencial sin precedentes, que es a la vez un momento decisivo de auténtico autodescubrimiento.

Por un breve instante, los patrones patriarcales que durante toda su vida han tenido encajonados a su cuerpo, mente y espíritu, se esfuman y son momentáneamente vencidos. Emerge su verdadero «yo». Besa a otro hombre. En llantos y suplicando cariño y ternura le planta un beso, torpe y temeroso, en la boca del objeto de su afecto.

Sus afecciones, sin embargo, aun respetadas y comprendidas, no logran reciprocidad y su instante de tormentosa liberación es repentinamente cortado. De hecho, se convierte en la revelación involuntaria de un secreto que jamás quiso descubrir, su propio deseo homoerótico. Pero aun lo más íntimo y auténtico de su ser, que es a la vez lo más prohibido y abominable (según sus propios parámetros culturales), por primera vez han sido manifestados a otro ser humano, a otro varón.

Develar su más guardado y aterrador secreto desencadena la necesidad de volver a enterrarlo, lo cual posee al personaje y que a sangre fría mata con pistola al que lo rechazó. Asesina, sin embargo, no tanto por el rechazo que experimenta sino más bien por el pánico que le invade. En otro hombre ha depositado mucho más que un beso torpe: le ha entregado el poder de quitarle su máscara y de exigirle que asuma una realidad antagónica diametralmente opuesta a la suya.

La homofobia y el «pánico homosexual» que Belleza Americana retrata son una realidad en sociedades que estigmatizan la homosexualidad (tanto al acto como las dos personas involucradas) y que la reducen a un estado de ser considerado inmoral, pecaminoso y/o enfermizo. El sistema imperante genera fuertes estereotipos y prejuicios que se manifiestan en temor y odio, discriminación y violencia hacia las personas que no obedecen los patrones «normales» de una heterosexualidad obligatoria. LA HOMOSEXUALIDAD ANGLOAMERICANA Y NICARAGÜENSE

¿Pero cómo funciona la homofobia en Nicaragua? ¿Es igual y tiene la misma fuerza como la que se evidencio en Belleza Americana? Para poder contestar estas preguntas, es necesario primero realizar una pequeña arqueología, desde la propia cultura, de algunos aspectos de la sexualidad nicaragüense y en particular la(s) (homo)sexualidad(es) masculina(s).

En su libro «Life is Hard» (La Vida es Dura), el antropólogo norteamericano Roger Lancaster propone que las concepciones y prácticas homosexuales angloamericanas y el lenguaje que se usa para describirlas, no son adecuadas para describir la especificidad cultural de la experiencia «homosexual nicaragüense».

Argumenta que desde el punto de vista de la cultura, el «cochón» nicaragüense y el «gay» angloamericano, (ambos arquetipos culturales de realidades sexuales que transgreden la heterosexualidad obligatoria), aunque tengan similitudes, también tienen importantes diferencias.

En primer lugar, Lancaster observa que en el intercambio sexual entre dos varones nicaragüenses, solo uno (el pasivo en el sexo anal) es tildado culturalmente con la etiqueta «cochón». El otro, llamado por Lancaster el «hombre-hombre», el que lleva el papel activo (el que penetra), no es considerado y no se considera homosexual e incluso la experiencia puede ser asimilada como fuente de virilidad y poder.

Su masculinidad queda intacta y hasta reforzada, la del cochón disminuida y desbaratada. Rescatando el sentir común cultural, Lancaster comenta: «Los cochones son hombres femeninos, o más correctamente feminizados: no son hombres enteros». «FAGGOTS» Y «QUEERS»

En el modelo angloamericano, sin embargo, ambos participantes en el acto sexual (y el acto mismo) son condenados y estigmatizados como «homosexuales» (en inglés etiquetados como «faggots» o «queers»). Incluso, según Lancaster, entre estos últimos el sexo oral como práctica sexual es mucho más común que el sexo anal, acto que caracteriza y da significado en Nicaragua el intercambio sexual entre un «hombre-hombre» y un cochón.

Otro elemento que diferencia la experiencia homosexual angloamericana de la nicaragüense, es el grado de marginación que experimentan los estigmatizados («cochones» y «faggots») con relación al poder hegemónico masculino y las dinámicas de poder que se generan entre varones. Los primeros, por el fuerte rechazo y represión que experimentan, viven al margen del mundo masculino heterosexual.

En general están excluidos de los intercambios (sexuales, sociales, económicos, políticos, etc.) que se desarrollan entre los hombres heterosexuales. Organizados y con voz propia, representan una amenaza al sistema patriarcal y son capaces de resistir y desafiarlo. En cambio, los cochones, aunque con restricciones y severas limitaciones, están incluidos y forman parte del sistema de intercambios entre varones. De hecho, entre el cochón y su «hombre-hombre» existe una relación de mutua dependencia. Uno sin el otro deja de existir. DEPENDENCIA Y SUMISION AL SISTEMA PATRIARCAL

De esta manera, la homosexualidad en Nicaragua (su especificidad cultural representada y simbolizada en el cochón) se inserta en el sistema patriarcal y se vuelve un componente integral del mismo. El rol pasivo, de dependencia y sumisión que asumen los cochones y que caracterizan sus relaciones con los llamados «hombres-hombres» sirven, no solamente para el control y dominio de los mismos cochones, sino también para reforzar el sistema patriarcal en sí.

A diferencia de sus congéneres angloamericanos, los cochones nicaragüenses representan poca amenaza para el sistema, ya que su propio sentido de identidad, valor y utilidad están íntimamente ligados al hombre-hombre y al sistema del cual éste simboliza y forma parte. Además, las dinámicas de sumisión y dependencia inhiben la creación de propuestas organizativas entre los mismos cochones.

Volviendo a la pregunta sobre la existencia de la homofobia y sus manifestaciones y fuerza en Nicaragua, habrá que proponer que es sustancialmente diferente a la que se presenta en la película Belleza Americana.

Si bien es cierto que en muchas familias y comunidades los cochones (la cara visible y estigmatizada de las prácticas sexuales entre hombres) son discriminados, ridiculizados y constantes objetos de burla, también existe tolerancia y cierto nivel de aceptación (siempre y cuando haya discreción, no haya escándalo y no se desvíen del rol estereotipado socialmente asignado).

De hecho, su existencia y visibilidad son necesarias para la perpetuación del sistema patriarcal. Sirve como fuerte advertencia a los demás hombres para que ellos no se desvíen (por lo menos en su proyección pública) del paradigma cultural de la masculinidad hegemónica.

El temor de volverse cochón o de ser acusado de tal, gobierna a todos los hombres nicaragüenses y se internaliza mediante los procesos de socialización de género. Como un fantasma omnipresente, representa un mecanismo de control social que los orienta a demostrar constantemente que son «hombres de verdad», o sea, que no son cochones. Incluso, una de las mejores maneras de demostrar que uno NO es cochón es siendo «hombre-hombre», ya que si se es uno no se puede ser el otro.

La «homofobia» presente en la cultura nicaragüense, entonces, parece ser motivada más por las necesidades de perpetuación del sistema patriarcal que por un odio visceral que busque la aniquilación del deseo homoerótico y todas sus posibles manifestaciones.

Dice Lancaster: «No es que la homofobia sea más intensa en una cultura machista, sino que es una cosa totalmente diferente. Incluso, la palabra homofobia utilizada para connotar el miedo a la homosexualidad o a las relaciones homosexuales, es inapropiada en un medio donde hombres no etiquetados desean y activamente buscaron relaciones con hombres etiquetados. Se necesita otra palabra para identificar la praxis implícita en el machismo mediante la cual los hombres simultáneamente pueden desear utilizar, tener miedo a ser utilizados y estigmatizar a otros hombres». EL SINCRETISMO CULTURAL

Cualquiera que sea esa palabra, su ausencia en el léxico nicaragüense no quiere decir que los cochones (y otras minorías sexuales) en Nicaragua no sufren a causa de actitudes y valores culturales discriminatorios que los conciben como seres inferiores. Por supuesto que sufren... y demasiado.

Una parte de su sufrimiento se debe a la existencia del modelo autóctono que aquí hemos descrito, pero habrá que reconocer que hoy en día no es el único modelo de intercambio sexual entre hombres que se encuentra en la cultura nicaragüense. El análisis de los dos modelos culturales (el «cochón» nicaragüense y el «gay» angloamericano) no quiere decir que en la práctica cotidiana sean antagónicos y excluyentes.

La sexualidad humana también es sujeta a la globalización y el modelo gay angloamericano cada día recobra más fuerza en Nicaragua, especialmente en ciertos sectores de Managua. Las culturas, aunque conservadoras, no son estáticas y es importante notar que el estudio de Lancaster fue realizado en los años 80.

Desde aquel entonces, ha corrido mucho agua por debajo del puente. Está por conocerse, entonces, hasta qué nivel en la actualidad en Nicaragua este sincretismo cultural está influyendo percepciones y concepciones de la homosexualidad y las mismas prácticas sexuales entre personas del mismo sexo.

También si su existencia tiende a aumentar o disminuir actitudes, valores y comportamientos homofóbicos (en sus diferentes interpretaciones). Y últimamente si va a facilitar o inhibir la elaboración de propuestas político-organizativas que defiendan los derechos de las minorías sexuales y que simultáneamente desafíen al sistema patriarcal.

(Patricio Welsh, Managua 6 de Julio 2000).



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