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El Nuevo Diario
Jueves 6 de Julio de 2000 | Managua, Nicaragua
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Feliz "Twentieth Century Fox"...!!!

Pedro Rafael Gutiérrez

Sangrando aún las costillas de la caída de la cortina de maguey, con la salida del poder en México de la maffia disfrazada de mariachis, no puedo menos que tomar velocidad para entregar a mis lectores, los sentimientos de que hemos casi cerrado el siglo con tres acontecimientos que parecían imposibles de realizar.

Estoy hablando -y el lector ya lo sabe de sobra- de la condenación por parte de Juan Pablo II de incontables atrocidades cometidas a la sombra y la humedad de los sótanos vaticanos, de la caída de la lúgubre muralla de Berlín, bajo la estrategia de ese hombre increíblemente iluminado llamado Mikhail Gorbachov y hace minutos, de la reducción a pulque de la podrida cortina de maguey, la operación más difícil que ocultó a los mexicanos lo hermoso que pudo haber sido disfrutar de una verdadera democracia, cuyo artífice fue el pulcro mandatario Ernesto Zedillo, que hizo posible con su férrea voluntad, destronar al insaciable Partido Revolucionario Institucional, conocido en México con cierta vergüenza, como PRI.

No creo que en lo que falta por concluir el siglo, que muchos alegres fiesteros ubicaron el pasado 31 de diciembre, ocurran acontecimientos más importantes que los señalados, que representan en la lucha del hombre por su liberación, la caída de la superstición, del totalitarismo y del gangsterismo político con ritmo de huapango.

No me sorprenda el corrector de pruebas con la acusación de que soy cómplice de la invasión cultural idiomática, acompañada de las comidas rápidas recicladas o recalentadas, por la sencilla razón de que no pude traducir al español, con la intención del slogan cinematográfico, marca de fábrica por cierto de un taller que ha producido estrellitas, que al revés de las otras, acostumbran a ver a las estrellas de verdad con la espalda sobre la cama.

Este es, en realidad, el siglo XX de Fox... el siglo del hombre que hizo posible hacer desaparecer las glorias inútiles de las Adelitas, cuya gesta degeneró tanto como la aventura bolchevique, cantadas ambas por ese ingenuo y fresco periodista John Reed.

Vicente Fox logró suprimir de las listas políticas a los miembros de una pandilla y confiamos que su victoria sea definitiva en un México al que amo desde mi primera luz, al calor de la sangre de mi madre nacida allí, en el Distrito Federal, capital de «la región más transparente», cabeza del botín inagotable de centenares de pillos.

La labor de Fox, como candidato portador de una nueva esperanza, que inició ofreciendo chamba; trabajo o brete para todos, fue paralela al compromiso de Zedillo de lavar la imagen de su país, atiborrado de fetiches y falsos beneméritos.

A riesgo de que se me tilde de pocho, tex mex o pahuco, aprovechado de la expresión «pura vida» del sistema de alcantarillado de la sociedad mexicana de segunda, felicito a los mexicanos por esa jornada brillante, tan luminosa como la de los Niños Héroes o la de Emiliano Zapata, héroe traicionado por una «revolución» agotada, en este Siglo Veinte de Fox.

Me crié muchos años en México y de allí el calor de mis sentimientos, por un triunfo que es de la democracia latinoamericana, que ojalá sea contagiosa. Con todo, jamás me quise hacer mexicano, que lo habría sido con toda propiedad, no cambié ni mi modo de hablar ni nuestro destierro, ni el miserable salario que soporto.



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