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Reformas
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A Leonel Delgado Aburto (Jinotepe, 1965) a lo sumo, lo he visto tres veces. Me resulta imposible describirlo con tres plumazos. En esas ocasiones lo he visto lontano como la sirena que suena allá lejos en La distancia es como el viento, versión de Domenico Modugno. A lontano, agreguemos, esquivo.
Podría ser... Pero las afinidades o disimilitudes particulares, no juegan la primera base en la aproximación a un texto. Road movie y otros cuentos (1996) es algo que los opiómanos de la literatura nicaragüense no deben pasar inadvertido. Voy a saltarme la descripción razonada de las secciones que lo constituyen. La descripción como enunciado no parece valida. En todo caso, este mini-ensayo, pertenece a quienes ya tienen su ejemplar... debidamente acotado. Y sólo sirve —si en algo sirve—para que otros se enteren de la lectura que un sujeto huraño hace del mismo texto. Algo así, como provocar el milagro de los senderos que confluyen en el Parque Central de la Misantropía. Road... es un libro experimental. Su autor ensaya unos materiales y formas de decir esas materias, inédito para la joven narrativa nicaragüense. Su tratamiento, esencialmente cinematográfico, construye una realidad surgida de los fragmentos de la subrealidad. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de cinematográfico? La serie Así de simple ofrece al menos 24 respuestas. De Robert Redford a Yuri Lotman. Un movimiento puede ser tan bonito como se quiera, pero si no avanza la historia, no sirve para nada. La escena que pueda sacarse de una película sin que pierda su sentido, es una escena incorrecta. Abogado austriaco, nacido en Viena el 22 de junio de 1906, eso dice Wilder. Y es verdad. Sin embargo, yo prefiero, el apotegma que hubiera preferido su socio Raymond Chandler: el escritor edita lo que el ojo ve o imagina; o supone ver o imaginar. La filmación de miles de metros de realidad vista o imaginada, es reducida a noventa, o ciento diez minutos de producto fílmico. Esta realidad surgida de la subrealidad, sin que importe el veredicto final, libera o captura para siempre a la historia real. Apaga esa realidad para volver a encenderla en otra que, es y no es la misma. Eso es lo que hace Road movie... Así de simple. De la realidad arrasada pero terca en su balancín, Delgado Aburto, extrae su versión de los hechos. Esa (a)versión, claro está, no puede menos que ser subversiva. Lo degradante, es degradado por un proceso de fragmentación. La realidad sometida a la galvanoplastía filmógrafica es reducida a sumatoria de cuadritos emulsionados. La mano del escritor, impone el límite de su realidad. Cuando lo lean, si aún no lo han leído, fíjense bien, no usa balas de salva. No tira al pichón. Las palabras: experimental, tratamiento, fragmentos y otras, cuando se hilvanan sobre el lomo dorado de un joven escritor, pueden producir escozor. Se supone que atienden al intento, no al logro. Se interponen entre el artista y el producto acabado. He oído a cincuenta mil Grandes Maestros, decirle al joven novato: realmente, audaz, ingenioso, estas cosa suyas, amigo, pero... No hay peros en Road Movie. El ensayo, y todo libro es un ensayo, está respaldado por una prosa eficaz, eficiente. Límpida en su ejecución. Y si alguien intentará decirle algo, esa frase simplificada no iría más allá de «nadie te puede condenar por la simpleza sino más bien por la desmesura de los pasos iniciales». Desde mi descarada complicidad de lector (la morbidezza de mi siglo interior) confieso que he gozado ese libro, tanto como releyendo Tres rosas amarillas. En la mesa de noche del moribundo he vuelto a ver la botella de Möet Chandon, las tres copas, el jarrón de porcelana, las tres rosas amarillas, de tallo largo. Al joven que las llevó a la habitación 211 de un hotel en Badenweiler. El autor de esa historia publicada en 1988, nació en 1939. Antón Chejov murió a las tres de la madrugada del 2 de julio de 1904. Para los que disfrutan de los nombres genéricos, entre otras cosas, eso se llama: tratamiento cinematográfico... Así de simple. En Managua, Nicaragua, capital universal de la provincia, Delgado Aburto no teniendo nada que hacer, inventa su propia narrativa... Esos tiempos ya pasaron. Graduado en Arte y Letras de la Universidad Centroamericana, también es egresado de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, Cuba. Su mundo es casual, su experimento no lo es. Eso dice la Epístola a los Pisones. El mismo cuento de Arys. Compartir:
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