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El Nuevo Diario
Lunes 14 de Agosto de 2000 | Managua, Nicaragua
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Una tradición de 53 años nacida bajo las cenizas del Cerro Negro
Hoy festejan leoneses su «Gritería Chiquita»

MARIANELA FLORES VERGARA.
LEON

Los leoneses festejan hoy el 53 aniversario de la Gritería «Chiquita», instaurada en 1947 a raíz de la erupción del cerro Negro, y en vísperas de las fiestas de la Asunción de María.

En ese año el coloso más joven de la cadena volcánica del Pacífico hizo erupción, impactando a la ciudad de León que durante varios días soportó la intensa lluvia de arena viviendo en medio de la oscuridad.

El fenómeno natural que atestó los techos de las casas de arena cubriendo grandes áreas productivas de la región, indujo a los ciudadanos a recurrir al poder divino y, guiados por el entonces Obispo Isidro Augusto Oviedo y Reyes, empezaron a organizar procesiones pidiendo a la Virgen María que intercediera ante su hijo.

Los estragos del «pequeño coloso», como lo llamaba el obispo Oviedo, se agudizaban incrementando la aflicción de los leoneses que se concentraban a diario en la Catedral a implorar protección al Altísimo. Esto motivó al representante eclesial a proponer La Gritería de Penitencia a realizarse todos los 14 de agosto en honor a la Asunción de María.

Los concurrentes se comprometieron «para siempre» y celebraron la primera Gritería bajo la sombra de la erupción del coloso. El milagro ocurrió, y pasados un par de días, el cielo de León amaneció resplandeciente con los rayos del sol alumbrando la llanura. El cerro Negro se había calmado.

GRITERIA DE PENITENCIA

La festividad religiosa de la gritería «Chiquita», en los primeros años de instaurada, era de Penitencia, es decir, únicamente se repartía estampas, medallas y objetos religiosos dedicados a la Virgen María. Sin embargo, con el paso de los años, la gente empezó a dar «gorras», al igual que en la Gritería del 7 de diciembre.

El grito ¿Quién causa Tanta alegría? del pueblo que visita cada uno de los alteres es respondido con la frase: «La Asunción de María», por el dueño de cada casa, a diferencia de la Gritería grande del 7 de diciembre, donde la respuesta es «La Concepción de María».

Otra de las características de La Gritería iniciada en 1947 es la persistencia de altares alusivos a la erupción del Cerro Negro, teniendo como centro la imagen de la Virgen.

FESTIVIDAD ATRAE TURISTAS

Durante todos los años, el catorce de agosto se concentran en la ciudad desde tempranas horas del día grupos de turistas nacionales y extranjeros en espera de las seis de la tarde, hora en que las campanas de la iglesia Catedral, la sirena de la ciudad y los cohetes, anuncian el inicio de la fiesta.

Los leoneses junto a los centenares de visitantes se arrojan a las calles a gritar, recibiendo sus respectivas gorras. Otros prefieren observar desde una silla en las afueras de las casas anfitrionas el espectáculo de la fiesta popular religiosa, respirando el ambiente de tranquilidad en una ciudad segura como León.

Tanto los turistas como los leoneses, principalmente los jóvenes, mientras esperan el repique de las doce de la noche en que se produce la quema de pólvora, luego de gritar, participan en una de las tantas fiestas que hay en la ciudad. TRADICION PERSISTE

El paso del tiempo y la crisis económica no ha impedido que la tradición continúe manteniéndose arraigada en la cultura del pueblo leonés.

«Es una actividad religiosa a la virgen por el favor que nos hizo en parar al Cerro Negro y debemos continuar y trasmitirla a nuestros nietos para que siempre nos proteja», indicó la señora Azucena Arbizú, comprometida con la gritería Chiquita desde hace veinte años.

Para «doña Coco», Socorro García, del barrio Guadalupe, la tradición debe continuar aún con los problemas económicos que existan, «aunque sea caramelos y cositas baratas se compra para repartir, pero no vamos olvidarnos de la Virgen».

Una de las manifestaciones populares durante la Gritería y que motiva al dueño del altar a dar lo mejor de la gorra, son los cánticos a la virgen que muchas personas acostumbran, «pero ahora la gente muy poco canta y alegramos el altar con grabaciones», expresó Felipa Flores, de la Ermita de Dolores.

Algunos elementos tradicionales están desapareciendo como dulces nacionales y el gofio, hechos a base de maíz. Esto se debe, según doña Concepción Pérez, de setenta años de edad, a la gran cantidad de dulces extranjeros que hay y a precios cómodos.

Hoy el Obispo Monseñor Bosco María Vivas Robelo, como todos los años, con su grito ¿Quién causa Tanta Alegría? frente a la imagen de la Virgen en la Catedral a las seis de la tarde, estará inaugurando un año más de la Gritería «Chiquita», una fiesta religiosa popular propia de una ciudad de historia que pese a los desastres naturales y a la pobreza, mantiene sus tradiciones culturales como la joya más preciada de su propia identidad.



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