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  Viernes 24 de Septiembre de 1999 | Managua, Nicaragua
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pobreza y educación: en círculo vicioso

Miguel De Castilla Urbina
Managua

La relación entre Pobreza y Educación es la de un círculo vicioso en la que uno y otro proceso se retroalimentan entre sí, provocando día a día como en una espiral descendente, mayores niveles de miseria a los seres humanos que lo sufren. Pobreza, escuela de calidad deficiente y trabajo infantil, sumado a los déficits de la cultura de la pobreza de su medio familiar y social, integran una intrincada madeja, que empobrece a las personas, al sistema escolar y al propio sistema social.

1. ¡HAY ESCUELAS, PERO HAY NIÑOS SIN ESCUELAS!

En Nicaragua, más que hablar de un sistema escolar inequitativo, hay que hablar de un sistema social (jurídico-económico y cultural) inequitativo. Esto es posible comprobarlo a través del análisis de la siguiente contradicción: obviando su dispersión, aparentemente existen en el país suficientes oportunidades escolares (escuelas públicas y privadas) para la cantidad de usuarios que demandan sus servicios, tanto a nivel urbano como rural; no obstante, simultáneamente, cada año quedan fuera de los servicios escolares alrededor de un millón de niños y jóvenes en todo el país: 475.000 niños en edad preescolar; 170,000 niños de siete a doce años fuera de la Escuela Primaria y más de 450.000 adolescentes fuera de la Educación Secundaria.

La pregunta que surge de esta sinrazón es la siguiente: ¿si hay suficientes espacios en la oferta escolar, por qué motivos quedan fuera de la escuela anualmente un millón de niños y jóvenes que obviamente en el futuro engrosarán las filas del analfabetismo y la baja escolaridad y por ende la baja productividad, los bajos sueldos, la informalidad, el desempleo, el trabajo infantil, la mendicidad y la pobreza?.

¡Hay escuelas, pero hay niños sin escuelas!, cómo se explica esta contradicción; la explicación, obviamente no hay que buscarla en el interior del sistema escolar, sino que en el sistema social, y la respuesta es la siguiente: ¡Hay pobres, y por lo tanto, hay niños y jóvenes cuya prioridad es la sobrevivencia, y por ese motivo, la educación, la escuela y todas sus promesas, igual a la vivienda digna, la salud, la alimentación, la diversión sana, son un lujo al que no pueden acceder. Porque hay pobreza es porque hay aulas escolares sin alumnos, e igual, porque hay pobreza es que hay niños que trabajan o mendigan.

El caso ha llegado a tal extremo, que como producto de los aranceles de todo tipo, que desde 1993 viene imponiendo la autonomía escolar a las familias pobres, muchos alumnos han tenido (y tienen) que abandonar la escuela, motivo por el cual, es común oír en las radios u oír "baratas" en los barrios, anunciar que en tal o cual escuela o instituto, hay cupos libres para que lleguen a matricular a sus hijos. Todo porque si las Escuelas no llenan el requisito establecido acerca del número de alumnos, son bajadas de categoría y el MECD les reduce los subsidios.

2. ¿Y LOS NIÑOS POBRES QUE LOGRAN ACCEDER A LOS SERVICIOS ESCOLARES?

No obstante, con ser grave la problemática planteada, hay todavía más, ¿qué pasa con los niños y jóvenes que logran acceder a un cupo en la oferta escolar anual?...¿Persisten en su empeño y logran al final las calificaciones necesarias para su promoción grado por grado y su graduación al final de cada nivel o ciclo educativo escolar?.

La respuesta a esta pregunta también es negativa, pues la decisión de lograr alcanzar un pupitre escolar no es privilegio de los no pobres, sino que hay sectores de pobres, que "haciendo de tripas corazón", logran acceder a un cupo en la matrícula inicial de escuelas y colegios, y por ende van a la escuela, teniendo como compañía todas las carencias y limitaciones que impone el estatus social de ser pobre.

En tal sentido, tienen tres caminos: a) la deserción o abandono escolar; b) la reprobación, aplazado o fracaso escolar; y c) las bajas calificaciones. Rara vez y sólo como excepción, la alternativa es, las altas calificaciones y la excelencia.

Es obvio, el sistema social al que pertenece el sistema escolar, penetra, empapa e impregna con sus vicios y virtudes las estructuras y procesos de éste, provocando también pobreza en los resultados.

En este orden y como producto de su relación, cercanía y parentesco con el sistema social, que tiene como atributo guardar en su seno a alrededor del 80 por ciento de la población en estado de pobreza; el principal problema del sistema escolar nicaragüense, no es tanto de escasez de la oferta de servicios educativos, (el tamaño de la oferta es casi un reflejo de la demanda, los dos son pequeños) sino que el problema es de su capacidad interna para retener en su seno a la población matriculada y de la capacidad de ésta para perseverar y mantenerse en el sistema escolar, tras su propósito por alcanzar la aprobación del grado respectivo.

Los datos son más elocuentes: en 1996, el índice de deserción de la Educación Primaria era de 12.90%; 11.51% femenino y 14.37 masculino. Por su parte, el índice de aplazados para este mismo nivel educativo, en el mismo año de 1996, fue del 16.02%, 14.76% femenino y 17.32% masculino.

Este es el proceso de "desgranamiento" vía deserción y vía aplazados para el nivel primario nicaragüense hace solamente 3 años, la nueva pregunta que surge ahora es la siguiente: y los que aprobaron su grado, ¿cuál fue la calidad de la dieta cognitiva, que esos niños incorporaron a sus experiencias personales, para ir poco a poco alcanzando su autonomía personal, en el proceso de construcción de sus propios aprendizajes?. Este será tema de otro artículo.


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