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  Sábado 26 de Febrero de 2000 | Managua, Nicaragua
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Serrano Caldera, entre los filósofos actuales no es sorpresa

Douglas Stuart Howay
Managua

Alejandro Serrano Caldera merece estar en esa corta lista de filósofos actuales del mundo.

Apartando su tendencia egocéntrica —actitud natural de todos los filósofos en todos los tiempos, inmersos siempre en el mar proceloso y fecundo de las ideas— Alejandro es uno de los dos filósofos nicaragüenses más destacados: Karlos Navarro y él.

El primero, en los albores de una futura cosecha de pensamientos escritos y el segundo, Alejandro, en plena madurez con 17 libros publicados y difundidos por varios países del mundo. Los otros filósofos de nuestro país, talentosos todos, se han dedicado al cultivo de otros géneros literarios o han publicado muy poco de sus trabajos.

Alejandro es uno de los grandes empíricos de nuestro tiempo. Ha utilizado su formación jurídica para fundamentar sobre ella dos de sus tres grandes pasiones: el magisterio y la filosofía, ambas naturalmente integradas en su esencia. No se puede ser filósofo sin cultivar la docencia en una forma u otra. La tercera pasión, la del descanso espiritual, la inspiración y la entrega, es la música, arte que cultiva con la maestría que le caracteriza.

Cuando me tocó colaborar con él en los foros nacionales «La Nicaragua Posible» —encuentro del Gobierno y la Sociedad Civil en que se analizó profundamente los grandes problemas de la transición y el ansia general de encontrar un modelo de Proyecto de Nación y Estado de Derecho— pude apreciar sus dotes excepcionales de pensador fecundo, disciplinado y estricto. De ese esfuerzo resultó un voluminoso recuento de las ideas de ministros de Estado, dirigentes políticos, gremiales, religiosos e intelectuales. Una síntesis de ese documento, «Propuesta de Base para un Proyecto Nacional», fue entregada en sus manos a Dña. Violeta Barrios de Chamorro, Presidente de la República por parte del Rector Serrano, el Director de Relaciones Internacionales de la UNAN, Lic. Abel Garache y el suscrito.

Posteriormente, tuve el agrado de publicar dos breves y modestos comentarios sobre su trabajo «La unidad en la Diversidad», verdadera apología del consenso como vía racional hacia el escape de la crisis nacional. Desafortunadamente, el esfuerzo de los centenares de personas relevantes que participaron en los cuatro foros, se malogró con el derrotero que ha tomado el hecho público y el viciamiento de la política estatal. Un grave error, sin duda, que aún no se sabe a qué soluciones trágicas puede llevarnos.

Quizás resulte apropiado recordar que antes de la publicación de la interesante —aunque no aceptable— obra de Francis Fukuyama, «El Fin de la Historia», Alejandro había escrito un ensayo sobre el tema, que más tarde se publicara en un libro titulado «El Fin de la Historia - Reaparición del Mito». Lo interesante del trabajo de Serrano estriba en su concepción racional del decurso histórico. Fukuyama considera la Historia como un proceso circular que llega a su fin precisamente en la década de los ’80, cuando ya no queda nada más que cambiar y hay que aceptar el establecimiento definitivo de la democracia liberal como única opción para la humanidad.

Como una ironía histórica, poco después se derrumba el CAME y ocurre la desintegración parcial de la URSS, dando la impresión de que, efectivamente, la ideología socialista carece de viabilidad. Una confusión ingenua derivada del desconocimiento de las leyes ineluctables de la evolución y del factor humano, único responsable en el fracaso de los gobiernos llamados socialistas.

La verdad es que la Historia parece tener una trayectoria en espiral, con acercamientos y alejamientos hacia el pasado —sólo como imagen difuminada y virtual del presente— pero siempre en movimiento constante hacia el futuro. Nada es inmutable, todo está en perpetua agitación y evolución.

Quiero dejar en manos de otros la tarea de analizar el último trabajo del Dr. Serrano, «Todo Tiempo Futuro Fue Mejor» y la obra antológica «Quo Vadis Filosofía», en que se le pone a la par de los filósofos más destacados de la actualidad.

Solamente he querido hacer un justo reconocimiento al Dr. Serrano por este nuevo logro, a su magisterio intra y extra aula y a su siempre ardiente deseo de contribuir a una Nicaragua Mejor.


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