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Reformas
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Llegué a tu vida, para rellenar un pedacito de tu corazón. Llegaste a mi vida para rellenar todo mi corazón.
En el trayecto de nuestras vidas, nunca nos hablamos de este sentimiento señero, pero hoy siento que te pierdo y te diré, con voz quebrantada, con mi alma destrozada y con una sonrisa de cristal: Hurtastes mi amor. Las penas que padezco y no merezco, las supistes sufrir paciente y en silencio como gentil floresta de linda flores. Junto a mis pasos lentos de edad, de juventud y de la blancura por vejez, marcastes estela que llevará hasta mi sepulcro. Abrigaste mi piel frágil con virtuosos abrigos. Complacías mis caprichos, pero me enseñastes a querer, compartir, tolerar y callar. Vencida por el sueño me abandonas. No me dejas tesoros, ni riquezas, sólo consuelo de tu memoria. Quiero seguir bailando en las noches azules, te cantaré como el jilguero y escucharás mi eco con una plegaria, de este amor hurtado que dejas. 1 de julio del 2000. Compartir:
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