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| Jueves 24 de Junio de 1999 | Managua, Nicaragua |
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A la par de «El Zanatillo», el pinol, la Flor de Sacuanjoche y El Madroño, los nicaragüenses reconocen en la práctica que no se es nicaragüense si no se es impuntual.
«Nací impuntual moriré impuntual» Este insólito símbolo de todos los nicaragüenses se ha convertido en parte de toda nuestra liturgia laboral, social, política y hasta deportiva. Con la impuntualidad que es llevada por muchos con la frente en alto no se escapan ni los sacrosantos lugares de las iglesias, sean católicas o evangélicas; no se respetan ni las logias y otros grupos esotéricos, y hasta hay muertos impuntuales porque se anuncia el entierro a las 3 para bajar a tierra a las 4 de la tarde. !Dígame usted! Sin duda que este vicio nacional es un notable producto de exportación para un nicaragüense intentando radicarse en el exterior, pero pronto, tal como deja el acento nicaraguano a lo inmediato para adoptar el «siseo» a lo tiquillo o el deje acubanado de Miami, se abandona -ni modo-, el hábito de la impuntualidad. Es que si no, no hay trabajo. Este pleito con el reloj es más antiguo que el pinol. Se cree que Gil González se quedó esperando una hora para poder hablar con el Cacique Nicarao. El sabio jefe lo mandó a distraerse a la Mar Dulce y a hacerse más agua la boca con el Estrecho Dudoso. La impuntualidad en la historia también ha sido fatal. Una pésima sincronización en el levantamiento de Abril del 54, o la ritual manera de despreciar la hora precisa, impidió que el país se desembarazara de la dictadura del primer Somoza. La licenciada Ledia Gutiérrez dijo que «no tenemos cultura porque somos tan irresponsables porque le faltamos el respeto a las demás personas, haciendo esperar». Todos alguna vez han sacado provecho de llegar «tarde». Somos unos grandes devotos de la tardanza. Por ejemplo, la media naranja femenina si quiere probar hasta dónde es capaz de amarla su Romeo se esmera en hacerlo esperar en el parque, o en el lugar convenido, su gran rato. Es parte de la prueba que una dama exige pasar, paradójicamente, con precisión inglesa a su pretendiente. La sicóloga nos dice: «Es una falta de consideración, todo es producto de los buenos o malos hábitos que nos han enseñado». La verdad, es que es parte de una desastrosa tradición. Sólo falta que al Credo Nicaragüense de «nací católica y me moriré católica, soy liberal y hasta el fin de mis días seré así», se le agregue: «Nací impuntual y moriré impuntual». EL USO HORARIO NICARAGüENSE Y así, aunque el resto de las naciones se organicen con respecto al Tiempo Meridiano de Greenwich, contamos con nuestro ateperetado Huso Horario: La Hora Nica. Somos unos grandes atolondrados con el tiempo, y hasta en esto se mete su cuchara la política: ¿Sabía usted que Radio Corporación y Radio Ya ni la hora comparten? A la hora oficial emitida en la Radio del Estado se contrapone la hora de la oposición. La cosa va más allá, compare las horas de las distintas emisoras, y cada una le dará una hora diferente. Pero como es un rito individual de proporciones nacionales, hay quienes sufren de estos desajustes del tiempo y otros que se complacen. En las instituciones, y ya como algo aceptado, es parte de la costumbre citar a las 10 de la mañana para empezar a las 11; invitar a las 5 PM para iniciar un cuarto a las 6. Dice Ledia que la puntualidad es una de las condiciones básicas para las relaciones interpersonales. «Desde entonces yo tengo buen hábito de la puntualidad». Pero esta institucionalización de los horarios desordenados debe acabar, manifiesta. Hay que empezar a disciplinarnos, creo que somos suficiente maduros. Como todo empieza desde el hogar, los niños aprenden lo que ven de sus padres: un gran repudio al reloj. Cuando los chavalos son invitados a una piñata a las 3 de la tarde, la madre los alista a esa hora para que lleguen a las 4. LOS GRANDES PREJUICIOS «Si una piñata es a las 3 de la tarde, debés estar a esa hora en esa casa, y a esa hora debe comenzar», recomienda la sicóloga. Hay gente que le da pena la puntualidad. Si son invitados a un almuerzo a las 12, piensan que si son puntuales estarán demostrando que son «muertos de hambre», y para «protegerse» dejan que el minutero señale 40 más tarde. «Ahí está el meollo, porque tenemos los grandes prejuicios. Es que no nos quitamos la caparazón que andamos encima, por el qué dirán las demás personas, en vez de buscar cómo sobresalir y educarnos». Ella nos dice: «Si comenzáramos desde la casa, del colegio a tener más responsabilidad, sería lo mejor. Parte de la responsabilidad es la puntualidad, por algo te ponen los boletines. Asistencia y puntualidad. Si llegás tarde te bajan puntos, pero ese hábito como que no entra en los niños porque no hay conexión entre la casa y la escuela». -Pero hay horas para ser puntuales: las telenovelas. -Es una cosa que no la podés variar. No está a tu libre albedrío que podrás decir la voy a grabar y voy a salir, pero el que la va a grabar debe estar puntualmente. La gente no cena, deja de hacer cualquier cosa, para ser puntuales. LA TACTICA DE LOS POLITICOS Piensa que se debe comenzar en la familia, a enseñar a los niños que respeten los horarios. Se enseña y se enseña haciendo. -Pero eso es en la escuela... ¿y qué de la gente hecha y derecha? -Que aprendan a respetar el horario. Mis seminarios comienzan en punto. Es una forma de darte a respetar. Vamos a lo mejor. La política: Ledia nos dice que en política la impuntualidad se utiliza para causar sensación y hacerse notorio. Hay una cantidad de juegos, de tácticas, cómo medir tu popularidad; el nivel de tolerancia de las masas, de acercamiento a ese líder. Ese nivel de tolerancia es un termómetro, entre más esperés, hay más expectativas, eso hace subir el ego al personaje que se va a presentar; es una falta de respeto, y una táctica. ¿Qué hay en ese momento?, una frenesí, una euforia colectiva, ellos dejan correr que eso suba para al momento en que el líder o candidato aparezca eso está candente, efervescente, y todos pegan gritos, el viva al fulano de tal. «Son tácticas sabias», dijo, y ciertamente no estamos tan de acuerdo con esta exoneración sicológica a los líderes de los grandes partidos, especialistas en retrasar las manecillas del reloj...
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