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Reformas
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Se quedaron esperando, en Estados Unidos. Que el padre de Elián pidiera asilo político. Que aprovechara la inmejorable ocasión para quedarse en el paraíso y, de paso, darle una bofetada a Fidel. Dejarlo en evidencia ante el mundo y su propia gente. Demostrar así que Cuba es un infierno del que sueñan escapar hasta las ratas. Sólo esperando la oportunidad. No ocurrió.
El «caso Elián» se jugaba a dos bandas y las partes lo sabían. Una, la pública, era el proceso judicial sobre la custodia del menor convertido en icono. Otra, la soterrada, giraba en torno al padre. Si éste solicitaba asilo, el caso hubiera dado giro dramático. «The Elian father’s» habría pasado de villano a héroe para el anticomunismo-anticastrismo y de héroe a villano para el gobierno de Cuba. Un guión extraído de los mejores filmes de la guerra fría. La virtual imposición del traslado del padre a territorio norteamericano tenía esa razón. No era jurídica (no es requisito imprescindible radicar en el territorio de un Estado para ser parte en un juicio), sino política («sacarlo» de Cuba y ponerle a tiro la petición de asilo, siguiendo las tácticas en uso para que deserten deportistas o diplomáticos). Luego su traslado a una cómoda residencia, la limitación de acceso de funcionarios cubanos, las mil formas de hacerle ver la vida muelle y holgada que podría vivir en EEUU. Fidel apostó fuerte a una carta. Las movilizaciones en la isla habrían sufrido un shock con la deserción. De haberse producido, se hubiera podido escoger el momento óptimo para anunciarla. Por ejemplo, cuando los esfuerzos dirigidos por Fidel para que los cubanos se manifestaran en calles, plazas y escuelas alcanzaran su pico. Hubiera sido un magnífico golpe de efecto contra el gobierno, figura y prestigio de Fidel. Y, al contrario, un triunfo sonado por la ultraderecha estadounidense y la Fundación Cubano-Americana. Por eso había que apurar la última gota del enmarañado sistema judicial norteamericano. No porque se esperara un fallo contrario al padre, sino para prolongar su estadía en EEUU. Esperar el milagro hasta el último minuto. Que recapacitara y, en la escalera misma del avión, rodeado de periodistas, diplomáticos, policías y funcionarios, pronunciara las dos palabras mágicas: «Me quedo». Espectacular. (Gallego & Rey cedieron a la tentación y se imaginaron una escena similar, presente en el consciente de muchos). Es de suponer que allende Florida, en La Habana, habrá habido similar tensión. Tal vez ese fuera el motivo de las llamadas de Fidel al padre. Para preguntarle si seguía firme. Si regresaría. Regresó. Con Elián, su familia, los compañeritos de escuela, sus padres y la profesora enviados para aliviar los tantos sobresaltos del menor. Regresaron todos. Dicho así parece trivial. Una o varias deserciones habrían mitigado golpe y efecto. La derrota del extremismo ha sido triple. La visible es el fallo de los tribunales norteamericanos, otorgando (como procedía) la custodia al padre. La segunda, su pérdida de influencia en EEUU, donde su radicalismo le enajenó la simpatía o comprensión de una mayoría de la gente y de políticos. La tercera, que todos regresaran a la isla. Que demostraran, con su regreso, que algo tienen Cuba, Fidel y su terquedad en mantener el socialismo que lleva a gente común, como el padre de Elián, a preferir las estrecheces y dificultades de la isla bloqueada y castigada a las mieles y abundancia del imperio. Aunque sea difícil de entender en estas sociedades tragadas por la frivolidad, el desencanto y la obsesión consumista. Tiempo de reflexionar. De replantearse a fondo la histeria política del exilio cubano y el trasnochado e inhumano bloqueo de EEUU. Como el padre de Elián, millones de cubanos quieren su país y defienden su sistema. No merecen castigo por eso. No se dio el milagro que esperaba el extremismo. Tal vez el caso de Elián abre otro: el de restablecer el sentido común y tender puentes entre Cuba y EEUU, que lleve a normalizar sus relaciones. Y el de que se respete el derecho de los cubanos a decidir su suerte y su futuro. Es un derecho que se han ganado a pulso. Compartir:
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