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  El Nuevo Diario
  Martes 4 de Enero de 2000 | Managua, Nicaragua
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Fenómeno político del Siglo XX

Onofre Guevara L.
Managua

La experiencia, nos releva de toda prueba. Los hechos y la etapas en la historia se producen y cambian totalmente ajenos a los convencionales números del calendario. Ya estamos en el año 2000 y, de ello, lo poco de nuevo que tenemos a la vista es que no volveremos a utilizar los dígitos 19 para empezar a contar los años ni datar los acontecimientos. Algo vedado ya hasta el fin de nuestros días y los días de las generaciones que vendrán.

Por cierto, muy poco para la dimensión de la parafernalia comercializadora del seudo finimilenarismo que acabamos de ver. Conviene no atender tanto a la intrascendencia de las fechas en el tiempo transcurrido, sino descubrir cómo las fechorías que se han registrado en nuestro país todo este tiempo produjeron la nueva esencia del ser nicaragüense. Las intervenciones extranjeras, por ejemplo, que ocurrieron durante los últimos cien años, ¿cómo redefinieron nuestro concepto del patriotismo?

El patriotismo de los nicaragüenses del Siglo XX, no es igual al de los nicaragüenses del Siglo XIX. La naturaleza de la injerencia absoluta en lo político-económico-diplomático de signo estadounidense sobre nuestro país -con sus dos intervenciones armadas (que juntas abarcaron diecinueve años) y las consecuentes guerras de liberación-, creó en la conciencia nacional un patriotismo antimperialista, distinto al patriotismo de los luchadores por la independencia del coloniaje español y el del transitorio antifilibusterismo conocidos durante el Siglo XIX.

Vale mucho para la formación de la identidad nacional y el nuevo patriotismo, la resistencia armada que se le hizo a cada una de las intervenciones extranjeras. José Santos Zelaya -dictador aparte-, resistió los primeros embates de la injerencia estadounidense y fue el primero en sucumbir ante su agresión diplomática (la Nota Knox). Los liberales de entonces fueron los primeros en experimentar los cambios ideológicos del patriotismo inicial al patriotismo antimperialista, y Benjamín Zeledón, su máximo exponente, lo practicó con las armas frente a la primera intervención armada imperialista (1912).

Augusto C. Sandino, bajo influencia liberal y con su nuevo concepto antimperialista del patriotismo, le agregó una dosis de contenido social (la tierra para los campesinos). Fue el momento de la maduración lógica de las luchas desarrolladas aquí y en el mundo -revolución socialista en Rusia y revolución agraria en México-, y de su propia lucha; el marco histórico en donde Sandino se convirtió en el paradigma del antimperialismo nicaragüense y latinoamericano del Siglo XX.

El asesinato de Sandino alteró la capacidad de lucha del patriotismo antimperialista, pero se acentuó en la conciencia de más nicaragüenses al punto de caracterizar definitivamente al sandinismo como sinónimo de patriotismo y de antimperialismo. Es decir, el sandinismo hecho síntesis de ambos conceptos en la conciencia de los nicaragüenses.

Por desgracia, nada impidió que se garantizaran la vigencia de los fines colonialistas sobre nuestra nación, igual que las deformaciones en la conciencia de algunos individuos, de toda intervención extraterritorial. Si en el Siglo XIX hubo una clase social local partidaria del coloniaje español, desde al principio del Siglo XX sus herederos se identificaron y se pusieron al servicio de los interventores estadounidenses. La división de los nicaragüenses entre patriotas y apátridas, es resultado de las intervenciones, y también una herencia del Siglo XX para las generaciones de los próximos siglos.

La mayor conquista del sandinismo no se le oculta a nadie (incluso, a quienes no les gusta): la revolución popular de 1979 que derrotó el último bastión armado de la intervención. La frustración de este fenómeno político y social -por las causas que hayan sido (incluida la traición)-, no cambia en lo mínimo su importancia histórica, mucho menos que ponga en duda que el patriotismo y el antimperialismo -resumido en el sandinismo- es el fenómeno político-ideológico más importante del Siglo XX.

El hecho de haber sido testigos y, de alguna forma, actores de este acontecimiento nacional único -y parte al mismo tiempo del pensamiento y la acción antimperialista de América Latina-, es la más emotiva y privilegiada de las compensaciones que hayamos recibido por los malos momentos que nos tocaron durante nuestros respectivos porcentajes de vida en este agonizante Siglo XX.


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