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El Nuevo Diario
Viernes 18 de Agosto de 2000 | Managua, Nicaragua
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La Mosquitia, el Estado y la afirmación nacional

Lic. Edgard Palazio Galo *

Al escribir sobre la Mosquitia y el proceso de afirmación nacional ocurrido en 1894 con el acto de anexión, quiero exponer algunas consideraciones sobre este hecho histórico y con ello hacer una reflexión acerca de la configuración nacional y de los códigos normativos de la identidad nicaragüense, del ser y del sentirse nicaragüense, según la tipificación determinada y propuesta por el Estado Nacional hace 106 ante la formación social caribeña que habitaba el territorio de la Reserva Mosquitia.

Tal proceso estructural perfiló una dinámica estatal decididamente propuesta en imponer en la Mosquitia parámetros de identificación y pertenencia con la comunidad nacional, es decir, forjar uniformidad correspondiente con los códigos de identidad nacional establecidos en la región del Pacífico y centro del país. Siendo un hecho que dentro del espacio cultural y comunicativo de esa comunidad nacional propuesta por el estado decimonónico no se concedía reconocimiento activo a la diversa particularidad sociocultural tejida por el sujeto histórico caribeño residente en la Mosquitia.

Se debe indicar que el Gobierno del General José S. Zelaya, al iniciar la acción de afirmación nacional en la Mosquitia, mostraría más interés en la forma técnica de ejercer el control total del territorio caribeño que en la definición misma de una legitimidad cívica de su Gobierno ante este conjunto humano. Al parecer la idea predominante fue lograr la soberanía republicana total, (según los conceptos liberales de la época, soberanía nacional e integridad territorial) sin determinar en la Mosquitia la existencia de una evolución histórica diferente. En otras palabras, el esquema estructural de afirmación nacional seguido por el Estado, pasó por alto el marco histórico determinado en que operaba la sociedad de la Mosquitia, proponiendo como solución de continuidad la oficialización de un nuevo orden de identidad correspondiente con lo considerado el «modelo nacional».

Sin embargo, tal solución de continuidad resultaría ineficaz dentro de un proceso histórico caribeño que se movía en un nivel de aprehensión y representación diferente, intrínsecamente ligado a códigos de pertenencia forjados en el largo tiempo. No se lograba, pues, legitimidad nacional mediante definiciones oficiales exógenas al imaginario colectivo construido en la Mosquitia, considerando tal orden imaginario en la amplitud de su representación, lenguas, usos y costumbres, creencias, territorialidad, etc., es decir, un imaginario extendido y correspondiente con la vigencia ancestral de su propia identidad.

A fines del siglo XIX, con la anexión de la Mosquitia el espacio de interacción del Estado nicaragüense se vio súbitamente ampliado desde el punto de vista territorial y a su vez o como consecuencia, también, se vería extendida su amplitud cultural. Aunque el Estado la concibió de forma unidireccional, del Pacífico sobre el Caribe, eludiendo que el punto en cuestión era el hecho que los espacios culturales son propios y válidos para cada formación histórica y social, y, por tanto, el territorio recién incorporado, inexorablemente tenía un componente humano social, política y cultural diferente.

El problema consistió en que los gobernantes del Estado Nacional observaron en el conjunto caribeño de la Mosquitia nada más que una gran extensión de territorio heredada desde tiempos coloniales, un discurso que dejaba ver tal mentalidad se puede leer en la Gaceta Oficial, del sábado 11 de agosto de 1894: «antes de 1821, la costa de Mosquitos perteneció a la corona de España por derecho de descubrimiento y ocupación». 1

En consecuencia, según el imaginario de esta la política estatal, debía entenderse que el Estado nicaragüense estaba situado históricamente en posición de heredero a tales derechos territoriales y, por tanto, en la condición de definir, establecer y regular el proceso de afirmación nacional en la Mosquitia. De allí lo importante destacar que la visión nacional determinista del Estado Nacional fue más allá del acto de asegurarse simplemente derechos jurisdiccionales desde el punto de vista territorial, sino que también plantearon en el más claro paternalismo etnocéntrico que igualmente los habitantes de la Mosquitia le habían sido heredados, por ejemplo, en una documentación oficial impresa en Washington en 1895, el Gobierno Nacional hizo saber: «... los indios mosquitos habitan una parte del territorio descubierto y conquistado por España y fueron transmitidos por ella a Nicaragua...» 2

El argumento es muy claro, de acuerdo con este imaginario político la posesión de tales «derechos» concedía, legitimidad a la actuación del Estado Nacional y en consecuencia a sus acciones de afirmación nacional impuestas en la Mosquitia por muy arbitrarias y excluyentes que estas fueran.

Para una época que pensaba en la oposición entre civilización y barbarie, fácilmente se desprende que el Estado prontamente se situara dentro del esquema nacional propuesto en la condición de ser la entidad poseedora de los atributos de «civilización» válidos para establecer la nacionalidad nicaragüense sobre aquellos pueblos «bárbaros» de la Mosquitia.

En un informe del General Rigoberto Cabezas, dirigido al Ministro de la Gobernación, fechado en Bluefields el 16 de julio de 1894, se puede apreciar en parte este imaginario político de la propuesta estatal: «deben cesar para siempre las timideces de la política conservadora inaugurando en la Costa Atlántica el imperio completo y perfecto de las leyes de Nicaragua». 3

Significaba obviamente imponer las regulaciones pertinentes e instaurar con ello la nueva pertenencia nacional que debían asumir los pueblos de la Mosquitia de conformidad con las regulaciones y las leyes de Nicaragua. El estado trató de afirmar sobre el territorio anexado la identidad nacional que las formaciones socioculturales allí asentadas debían asumir para entrar a la plena y efectiva afirmación nacional nicaragüense, trastocando con ello la raíz misma de toda una evolución ancestral diferenciada.

Frente al escenario del pretendido imperio de la singularidad nacional del Pacífico-Central, se ubicaba el hecho que el conjunto humano de la Mosquitia no había participado de este mismo patrón cultural formativo, en consecuencia, antes de la afirmación nacional oficial establecida por el Estado existía en la Mosquitia una definida comunidad histórica caribeña en la cual la voluntad de construir una comunidad nacional, organizada bajo el Estado central no obedecía a una visión histórica previamente construida.

Probablemente tal proyecto de afirmación nacional del Estado no constituía un universo al cual deseaban adherirse las estructuras socioculturales autóctonas de la región caribeña, por lo menos así lo hizo saber el depuesto jefe de la Reserva Mosquitia Robert Henry Clarenced y más de mil ochocientas personas que el 8 de marzo de 1894, aprobaron una solemne petición a la reina Victoria de Inglaterra: «estaremos en las manos de un Gobierno y un pueblo -afirmaban- que no tienen ni el más escaso interés, simpatía, o buenos sentimientos hacia los habitantes de la Reserva Mosquitia; y ya que nuestros modales, costumbres, religión, leyes e idioma no están de acuerdo, nunca puede haber una unificación». 4

Ello deja por evidencia que el proceso de afirmación nacional seguido en la Mosquitia, desde sus orígenes primarios, representó para el Estado decimonónico erigido en la región Pacífico Central un génesis inconsistente. Cuya dudosa o más bien pretendida legimitidad, dejó espacios abiertos de un sentimiento regional cuya lealtad se ligaba más con el universo simbólico regional caribeño en oposición a aquella comunidad nacional mestiza e hispano parlante que el Estado nicaragüense proponía.

Más allá de las interpretaciones que sobre este tema se pudieran formular, los actuales indicadores socioeconómicos denuncian la ausencia real de una responsable política de estado seriamente planificada en pro de lograr el desarrollo económico de los recursos naturales de la costa caribe en beneficio de sus habitantes.

Digo en beneficio de sus habitantes, porque a más de un siglo de la incorporación de la Mosquitia, tal beneficio no pasa de ser más que un anhelo y una demanda histórica social vigente. El sentido común nos dice que ésta debiera ser una verdadera perspectiva en donde el gobierno centre sus esfuerzos verdaderos de una planificación económica y social que trascienda más allá de coyunturales impulsos políticos. No obstante, este asunto como muchos de la vida nacional, se podría resumir muy bien en aquellas palabras que me dijo el Maitro Galo: eso fuera posible si este Gobierno, en realidad fuera eso, Gobierno.

NOTAS 1 Gaceta Oficial. Sábado 11 de agosto de 1894. Año XXXII. No. 62. Circular a los gobiernos de Centroamérica. Ministro Relaciones Exteriores. Palacio Nacional. Managua. 27 de julio de 1894.

2. Documents relating to the affair in Bluefields, republic of Nicaragua. Washington, D.C.: 1895. P. VII. Traducido del inglés y citado según Volker Wonderich, en: La unificación nacional que dejó una nación dividida. El gobierno del presidente Zelaya y la reincorporación de la Mosquitia a Nicaragua en 1894. En Revista de Historia, Universidad de Costa Rica, No. 34, Julio-Diciembre. 1996. Pág. 31.

3 Informe del General Rigoberto Cabezas, al ministro de la gobernación, Bluefields, 16 de julio de 1894. En: El gobierno liberal de Nicaragua, documentos 1893-1908. Tomo primero, Managua, 1909. Pág. 272.

4 Von Oertzen, Eleonore. Etl, al, The Nicaragua Mosquitia in Historical Document, 1844-1927. Berlín, 1909. Pág. 368.

* Depto.-Historia. UNAN-Managua



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