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El Nuevo Diario
Domingo 30 de Abril de 2000 | Managua, Nicaragua
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Los Sacasa viven entre tigres, leones, dantos, monos...
Animales del zoológico en manos de matrimonio
* Doña Marina y el doctor Sacasa criaron a una tigrita que ya adulta los reconoce.
* Huéspedes del muestrario animal requieren de mayor apoyo estatal y privado.


KARLA CASTILLO

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  ¿No le gustaría una caricia de la «Tina»? Doña Marina Sacasa no le teme a la tigra de Bengala de tres años y medio de edad, porque la considera una de sus bebés, a la que crió con esmero, dándole biberón y arrullándola para dormirla. (Foto: Xavier Castro)  

Alguien probablemente crea que es una exageración, pero hay un matrimonio en Nicaragua al que el amor y la devoción por los animales ha unido monolíticamente.

Se trata del matrimonio conformado por el médico veterinario Eduardo Sacasa y su esposa, Marina. Ambos son miembros de la Asociación Amigos del Zoológico, que administra actualmente el sitio donde se crían más de 250 ejemplares en cautiverio, que van desde el ya casi extinto Rey de los Zopilotes, hasta los rarísimos tigres de Bengala.

El doctor Sacasa labora actualmente para el Programa del Gusano Barrenador, pero todo su tiempo libre lo dedica al cuido de los animales del Zoológico Nacional, ubicado en el kilómetro 16 y medio de la carretera a Masaya.

Su esposa, doña Marina, es la directora del Zoológico y está entregada en cuerpo y alma a los animales, para hacer de su encierro el hábitat que ya no pueden tener en las selvas o praderas.

HIJOS PARTEN, ANIMALES SE QUEDAN

No es difícil comprender por qué, décadas atrás, ellos se enamoraron y compenetraron de tal forma que hicieron un hogar con dos hijos varones, hoy adultos y casados, en el que nunca falta un animal enfermo que necesita de sus cuidos.

Tras la partida de sus hijos al extranjero, doña Marina ha quedado con su casa dispuesta para todos los «bebés» del zoológico, que por una u otra razón no pueden ser criados por sus padres. En su casa acogió, hace poco más de tres años, a una tigrita de Bengala, cuyo hermanito murió aplastado por su pesada madre.

La tigrita fue bautizada como «Tina», y después de sufrir múltiples enfermedades, debido a la precoz separación de su progenitora, se convirtió en una hermosa hembra cuyo comportamiento no trasciende al del gato doméstico.

Los visitantes del zoológico se quedan boquiabiertos cuando ven a doña Marina tocar la cabeza de «Tina», quien se deshace en arrumacos típicamente felinos. ¿No le da miedo que la muerda?, pregunta alguien, y la señora Sacasa se ríe, porque considera a «Tina» como una hija a la que alimentó con biberón por varios meses y arrulló como bebé, para compensar la ausencia de la mamá tigra.

Hace unos meses, el zoológico tuvo la sensible pérdida de la tigra de Bengala que trajo al mundo a «Tina». La bellísima ejemplar murió después que parió a dos tigres machos, que hoy sobreviven gracias al esmero del doctor Sacasa y su esposa.

INTERCAMBIO PARA «CASAR» A «TINA»

Estos tigritos ya alcanzaron su primer semestre de vida y, como «Tina», son muy cariñosos con los esposos Sacasa. Se llaman Pumba y Yuma y el destino de uno de ellos será otro zoológico en Centroamérica, porque ninguno puede convertirse en «marido» de «Tina», en su calidad de hermanos, por lo que es necesario hacer un intercambio para traer a otro macho.

Una miembro nueva del zoológico es una danta -animal en peligro de extinción que ya desapareció en países como El Salvador-, la que llegó impresionantemente herida, infestada y desnutrida hace dos meses.

La danta «Florcita» fue llevada por su dueño, quien declarándose incapaz de curarla, decidió entregarla al zoológico. «Era horrible, nunca pensamos que sobreviviría», dijo doña Marina, mientras tocaba el lomo del animal, hoy totalmente recuperado.

El doctor Sacasa realizó un arduo trabajo para curar a «Florcita», ya que, según su anterior dueño, se había escapado de su casa y unos vecinos intentaron matarla a machetazos, para comérsela. La pobre danta tenía varias heridas profundas en el lomo y para suturarla, el doctor Sacasa tuvo que usar hilo de pescar, pero hoy está hermosa y con apenas huellas del salvajismo alentado por el hambre.

Gracias a esa labor tan entregada, los Sacasa han logrado obtener ya dos crías de Rey de los Zopilotes, las que sobrevivieron porque el veterinario observó pacientemente el período de incubación y nacimiento de los padres y tras varios intentos fallidos, retiró los huevos a punto de reventar y alimentó a los polluelos aún en su cascarón.

NECESITAN MAS DINERO

Para mantener este complejo se necesita mucho más que los veinte mil córdobas que el gobierno asigna mensualmente. Sólo los felinos grandes y otros animales, consumen 260 libras de carne diario, la que a veces es conseguida por donación de un matadero, además de los pollitos y menudencias que dona la empresa Tip Top.

Si bien es cierto que gracias a las donaciones han mejorado la infraestructura, también falta mucho para dar toda la comodidad a los animales. A algunas jaulas les falta el techo y hay peligro de inundación, ya que las fincas cercanas dirigen sus aguas al zoológico.

Para dar mejor atención a los principales visitantes, que son los estudiantes, los Sacasa han logrado acondicionar un pequeño auditorio, donde antes del recorrido por el lugar, muestran a los muchachos videos educativos para sensibilizarlos, con el fin de que no molesten a los ejemplares.

También para los animales, ahora hay una clínica veterinaria atendida por el doctor Sacasa en el mismo zoológico, y un área de cuarentena donde permanecen por un tiempo los recién llegados, bien por la vía de la donación o por la compra.

¿Algunas novedades?, hay unos patitos rusos, muy coloridos por cierto, un lobo, una cría de ocelote -que son muy difíciles de obtener-, sahínos, por supuesto los leones africanos -una leoncita fue criada por los Sacasa, al igual que «Tina», y se llama China-, los gatos ostoche y otros tantos.

Doña Marina no se queja de la asistencia de los estudiantes, pero cree que debería haber una programación de las visitas, para evitar una atención deficiente, por lo que pone a la disposición de los colegios el teléfono 279-90-73, que corresponde a su oficina.

Los Sacasa probablemente dejarán el zoológico hasta el fin de sus días, pero mientras tanto gestionan, se quiebran la cabeza y hacen cuentas para ayudar a sus mimados. Entre sus planes futuros está echar a andar algo así como un programa que se llame «adopte un animal», mediante el cual, un particular o una empresa puede mantener la alimentación y el cuido de un miembro de esta hermosa comunidad.
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  La danta «Florcita» llegó desnutrida, macheteada e infestada al Zoológico Nacional, pero el doctor Eduardo Sacasa la rescató de la muerte y hoy es uno de los atractivos del lugar. (Foto: Xavier Castro).  



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