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Reformas
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El próximo jueves 13 de julio será inaugurada en Galería Códice una exposición singular. Se trata de la obra de una pintora muy joven. Su nombre es Zenelia Roiz y es publicista, miembro de una familia de artistas y periodistas; egresada de la Escuela de Artes Plásticas de Nicaragua «Rodrigo Peñalba» y de la carrera de Diseño Gráfico en la Universidad Politécnica. Ella expondrá 36 obras, cada una de ellas muestra su particular perspectiva de un personaje distintivo de la historia del siglo XX.
Zenelia Beatriz Roiz Sotomayor nació en Managua, el año 1971, «gracias a Dios en una familia que no es la más conservadora que digamos», dice ella misma, lo que quiere decir que sus padres —a muchos amigos les consta— siempre han sido personas de mente muy amplia y la han comprendido en todas las facetas de su vida. «En mi familia somos muy unidos, es más, nos sentimos como los italianos, en el sentido de la alegría. Mi casa siempre está llena de amigos. Para mí es una gran familia, que he terminado de llenar ahora con mi hijo Leonardo». Zenelia tiene cinco hermanos y es la tercera de tres mujeres. Uno de sus hermanos, Félix, también es artista. «Es muy bueno en la plumilla», dice Zenelia, para quien su madre, Lídice, y su abuelita, jugaron un papel fundamental en su vocación por el arte. «La mamamía (así le llama a su abuela) pintaba al óleo, colores fuertes que luego le heredó a Félix». Ella dice que heredó la constancia de su madre. «Mi madre pintaba hasta la cerámica. Se sabe todas las mañas para añejar. Todo esto hizo un gran ambiente plástico en mi casa, que al final yo retomé». En 1992 Zeneida decidió ingresar a la Escuela de Arte Rodrigo Peñalba. «Allí tuve buenos maestros. En dibujo el profesor Otto Aguilar, en escultura Casanova Eli, y en pintura al que yo considero me dejó libre en la pintura hasta encontrarme yo misma. El fue Aparicio Arthola, un excelente maestro de la pintura nicaragüense». —¿Cuáles fueron tus primeras inclinaciones en la pintura? «Siempre busqué experimentar la técnica acuarela, el óleo, pastel y el acrílico; también la escultura. Comencé a usar la técnica mixta, el spray, los colores platinados, etcétera, y pintaba cualquier tema relacionado con los sentimientos internos de ese momento. Alguna vez me dio por pintar camiones vistos desde la parte trasera. Eran muy interesantes. Unos cargaban plátanos, otros caña. La producción o el transporte vistos de atrás repletos de carga arriba y la gente que iba dentro, en fin, la cotidianidad. También me dio por pintar flores, como la San José y otras. Me encantan las flores, he pintado hasta esas que son pequeñitas y que las pisas en la calle, pero al aumentar su tamaño son las más bellas. En realidad he explorado muchos temas». —¿Has encontrado alguna inclinación o vocación particular? «Cuando terminé la Escuela de Arte ingresé a la Carrera de Diseño Gráfico, la cual comencé a relacionar con la pintura, y se me hizo todo más fácil. Solo que era hacer el arte dirigido al consumo, es decir, poner todo lo más sencillo posible, hacerlo comprable, aunque siempre interesante. Aquí cambió el concepto. Pero igual me gustó. Solo que me separé un poco de la pintura, pinté más retirado, además comencé a trabajar en agencias de publicidad, canales de TV, y ahora en Merinco, llevo la publicidad del grupo. Esto me ha hecho tener más responsabilidad en el trabajo y me ha hecho agilizar las cualidades creativas. —¿Cuándo expusiste tu obra por primera vez? «El año pasado, en Diciembre. Para mí fue un reto, ya que la pintura es la manera más fácil que encuentro para desahogarme, relajarme, sentirme más realizada, pues la vida está hecha de colores y formas, y eso mismo es para mí la pintura: reflejar ese mundo amplio donde no hay límites y todo lo hacemos posible con la magia del pincel, y en mi caso de la espátula, que me acompañó desde el primer cuadro. —Ahora vas por otra exposición, ¿de qué se trata? «Con el apoyo de algunas empresas como Interbank, Comercial 3H, Disnisa y Merinco, donde ahora trabajo, decidí hacer una muestra de pintura con mis colores, pintar a los personajes populares del siglo XX, los que dieron forma a gran parte de la historia. Los he llevado al acrílico sobre tela, la técnica que al final se identificó más conmigo, sobre todo por la rapidez. El acrílico seca rapidísimo, y yo tengo un ritmo al pintar de tres a cuatro horas de trabajo por cuadro. Y es que no me despego del lienzo hasta que no termino. ¿Te podés imaginar la energía en la que estoy cuando pinto?. Entonces los colores y los trazos se vuelven explosivos y llenos de vida, pues aplico los fondos con colores puros y eléctricos, usando mucho de los colores primarios, o sea que termina por ser una descarga. Al final paso más tiempo observando, y me pregunto a mí misma cómo quedó. En el fondo siempre quedo muy feliz con ellos, y es que cada personaje lo pinto con su característica propia. —¿Cuántos personajes... cuánto tiempo de trabajo? «36 personajes que de una u otra forma fueron claves en nuestras vidas, y saber de ellos gracias a la comunicación masiva e histórica es muy importante. También hay que mencionar que no están todos los que quizás deberían porque sería difícil poder terminar con la muestra. Un trabajo de 6 meses. —Sin duda experimentaste algo especial, porque concentrarte en cada uno de ellos es concentrarte de alguna manera en la historia de la cual ellos fueron parte... «Para mí algo especial fue tenerlos a todos juntos y experimentar esa interacción espacial, ese intercambio de miradas entre todos ellos hasta fusionarse conmigo fue una experiencia sin igual. Creo que las personas que asistan a la exposición experimentarán algo de esto, se les despertarán sentimientos. Ellos fueron fundamentales en nuestra formación y conocimiento, y al pintar uno tras otro fue saliendo mi propio yo, mi estilo, los colores metálicos que habían estado dentro por mucho tiempo. Todos salieron como una gran explosión de sentimiento, color y forma. —¿Te parece que como artista debés jugar alguna especie de papel o tener alguna responsabilidad en la sociedad? «Mi opinión particular es que el papel del artista es reflejar la técnica del momento, aprovechar al máximo lo nuevo de las mezclas y pintar la vida, buscar el mejor lado que encontremos de lo que pintamos. Creo que el mundo está saturado de miseria, de hambre, de tragedias, y llevar eso a un cuadro al que estaremos viendo el resto de nuestro tiempo, es como martirizarnos. Por ejemplo, para mí la pintura totalmente realista tuvo su tiempo. Fue Goya, Rembrant, no habían cámaras fotográficas, y lo que estos artistas hacían era tratar de retratar al máximo su entorno... Creo que si te limitan la libertad de expresión entonces también se te pinta la opción de pintar barricadas. En la época de guerra de nuestro país se pintaban muchos murales con temas de denuncia, lo cual era válido. No teníamos otra salida». —¿Pero no estás aquí también pintando la historia? «En este caso sí, es pintar la historia, con alguna excepción, que es parte de ella; tratar de vivir los mejores momentos, el instante de estos personajes, para que los miremos con su mejor lado... Pintar estos personajes es pintar la historia, que vivirá en la eternidad de sus mentes y de mis lienzos, y en el tiempo que aún no conozco». Compartir:
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