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El Nuevo Diario
Viernes 25 de Agosto de 2000 | Managua, Nicaragua
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Un tesoro mal tratado

Armando Ñurinda Ramírez *
Managua

La Managua actual, conserva todavía, un tesoro antropológico maravilloso: Las Huellas de Acahualinca. Es publicitado y tratado, como la casa que tiene la roca con grabados de atracción turística. Es posible que su estado presente no garantice su conservación y creo que muy poco resultado y eco han tenido los aportes y preocupaciones de escritores y científicos, locales y extranjeros.

Por lo menos unos 30,000 años antes de nuestra era, aparecieron en nuestro suelo los primeros hombres, procedentes del hemisferio Norte; también se afirma de emigraciones originarias del Sur. En milenios se sucedieron esas peregrinaciones, diferenciándose en su desarrollo, pocos se desviaron y radicaron a orillas de ríos, lagunas, lagos y mares; transcurridos los siglos el único testimonio que dejaron de su cultura son sus huellas en la loseta volcánica de Acahualinca. De esos migrantes aseveran que el núcleo original perteneció al gran grupo nahualt; llamados de origen Mangue (Dirianes Chorotegas), los habitantes de la zona oriental del pacífico: Managua, Masaya, Granada (Xalteva). Carazo (Diriamba-Jinotepe).

Según afirmaciones de varios investigadores, las huellas de Acahualinca indican que las personas y animales viajan hacia el Norte, buscando alguna altura, o hacia el Lago Xolotlán; hay otras pisadas superficiales, en sentido opuesto. Esos seres huían por algo. Cuando sus pies quedaron estampados, el agua quizá no estaba tan cercana, no podían buscar salvación allí, a menos que en la costa estuvieran sus botes; tal vez el litoral era elevado, distanciado y el lago era reducido, los geólogos afirman tenía forma ovalada y el volcán Chiltepe estaba en el centro.

Asegura que la erupción del «Volcán Tiscapa» primero arrojó cenizas, después lodo frío y arena caliente, sustancias que mezcladas formaron la loza en que quedaron grabadas las pisadas. Calcularon la población de aquella zona en 200 personas y opinan «Eran cazadores y pescadores», de lo que no quedó evidencia. No existe duda en que hubo otros núcleos de habitantes en ese litoral, por ejemplo, los «Pescadores», «Candelaria» «Veracruz» y Tipitapa. De los dueños de las Huellas no sabemos científicamente su era, condiciones de vida, desarrollo y organización social.

Las huellas a la luz. Quizá los frecuentes cataclismos, lluvias y corrientes, contribuyeron erosionando el suelo y en el perfil del cauce, descubrieron objetos elaborados por humanos que atrajeron curiosos, también desenterraron parte del material volcánico arrojado por un volcán. La noticia del hallazgo y las cerámicas fueron del conocimiento del médico norteamericano Earl Flint, año 1850; interesado el doctor Flint, reconoció el lugar, hizo excavaciones destacando el hallazgo y lo divulgó al mundo científico de su época; transcurría el año 1878 cuando en diarios europeos y americanos, la noticia de las Huellas de Acahualinca causaron revuelo. También surgieron opiniones controversiales y las aseveraciones del médico investigador, no cautivaron a los expertos y al público.

En Alemania hicieron estudios al material volcánico que contiene a las huellas, lo clasificaron como «Lahar», muestras similares encontraron cerca del volcán Vesubio, en Italia, que lo arrojó en su erupción del año 79, después de Cristo; en Java, Indonesia y en «Lassen Peak», California, Estados Unidos, 1915.

Del descubrimiento, que de las huellas realizó el Dr. Earl Flint, pasó medio siglo, hasta que apareció el Dr. Samuel Kirkland Lothorop, quien analizó lo realizado por el Dr. E. Flint, reviviendo el interés por las investigaciones publicadas por su colega. Con su experiencia el Dr. Kirkland Lothorop hizo numerosas ediciones, actualizando los hechos y estableciendo su valor e importancia científica, año 1926.

Colaboración científica. La Universidad de Harvard guardaba materiales y notas de los trabajos del Dr. E. Flint en el «Museo Peabody». Bajo orientaciones de esa Alma Mater, en Nicaragua iniciaron trabajos de redescubrir las Huellas de Acahualinca, año 1940. La Fundación Carnegie de Washington, apoyó la labor de excavación y construcción del tesoro y museo de los rastros antropológicos. Decenas de excavadores sacaron a la vista el principal sedimento volcánico con las pisadas; en casi dos años esos trabajos descubrieron los rastros petrificados y más de 100,000 objetos que pertenecieron a la comunidad de aquellos vestigios y que fueron saqueados años, 1941-1942.

En las huellas desenterradas en Acahualinca, destacan las de seres humanos, de bisonte, nutria, venado, lagartija y del pájaro Quan, una especie posiblemente extinguida hace mucho tiempo; también se encontraron ramas, hojas y otros vegetales, que según investigadores no dañó la ceniza volcánica.

Varios autores refieren que el núcleo social originario de las Huellas de Acahualinca y su entorno, era de 200 personas que se «dedicaban a la caza y la pesca», aunque otros agregan «laboraban en recolección de frutas, no al cultivo»; además encontraron cerámicas, también un cementerio. Esos elementos permiten deducir, que los sujetos de este estudio no eran nómadas y tenían razones obligadas para tener residencia fija: Excelente clima, agua abundante y pura, variedad de carnes, frutos y en particular el Maíz. En el territorio de Managua habitaron otras comunidades, varias no dejaron rastros, otras se disolvieron, o fueron sepultadas por colosales erupciones, terremotos, inundaciones, incendio y aluviones. Nadie puede negar que algunas familias sobrevivieron y continuaron repoblando el área.

Los gobiernos, sus ministros de Educación y más reciente los de Cultura, lo que hacen es pinche propaganda y el predio que guarda aquel Tesoro, no tiene atractivos que motiven visitarlo. El entorno no está acondicionado y el edificio ya es inseguro, además viejo; de las casas vecinas derraman aguas y por fisuras inundan el área, la humedad amenaza el material de las huellas, aunque en una ocasión un empleado del Ministerio de Cultura opinó que no hay riesgo para el manto de las pisadas.

Los que dicen representar a la cultura nicaragüense, por ella reciben sueldos y se divierten, no se interesaron en divulgar y desconocen más acerca de esas huellas; no pensaron, menos que hicieran más excavaciones, tanto en alrededores, como más abajo; ahora los terrenos están copados por un vecindario que si descuidan, invaden y desaparecerán el Museo. No hay duda que la gente que estampó sus pisadas en el material volcánico todavía tibio, tenía razones para huir, se trataba de una erupción que amenazó sus vidas, una catástrofe, no sabemos si sepultó a otros, o si esos mismos perecieron más adelante. Es primordial continuar investigaciones. Se trata del único testimonio concreto en Centro América y posible de Latino América.

Tienen razón los especialistas Pérez Estrada, Valle, Mántica Abaunza y otros que traducen el significado de Acahualinca; también el Dr. Alejandro Dávila Bolaños y el poeta Pablo Antonio Cuadra, que sentaron hipótesis del origen de los viajeros primitivos y otros aportes; en esa materia son valiosas las contribuciones del Dr. Julián N. Guerrero y Lolita Soriano, descubrimientos del Dr. Jaime Incer Barquero, investigaciones del profesor Paco Gallegos, escritos de don Heliodoro Cuadra y profesor Gratus Alftermeyer y otros autores. Opino que debemos divulgar sus obras y contribuir con la Cultura.

Felicito a EL NUEVO DIARIO, su constante publicación de temas que en general orientan al pueblo y aclaran el conocimiento de su origen e historia.



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