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Reformas
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Son memorables las muchas veces que me encontré con Rolando Steiner, el más grande dramaturgo que ha dado Nicaragua en el siglo XX. Recuerdo que en la Casa Fernando Gordillo me enseñó los originales de una obra poco estudiada suya, «La noche de Wiwilí», que le valiera un premio nacional, un verdadero drama épico de uno de los pasajes de nuestra historia, pero con una maestría, una épica endulzada con la más dolorosa lírica de la tragedia vivida por los personajes.
En otra ocasión me invitó a su casa, allá por el parque «Las Piedrecitas» porque quería que le escribiera un comentario sobre su última obra, «La agonía del poeta», en que Rolando Steiner sintetiza el dramatismo exitencialista, -intimista- diría el maestro JEA sobre la muerte y la existencia misma. Comenzamos hablando de Darío para terminar sobre una nueva propuesta de un texto dramático que tenía pensado escribir, donde hacía aparecer a Monteczuma completamente desnudo, acariciándose delante de un inmenso espejo. Rolando Steiner fue poeta trágico actuando en la atmósfera de su propia soledad y en el vacío íntimo de su vida. A todo ese vacío de soledad le dio rienda suelta para sustentar la estructura dramática de sus obras. Sus personajes están creados con su propia sangre, hechos de hilachas de su carne, engendrado en la más grande frustración. Para Rolando Steiner la comedia de la vida es trágica. Es el único dramaturgo nicaragüense cuyas obras han sido muchas veces representadas, «La puerta» obra clave de su trilogía sobre la hipocresía del amor burgués, ha sido montada por grandes intérpretes nacionales, entre ellos, se encuentran Evelyn Martínez, Maritza Morales, Edgar Sarria. «Un drama corriente» fue presentado en España y una de sus obras aparece en la antología del Teatro Hispanoamericano. Además de que ganó numerosos premios nacionales e internacionales. Pero este gran dramaturgo nacional, cuando murió no tenía un lugar para ser enterrado, porque murió solo y sin familia. Mimí Hammer, quien ha sido musa de poetas y una actriz de carácter, ofreció un lugar familiar para que fueran enterrado los restos mortales de Rolando Steiner. Un reconocimiento a Comedia Nacional de Nicaragua por el montaje y a Tabacalera Nacional (TANIC) por su patrocinio, que vuelve a escena «La pasión de Helena» de Rolando Steiner, dando así no sólo una nueva interpretación escénica, sino un homenaje a quien en vida, su única vida, fue el Teatro.
LA PASION DE HELENA La maestría de Rolando Steiner en «La pasión de Helena» es que construye una síntesis profundamente existencialista de la vida, donde ubica a dos personajes femeninos, Helena y Casandra, que se anteponen entre el amor y la guerra, entre la verdad y la iniquidad, entre la sed de sexo y la lealtad a un pueblo. Son dos mujeres embrocadas en una lucha fraticida de griegos y troyanos, (todo por una mujer, Helena) en una guerra de mortales y de dioses, en un destino que las arrincona de tal manera que dejan de ser mujeres para convertirse en mitos. Bolívar González hace con esta obra una interpretación moderna, con sentido minimalista, es decir, mínimos elementos escenográficos, gran capacidad conceptual en el maquillaje, que sea una máscara perversamente construida sobre el rostro de las actrices, y mucha provocación, demasiada libertad textual para que el espectador construya su propia interpretación. Pero sobre todo, para qué la guerra?, ¿para qué el amor? Este montaje hace un cuestionamiento al porqué de las cosas, qué es lo temporal y qué lo eterno. Es que sólo el teatro es capaz de ser una realidad escénica que representa otras realidades a través de imágenes, signos y símbolos que surgen de la conciencia social del hombre. BOLIVAR GONZALEZ Actor y Director egresado de la Academia de Artes Teatrales y Cinematográficas de Sofía, Bulgaria. Después de iniciar estudios de Sicología en México, regresa a Nicaragua para trabajar, en 1980 en el reciente Ministerio de Cultura. Como director se caracteriza por mezclar elementos técnicos del lenguaje cinematográfico con los de teatro, por eso su obsesión permanente de construir imágenes que rompen lo lineal y cotidiano, violando, a veces con una postura atrevida los conceptos sociales. Sus montajes son un desborde de imaginación, descodificando y volviendo a codificar la simbología trágica de la vida. Entre sus montajes se encuentran «Las criadas» de Jean Genel; «Los amores de Abraham», la que dirigió Pilar Aguirre; en «La puerta» dirigió el actor nacional, Edgard Sarria; a Socorro Bonilla Castellón la dirigió en un recital poético, «Ventana que habla con historia de mujer» y para el Teatro Nacional Rubén Darío, montó «Toda mujer feliz se suicida por la tarde», texto de Isidro Rodríguez Silva, con la interpretación de Carlos Pineda. Compartir:
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