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Sábado 30 de Diciembre de 2000 | Managua, Nicaragua
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Cuatros "Poemas de Hospital" de Jose Cuadra Vega


Foto
   

FIEBRE Y SUEÑO

(Hospital)

Por: José Cuadra Vega

Vuelvo mis dos

ensombrecidos ojos por la fiebre hacia

mi derecho costado,

el mismo costado sobre el que

el Divino y Humano

Descamisado de Judea,

Jesús el Cristo reclinó su frente,

coronada deespinas y de Gloria.

El derecho costado sobre el que Doña Julia

suele siempre a mi vera

dormir su sueño, su reposado sueño.

La fiebre que me arde y que me punza

como acerada, dura lanza,

me hace ver la inefable,

dulce y falsa ilusión de qe ella está,

de que mi Doña Julia está allí,

justo a mi lado,

ciertamente de cierto allí, dormida.

¿Pero por qué es que siento su tranquilo,

sosegado sueño tan lejos,

tan distante de mi propio sueño,

pues que también su sueño es sueño mío?

¿Vagará ella, tal vez, por siderales rutas

implorando por su Don José,

buscando algunas arcangélicas alas

de las mismas que dan su refrescante brisa al rostro

de DIOS Nuestro Señor?

Cuando ella despierte, tal vez ya no recuerde nada.

Es triste, porque tampoco yo

recordaré jamás cuál fue su sueño.

José Cuadra Vega Col. Centroamérica Grupo L-835 Diciembre 2000 Hospital Militar «ALEJANDRO DAVILA BOLAÑOS»

LA FRAZADA (Hospital)

Por: José Cuadra Vega

—I—

Alta fiebre en la noche y a la vez

un gélido frío semi polar,

contumaz,

hace tamborilear mis dos

entumecidas, ateridas piernas.

Mi maxilar, entumecido, no funciona

pero tiembla, frenético.

No hay voz articulada.

No tengo voz.

Inerme, triste mortal soy, como los

mortales tristes que no tienen voz.

Ya quisiera, aún cuando siquiera fuese

la ronca voz

del hombre de Neherdental, gritando,

a grandes y claras voces,

allá en su obscura y húmeda

cavernosa caverna tenebrosa.

-II-

Muy cerca de mi cama, pasa

una Enfermera del Hospital, a quien

con tembloroso índice señalo la

salvadora frazada que está a mis pies.

Y la Enfermera:

-No se incomode, Don Josecito, que ya sé.

No se me afane,

no tenga miedo, no se me angustie.

Lo que Usted quiere es que le abrigue,

es que le cubra sus dos huesudas

y pelambrosas, hórridas piernas.

-III-

Poco elegantes y compasivas, desamoradas,

muy poco humanas y anti cristianas,

rudas palabras, más sin embargo, llenas

de un mágico poder:

sin frazada, de cierto, sobre

mi triste y pobre humanidad doliente ¡a la mierda y muy lejos el gélido frío semi polar de mis dos piernas!

Querido poeta Luis:

Bajo el acogedor alero de tu techo en

el NAC, he tenido siempre generoso

cobijo:

Techo,

Lecho,

Pan,

como quien dice.

Sospechando que ese techo se haya resquebrajado y agrietado un tanto por mi seriamente maltratada salud (aunque Josecito cree que ya no muere), te mando esos tres poemitas, algo así como si fuesen tres tejas de barro tosco para cubrir, en lo posible, esas dolorosas grietas.

Para tí, poeta Luis, mi amistad siempre y un abrazo.

Col. Centroamérica Grupo L-835 Diciembre 2000

Foto
   
CAJA

Por: José Cuadra Vega

Cuando se acerquen

-si es que se acercan-

mis queridos poetas y amigos,

a mi caja mortífera

(que no Caja Mortuoria),

sentirán,

no el resabido

y consabido

Olor de Santidad que se desprende

del cuerpo de

todos los santos que en el mundo han sido

-y que han sido muy muchos-

sentirán mis amigos, digo,

dos aromas,

ambos dos transfundidos

en un solo perfume:

el terrenal perfume que de su Doña Julia

se lleva Don José

y el aromoso aroma que Don José, a su vez,

a su fiel

y amante esposa Doña Julia deja

y a quien

¡oh, apasionada, juventud ardiente!

en amorosos versos y en lejanos días,

antaño dulcemente la cantara.

José Cuadra Vega

Col. Centroamérica Grupo L-835 Diciembre 2000

En esta ocasión Don José pide perdón a su Doña Julia por amargarle la vida con este segundo

EPITAFIO

En esta obscura tumba

-dicen que fría-

lo cual él nunca llegará a saber

porque estará ya

bien muertecito el pobrecito,

yacen de don José los humanos despojos

junto a los de su amada

y amante esposa Doña Julia.

Y se dice que cuentan los viandantes

que pasan, al acaso, por la tumba

que se escucha

cuando todo está en calma,

silencioso, inerte,

un suave rumor de alas

de pájaros en vuelo,

tal si fuesen sus almas,

ambas las dos,

que huyeran, presurosas, de la Muerte.

Col. Centroamérica

Grupo I-835



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