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  Viernes 1 de Octubre de 1999 | Managua, Nicaragua
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Gobernabilidad e Ingobernabilidad


La gobernabilidad y la ingobernabilidad no son fenómenos acabados, sino procesos en curso, relaciones complejas entre los componentes de un sistema político. En general, la crisis de gobernabilidad se atribuye a la incapacidad de los gobernantes a satisfacer la demanda de los ciudadanos.

Sin embargo, la ingobernabilidad no es sólo ni principalmente un problema de acumulación y distribución de recursos, bienes y servicios a los ciudadanos, sino más bien un problema de naturaleza política: el de la autonomía, complejidad, cohesión y legitimidad de las instituciones. La ingobernabilidad es el producto conjunto de una crisis de gestión administrativa del sistema y de una crisis de apoyo político de los ciudadanos a las autoridades y al gobierno. El sistema administrativo no logra manejar los mecanismos de control que le exige el sistema económico; y, por otra parte, el sistema legitimatorio no logra mantener el nivel necesario de lealtad de las masas al actuar los mecanismos de control que le exige el sistema económico.

Las características atribuidas al fenómeno actual de ingobernabilidad no son elementos absolutamente nuevos. Crisis fiscales de los Estados, falta de institucionalización de las organizaciones y procesos políticos, colapso de los aparatos administrativos y falta de legitimidad de las estructuras políticas que se han producido en todo tiempo y lugar, y frecuentemente han llevado a revoluciones, guerras civiles y golpes de Estado. Pero no hay duda que los sistemas políticos han sufrido de un proceso común como son: la expansión de la política de toda su esfera y actividad, la mayor participación de los ciudadanos y de la intervención del Estado. Dicha expansión constituye el motor de un fenómeno que presenta rasgos peculiares respecto del pasado.

La crisis actual, de cualquier forma que se interprete, tiene como telón de fondo, una serie de acontecimientos de carácter político en sentido amplio. En efecto, un Gobierno que utiliza abiertamente sus propias fuerzas de coerción para ayudar a una clase a acumular capital a costa de otras clases, pierde legitimidad y socava las bases de lealtad y consenso. El Estado debe esforzarse por crear y conservar condiciones idóneas para una rentable acumulación de capital, y por otro lado, por crear y conservar condiciones idóneas para la armonía social. Las modalidades con las que se cumplen tales funciones y el peso de la coerción y del consenso en el proceso de acumulación y de distribución de los recursos, varía según la forma de gobierno y su orientación ideológica.

Una democracia es tanto más fuerte cuando más organizada está, y el aumento de la participación política debe ir acompañada por una institucionalización (legitimación y aceptación) de los procedimientos y organizaciones políticas. Si por el contrario disminuye la autoridad política se tiene como consecuencia la ingobernabilidad del sistema. La disminución de confianza de los ciudadanos respecto de las instituciones de gobierno y la falta de credibilidad en los gobernantes provocan automáticamente una disminución de las capacidades de estos últimos para afrontar los problemas, en un círculo vicioso que puede definirse como la espiral de la ingobernabilidad.

Lo gobernabilidad de una sociedad en el plano nacional depende de la medida en que es gobernada eficazmente a niveles subnacionales, regionales, locales, etc.

El tratar de reducir o limitar la autonomía de los niveles antes mencionados, no contribuye a la eficacia de la gobernabilidad. Se hace evidente que los sistemas políticos actuales son más difíciles de gobernar y de transformar que los sistemas políticos que han existido históricamente.

El uso de la fuerza (o la amenaza de recurrir a ella) ha sido siempre el medio específico que han tenido las autoridades del gobierno a su disposición para garantizar la supremacía de su poder. Sin embargo, puede decirse que un gobierno será fuerte si se funda en el consenso, mientras que ningún gobierno podrá subsistir a la larga si está constreñido a imponerse siempre por la fuerza. Aunque el liberalismo, la democracia y el socialismo hayan contribuido a ampliar la base social del poder y, en consecuencia, hayan dado inicio a un proceso de humanización de la vida política, el ejército, la policía, las cárceles, etc., constituyen el fundamento último sobre el que descansa el poder del gobierno. La fuerza y el consenso son pues los dos momentos dialécticos que definen al gobierno; ¿Cuál escogerá el Gobierno para fundamentar la Gobernabilidad?

*Gustavo-Adolfo Vargas. Diplomático, Jurista y Politólogo.


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