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Reformas
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Cuando el árbitro central del partido Real Madriz-Diriangén este domingo en Somoto haga sonar la ocarina y marque el despunte del juego, miles de corazones madricenses empezarán a latir aceleradamente a lo largo de 90 minutos repletos de febricitante emoción traducida en euforia, angustia, agonía, éxtasis, con la esperanza de que sus noveles y bravíos muchachos logren una proeza con ribete de epopeya deportiva: derrotar al equipo de más brillante trayectoria en el balompié nacional, los Caciques del Diriangén y pasar, contra pronóstico, a la semifinal.
No obstante lo difícil de la empresa, se percibe en todas las esferas de este medio un sentimiento de optimismo, de fe en que los muchachos madricenses conjugarán su exuberante condición física con su probado talento, más el enorme incentivo moral de su generosa afición, inmenso corazón que bombeará por sus arterias un inclaudicable espíritu de lucha que los hará salir avantes. Y es que los antecedentes de los diriambinos en el estadio «Santiago» refuerzan las aspiraciones de los madricenses, pues en la etapa regular lograron un angustioso empate 2-2 en un juego y en el otro fueron insólitamente goleados 5x1, en lo que fue la mayor afrenta del cuadro cacique en este Campeonato. Para colmo de males, en el juego de ida en la hexagonal el Real Madriz se fajó con los caciques en su propio reducto sin temores ni complejos de ninguna índole, con claro dominio en la primera etapa del partido, pero sin fotruna para concretar, no obstante el permanente acoso sobre la cabaña de Mendieta que a ratos se vio desesperado, presa de desconcierto. El 2:0 con que ganó el Diriangén no refleja realmente lo que ocurrió en el engramado diriambino, pues el Real Madriz mereció mejor suerte, pero hizo añicos las profecías con aire de bravuconada del Director Técnico diriambino Mauricio Cruz que había sentenciado categóricamente por medio de El Nuevo Diario: « LOS GOLEAREMOS, ES CUESTION DE HONOR», en una clara subestimación a un equipo que aunque novel y humilde, crece en la medida que los rivales y las circunstancias lo exigen. Al margen de todas las consideraciones y sin obviar el favoritismo del Diriangén en esta hexagonal, una cosa es cierta: NO HAY NADA SEGURO PARA NADIE, y algo más: Ya hubo sorpresa el primer domingo y en el segundo pueden haber más. ¿Por qué no Somoto?
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