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El Nuevo Diario
Lunes 7 de Agosto de 2000 | Managua, Nicaragua
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Magnitud y percepción
La delincuencia en Nicaragua

Francisco Javier Bautista Lara

El fenómeno de la delincuencia es complejo y heterogéneo. No es sólo un problema del derecho penal, porque trasciende a la definición jurídica al depender de la percepción social. Así como la seguridad ciudadana y más ampliamente la seguridad de las personas y sus bienes no es una definición jurídica, sino que abarca al ámbito de lo social y lo político. La seguridad ciudadana tiene un ámbito objetivo y uno subjetivo, pues es principalmente un problema de percepción.

Para explorar la magnitud del problema de la delincuencia en Nicaragua, tendríamos que comenzar valorando el concepto de delito. En dependencia del enfoque que consideremos, estaremos hablando de diferentes magnitudes del problema.

Desde el punto de vista del derecho penal, se dice que delito es toda conducta prevista por la ley penal y sólo aquella que la ley penal castiga. Desde esta definición, la magnitud de los delitos en Nicaragua es lo sancionado por los tribunales una vez dictada sentencia firme. En 1999 en Nicaragua los tribunales juzgaron unos 5000 delitos.

Si vemos el problema desde la óptica Policial, estas son las denuncias recibidas por la Policía que para el año pasado ascendieron a más de 73 mil y que para el año 2000 ascenderán a unas 78 mil denuncias (se incluyen supuestos delitos y faltas penales). Esta es una cifra mucho mayor que la que desde la definición judicial tendríamos disponible.

Una definición de criminología, ve el delito como un problema social y comunitario, delito es sólo la manifestación de un problema social e interesan sus causas, consecuencias y vías de solución. La víctima no es sólo el perjudicado directo, sino el medio social.

Pero el problema es ¿cómo ve la población la magnitud de la delincuencia? Esto no es un problema de cifras. Se podría demostrar cuantitativamente que en Nicaragua hay menos delitos de alta peligrosidad que en Guatemala o El Salvador, que existe un reporte oficial de la Policía Nacional de Nicaragua que el nivel de esclarecimiento Policial de 7 hechos esclarecidos por cada 10 conocidos, es el más alto de América Latina y de muchos países europeos. La definición popular de delito o delincuencia es totalmente imprecisa, se tiene su propia concepción y se construyen percepciones a partir de los medios de comunicación social y de las vías informales de comunicación. La magnitud del delito y la delincuencia es independientemente de las sentencias que el juez emita, o de las denuncias que la Policía reciba o de los hechos que la policía esclarezca.

La Consulta ciudadana de Etica y Transparencia sobre Seguridad Ciudadana y Policía realizada a fines de 1998, arrojó que sólo el 49% de las personas que se sintieron víctimas de un supuesto hecho delictivo pusieron su denuncia en la Policía. Una encuesta más reciente realizada por la Universidad de Pittsburgh (Auditoría a la Democracia Nicaragua, 1999) resulta con un dato cercano a esta apreciación, ya que resultó que el 45.7% de las personas que dijeron haber sido víctimas de un hecho delictivo lo denunciaron. Este mismo estudio realizado en El Salvador mostró que sólo el 35.1% de las víctimas denunciaron el delito a una institución, que por lo general es la Policía Nacional Civil. La identificación sistemática de un índice de victimización que pretenda medir no sólo cuantas personas se sintieron desde su propia percepción víctimas de un delito, sino cuantos creen pueden ser víctimas de un hecho considerado delictivo, es un elemento a considerar para la formulación de políticas y acciones para la seguridad ciudadana encaminadas a la prevención.

Por otro lado, indicadores de medición de la eficacia policial como el esclarecimiento policial, es decir, lo que a criterio de la Policía a partir de la denuncia recibida se considera como un hecho donde se identificó al supuesto autor del hecho punible y las evidencias que lo vinculan, la percepción social no lo valora así, sino solamente cuando, se ha detenido físicamente al supuesto autor o se han recuperado los bienes robados o hurtados. La crítica popular en este sentido es drástica. Se necesita mucho más que cifras para persuadir e influir en su percepción.

La heterogeneidad y complejidad del asunto se manifiesta por el ámbito de lo subjetivo y la percepción. Para el Juez delito es sólo lo que conoció y sentenció; para la Policía las denuncias que recibió, investigó y esclareció policialmente, y para la gente ¿qué?. La población común que no tiene una formación jurídica (y aunque algunos la tengan, verán los hechos desde su propia apreciación), que tiene valoraciones culturales, políticas, sociales y económicas disímiles verá las cosas en otra magnitud. Las víctimas, se podrán sentir afectadas por hechos que puede ser que no sepan que son delitos o por hechos que equivocadamente suponen como delitos. Los supuestos autores, podrán realizar actos u omisiones que desconozcan como posibles delitos o supongan como tales. El vecino, pariente, amigo, testigo cercano de hechos que presumirá de una u otra forma. Y más indirectamente el televidente, radio escucha o lector que será testigo lejano de hechos que presumirá de una u otra forma y sobre lo cual recibirá la influencia de la propia percepción que el editor, locutor, escritor o presentador le manifieste.

La Policía pudo haber investigado un caso y no haber identificado evidencias que involucren a cierta persona, el juez o el jurado pudo haber absuelto a un sospechoso de cierto hecho, pero la opinión pública pudo haberlo condenado. Los medios de comunicación tienen una alta responsabilidad en su influencia en la opinión social para evitar injusticias y condenas morales, para fortalecer una actitud positiva y preventiva.

Entre la definición penal, vinculada con las sentencias judiciales; la definición policial, a partir de las denuncias recibidas, y la definición popular vinculada con sus percepciones, existe una brecha que puede ser más o menos significativa en correspondencia con el grado de desarrollo socio-educativo y la confianza que se tenga en las instituciones públicas involucradas en la administración de justicia ¿Cuál es el problema de la Policía? El problema es que a diferencia del Juez, al que le deberá preocupar únicamente la definición penal u objetiva, a la Policía le debe preocupar el ámbito objetivo y subjetivo, la percepción social sobre la delincuencia, por cuanto, el trabajo policial es un bien de consumo básico que debe contribuir a mejorar la seguridad ciudadana principalmente a través de la prevención, que como dijimos anteriormente, trasciende el ámbito jurídico.

Managua, 22 de julio de 2000

* Comisionado Mayor



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