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  El Nuevo Diario
  Miércoles 29 de Septiembre de 1999 | Managua, Nicaragua
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La patria y el patriotismo

Julio César Sandoval

«Patria es... el lugar donde se vive bien».

En la escuela estamos preparando nuestra historia. Esta historia no cambia cuando no cambia el hombre. En la página del futuro vamos a escribir la historia del pasado, de un pasado que aún tenemos la facultad de someterlo a plan y orden, como los estrategas militares que, como fin, persiguen la victoria.

Nuestros abuelos vivieron de instintos y costumbres, como los animales, antes de la Independencia y después de la Independencia. Nicaragua ha vivido de constantes que enervan: abajo, hacerse con lo necesario para vivir; arriba, acumular excedentes sin el mayor provecho. Se juntaron los rencores indígenas de tribus con las inhumanas insidias medievales y nació un híbrido que carece del cerebro creador e investigador que hace el progreso.

En la escuela estamos preparando nuestra historia. Para que la historia cambie hay que cambiar al hombre, y para que el hombre se despegue de sus adocenadas actitudes hay que hacerle ver la historia. Para hacer otra historia hay que leer y observar la vieja historia. Si ante la civilización del mundo nosotros vivimos la era de las cavernas, tenemos que empezar por descubrir la máquina simple. Tenemos que empezar por descubrir el fuego.

No porque el mundo corre nosotros vamos a salir corriendo. Se necesita de previo el entrenamiento. El éxito no se toma: se gana con el esfuerzo. ¿Qué razones tenemos para increpar a los dioses de injusticia? Tenemos 178 años de dar al patrón los buenos días con las manos juntas. Perduran en nosotros el instinto y la costumbre.

Nuestro crecimiento debe principiar por nuestro autoconocimiento y por el conocimiento de Nicaragua-historia ante el desarrollo-historia del mundo que nos rodea. ¿Nacionalismo? El viejo nacionalismo se quedó en el pasado. Nosotros aún introducimos en las escuelas el culto de los símbolos y los próceres, y a eso le llamamos patriotismo. Nuestros maestros todavía le hablan a sus alumnos de las bellezas del paisaje.

La potencia de los volcanes y la riqueza mineral de la tierra. Todos los paisajes son bellos, todos los volcanes son maléficos y solemnes y la riqueza de nuestra tierra es como el sacrificio de Tántalo. Hay que enseñarle al maestro «para que enseñe» que el diamante se pule y el oro se hace joya en las manos del orfebre. La riqueza no se recoge: se hace... y el hombre hace cuando tiene conocimiento. Tenemos que hacer en vez de celebrar. Todas las banderas flamean y todos los himnos nos conmueven y todos los escudos simbolizan, pero no hacen ni al hombre y ni a la patria.

Por eso las celebraciones de septiembre no conducen a nada. O, peor aún, conducen a la competencia externa y vanidosa de centros escolares que, por encima de la triste realidad de la patria, anteponen prestigios pasajeros y aplausos.

Septiembre no es para pantomimas y oropeles, es para el inventario de los valores morales y los conocimientos prácticos.

Los príncipes antiguos o medievales llevaban a sus batallas estandartes y lábaros para aglutinar a sus huestes. Ya en nuestro tiempo, Hitler y Mussolini izaban sus pendones imitando el imperialismo romano. Pero no eran los símbolos, no bastaban, faltaba algo. Y ese algo es el hombre consciente de sus actos. Los símbolos representan eso es todo. Las realidades de la patria son el binomio del hombre y de la tierra en busca del progreso. La falta de ese ordenamiento nos ha dado una historia inerte.

El instinto y la costumbre con todas sus animales suspicacias nos han convertido en monos, pero no en hombres. Monos de imitación que desde la Independencia, y antes, marchamos con pitos y tambores, uniformados con un envejecido criterio de la patria. La rutina nos grita: «¡Amemos a la patria»! «¡Muramos por la patria!» «¡Muramos por la patria!» Pero ¿qué es la patria? ¿Acaso es el pacto entre el nativo y el suelo? ¿O el misterio nebuloso de los ídolos? ¿O el reducto del hogar y la parcela?

Si sientes patria, sientes patriotismo. El patriotismo es amor y tiene historia. El patriota, más que el suelo, ama el pasado, sus héroes. ¿Qué sabe usted del pasado? ¿Qué le debe a sus próceres? ¿Por qué, tras una Independencia de indiferencia absoluta para el indio, los criollos y mestizos ha convertido a Nicaragua en un estanque?

La Independencia nunca ha sido libertad. El nativo de ayer tenía menos angustias que el nativo de hoy. Si el tiempo ha hecho que los dioses nos abandonasen y que la tierra se vuelva contra el hombre, ¿qué nos queda de patria? ¿Qué puede amar el hombre?

Si los políticos próceres de este tiempo cambian su nacionalidad según su conveniencia ¿es que se puede cambiar el patriotismo como un traje? Siguen siendo patriotas o simplemente hacen suyo el cínico principio de que «patria es el lugar donde se vive bien?».

Entonces el pueblo nicaragüense es un apátrida. Entonces nuestros próceres hicieron el ridículo y nuestros mártires se murieron en vano.

¡Pobres maestros! Se tienen que encajonar en la rutina. ¿Cómo hallar el progreso con las luces del instinto y la costumbre? Si los maestros tienen que hacer al hombre nicaragüense, antes de enseñar el culto de los símbolos, deben enseñar el culto de la tierra... el derecho de la tierra... el milagro de la tierra... el amor a la tierra que es carne y sangre y vida... y la tumba final.


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