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  Martes 18 de Enero de 2000 | Managua, Nicaragua
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Leonel Rugama Rugama


Biografía elaborada a partir de sus poemas por Mario Urtecho.

Ahora que están todos aquí reunidos y oyéndome, ahora quiero hablar con ustedes, o mejor dicho, ahora estoy hablando con ustedes.

Quiero hacerles una plática. Nací el 21 de marzo de 1949 en un valle al noroeste de Estelí, Nicaragua. Desciendo de pobres familias, aunque honorables. Mi padre era oficial de carpintería y mi madre maestra empírica. Fui trasladado a la ciudad de Estelí en febrero de 1950...

El primer día que llegué a la escuela llegué bañado, con ciertas ganas de llorar, viendo lentamente para todos lados, arrecostándome en postes y paredes. Ese día no jugué al cero o pegue o lepra o coco, menos que jugara arriba la pelota. Me quedaba con la boca abierta viendo a los niños viejos correr por todas partes... Los niños nuevos no sabíamos qué hacer. Estábamos limpitos, bien peinados, miedosos, apuñando lápices y cuadernos...

En 1962 fui trasladado a la ciudad universitaria, León, donde aprobé el último grado de primaria, obteniendo el segundo lugar en clases. Molestaba y me burlaba de los niños nuevos y también dejaba caer el lápiz o el cuaderno para verle las piernas a la maestra. Todos amábamos a la maestra pero la maestra se casó con un señor...

Por ese tiempo también llegaban los circos con caballos, monos, perros y cabras y varias muchachas que me gustaban porque en la noche salían casi desnudas dentro del circo. Nos reuníamos el montón de muchachos para ver a los hombres abriendo los hoyos y preguntarles si venían de Honduras y si hoy en la noche darían función y que cuánto valía. Después le tirábamos piedras a los animales y nos colgábamos de los tubos hasta que los dueños nos corrían. En mi casa, siempre serios, me cogían las tortillas heladas...

En diciembre las dueñas de las cantinas construían chinamos en la placita. Allí me encontraba con mi tío Heriberto. El siempre andaba solo y una vez lo echaron preso porque gritó «Viva Aguado!» y lo pusieron a arrancar las espinas en el parque y mi abuela fue a hablar con el comandante. -Déle un rifle para que se vaya a la montaña-, le dijo el comandante y mi abuelita le dijo que su hijo no tenía instintos criminales y que si los tuviera ya se hubiera metido a la guardia!

Estudié secundaria en el Seminario Nacional de Managua. Todos los seminaristas íbamos de paseo a las huellas de Acahualinca. Los hijos de la gente de Acahualinca no nacen por hambre y tienen hambre de nacer para morirse de hambre. ¡Bienaventurados los pobres porque de ellos será la luna!...

A principios de 1968 llegaba a jugar ajedrez todas las tardes a la casa de Carlitos Argeñal y siempre pasaba una muchacha pero por la acera de enfrente, la misma muchacha a la que le he dedicado varios poemas, la de «la rabia de tu pelo agitado por el viento y la blusa verde clara cubriendo sus senos frescos como llanos brisados y la falda rala que se desliza como panada de agua por sus caderas». Entonces yo andaba en los 19 años e iba a cumplir los veinte...

En julio de 1969 vi los huecos que la tanqueta Sherman abrió en la casa del barrio Frixione y después fui a ver más huecos en otra casa, por Santo Domingo, y donde no habían huecos de Sherman habían huecos de Garand o de Mazden o de Browning o quien sabe de qué... y comprendí que la muerte no es menos que la vida y que nuestros huesos son la columna de esta historia!...

Yo les quería platicar que ahora vivo en las catacumbas y que estoy decidido a matar el hambre, el hambre que nos mata. En las catacumbas, ya en la tarde, cuando hay poco trabajo pinto en las paredes las imágenes de los santos: Sandino, el Che, Miguel Angel Cortez, Jorge Navarro, Selim Shible, Jacinto Baca, Julio Buitrago.

... y las calles quedaron llenas de humo y después de dos horas, Genie sin megáfono gritaba que se rindieran y antes, hacía como dos horas, y antes, hacía como cuatro horas y gritaba y gritaba que se rindieran. ¡Que se rinda tu madre!. Leonel Rugama Rugama nació sin camisa, cantando mientras disparaba.

Nació cuando trataban de matarlo con guardias, con tanques, con aviones. Nació cuando no pudieron matarlo. Leonel Rugama gozó de la tierra prometida en el mes más crudo de la siembra, sin más alternativa que la lucha muy cerca de la muerte pero no del final.

...Y esto cuéntenselo a todo el mundo, platíquenlo duro siempre, con la tranca en la mano, con el machete en la mano, con la escopeta en la mano porque los héroes no dijeron que morían por la Patria sino que murieron. Ya platicamos... Managua, 15 de enero del 2000

A 30 años de su caída en combate.


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