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| Jueves 17 de Junio de 1999 | Managua, Nicaragua |
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El hecho es claramente verificable si se toma en consideración
que el vocabulario de uso diario en Nicaragua está constituido
por la mayor parte del léxico que se utiliza en España (salvo
algunas palabras de empleo ibérico que aquí resultarían
incomprensibles), más muchísimos americanismos de uso general
en este continente, y un acervo propio de empleo exclusivo en
Nicaragua y en algunos casos los países limítrofes, de varias
miles de palabras más.
Varias causas ayudarían a explicar esta riqueza del castellano de Nicaragua. 1.- En primer lugar, debe tomarse en consideración que en términos generales cualquier castellano hablante de cultura media en América Latina emplea al hablar un vocabulario más abundante que el de un español de la misma condición. En América Latina se conservan multitud de palabras extintas del uso habitual de la lengua en España... pero que El Quijote o El Lazarillo recogen abundantemente. Frente a ese sobreuso de arcaísmos que datan de la época de la Colonia, un gran número de neologismos posteriores se han incorporado al castellano de España, sustituyendo a aquellas viejas palabras de tanta solera. En América Latina, esos mismos neologismos también han sido adaptados, pero sumándose a los arcaísmos, no necesariamente sustituyéndolos. EL MESTIZAJE 2.- Por otra parte, la población nicaragüense es de las más mestizas del continente. Es decir, la minoría indígena es irrelevante en términos estadísticos y la minoría blanca también lo es. En los países del Cono Sur, Costa Rica y otros de población mayoritariamente de origen europeo, la rápida desaparición de las culturas autóctonas, no facilitó que gran parte del vocabulario indígena se volcase en el castellano de uso en tales zonas. En los casos en los que la situación fue la opuesta, es decir, las poblaciones indígenas sobrevivieron en gran número, el mestizaje también fue menor, teniendo lugar una escisión social en la que la población de origen europeo conservó su castellano, y la población autóctona sus lenguas indígenas, con un cierto trasvase léxico en ambos sentidos, pero no excesivamente grande. Tales son los casos de Guatemala, México, Bolivia, Ecuador o Perú. Por el contrario, en Nicaragua, como en Honduras o El Salvador, las poblaciones indígenas se diluyeron por completo, mestizadas casi íntegramente. Sus lenguas desaparecieron, pero en ese proceso, un enorme número de vocablos indígenas pasaron a formar parte del acervo lingüístico local. En Nicaragua, existen centenares de palabras de origen náhuatl de uso corriente, cuando el náhuatl hace siglos que es una lengua muerta desde el sur de México. 3.- Un tercer motivo se encuentra en la enorme influencia norteamericana presente en la historia nicaragüense a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, sólo comparable en el hemisferio a la situación de Puerto Rico y Panamá. Nicaragua ha vivido más años de historia como país independiente con presencia directa de fuerzas norteamericanas (o británicas en la Costa Atlántica, anteriormente) que con ausencia de las mismas. De ahí el enorme número de anglicismos de su lenguaje, muy superior al del resto de Centroamérica, al de Sudamérica o incluso al de México. Ello implica que junto a la palabra castellana, haya surgido el sinónimo de origen anglosajón, ambos conviviendo, aunque a veces con matices de significado. Esos anglicismos no datan necesariamente de los últimos años. Muchos tienen su origen en la presencia de marines norteamericanos en el país a inicios de la centuria, o incluso antes. RIQUEZA EXPRESIVA 4.- Finalmente, debe tenerse presente que Nicaragua es, después de España, México, Cuba y Argentina, uno de los países hispanohablantes con una tradición literaria más rica. En proporción a su tamaño y población, el número de poetas, ensayistas y novelistas que el país ha producido es sin duda apabullador. Los autores nicaragüenses, desde Rubén Darío hasta nuestros días, y sobre todo los poetas, han enriquecido enormemente el léxico local con la invención de giros y palabras que se han convertido en términos de uso habitual cotidiano. Hay quienes a estos factores añaden otros menos cuantificables pero sin duda igualmente sugerentes, como la existencia de un cierto genio colectivo local para el lenguaje oral. Se dice que todo nicaragüense es un poeta, pero, más allá de los lugares comunes, lo cierto es que en ninguna otra parte de América Latina, salvo quizás en Cuba, se disfruta tanto con la riqueza expresiva de las conversaciones cotidianas. (*)Dr. en Derecho y Consultor de Cooperación. Compartir:
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