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  El Nuevo Diario
  Lunes 14 de Junio de 1999 | Managua, Nicaragua
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¿Qué es la corrupción?

Oscar René-Vargas*
Managua

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La corrupción es un comportamiento antiguo, hace mucho tiempo ilegal, pero objeto de una práctica tolerada en las altas esferas de la clase dominante y de la opinión pública. La corrupción es difícil erradicarla por completo. En todo caso, se trata de reducirla a su mínima expresión, a través de la prevención y de la efectiva aplicación de la ley para castigar la distorsión. Hemos entrado en un período en donde este comportamiento, antes tolerado, ya no lo es más.

Actualmente la corrupción es vista como un asunto que merece urgente atención por la sociedad en su conjunto. Diversos elementos de la realidad nacional nos muestran que el fenómeno ha adquirido dimensiones preocupantes y que a su vez se han desarrollado múltiples acciones en contra de ella.

Nuevas leyes son propuestas para castigar las conductas tipificadas como corruptas. Se han creado entidades dedicadas exclusivamente a la lucha anticorrupción. Los medios de comunicación brindan amplios espacios y un gran despliegue de las noticias relacionadas con la corrupción administrativa. Desde la sociedad civil se han multiplicado las protestas, denuncias, reclamos y marchas en contra de la corrupción. La ética ha cobrado una mayor importancia como medio para enfrentar la inexistencia de valores comunes y la expansión de la corrupción administrativa.

La corrupción tiene tres vertientes principales: la corrupción del estamento político, la del sector económico-financiero y la policial-judicial. Las altas esferas de la política y los negocios se han visto afectadas por escándalos muy importantes. La opinión pública ve a los funcionarios públicos, y éstos a su vez se ven a sí mismos, como un cuerpo no responsable ante la comunidad a quienes ellos han prometido servir. Por otro lado, las acusaciones mutuas de corrupción entre los políticos no han cesado de aumentar, así como su conversión dudosa de algunos «políticos tradicionales» en luchadores contra el fenómeno de la corrupción.

¿Cómo percibe la sociedad a la corrupción? La percibe como un hecho abominable, la percibe con indiferencia o la percibe como una oportunidad que no se debe desperdiciar. Independientemente de cual sea la percepción social, es definitivamente preocupante que la corrupción, o mejor aún, las conductas corruptas, se incorporen a la cultura como un hecho cotidiano, ejecutado de manera tal que se evite el escándalo. El repudio bullicioso de la corrupción y la aceptación callada, por la mayoría de la población, de sus normas de funcionamiento expresan el doble discurso social existente en el país frente a la corrupción. Este doble discurso social es tan pernicioso como la corrupción misma. Pareciera que cada quien frente a un caso personal considera que existen atenuantes que justifican un acto de corrupción.

¿Cómo afecta la corrupción al proceso de crecimiento y de desarrollo del país? En cualquier negocio que suponga transitar un largo camino de trámites, con las consecuentes demoras para un proceso productivo, el pago de soborno establece una competencia desleal frente aquellos cuya conducta está sostenida por una postura ética-moral que no pagan «coimas». Esta práctica es una realidad, la cual desistimula la inversión, por el elevado costo moral que supondría vincularse con un sistema corrupto. En la otra cara de la moneda, para aquella empresa sin orientación ética-moral, la corrupción se asume como un costo de operación. Para estas empresas ni la satisfacción de las necesidades sociales, ni la calidad de lo producido, son tomadas en cuenta en sus planes.

La manera de entender la corrupción es sentirla, lo que se siente interesa, y lo que interesa se comprende. Las corruptelas que se practican en tal o cual institución estatal, en el mediano o largo plazo, tendrán incidencia en la política social hacia los sectores empobrecidos. Si el basurero de las corruptelas lo pretenden tapar porque políticamente no conviene, y lo colocan lejos, para que no moleste, a un plazo mayor, éste será el problema principal para toda la sociedad. No hay que olvidar que, hoy no se puede ocultar nada.

Los ciudadanos preguntan mucho y solicitan explicaciones acerca de los problemas que viven, y los medios de comunicación están obligados a responder.

En términos simples, la corrupción es el abuso o uso impropio del poder público para obtener un beneficio particular o, también, la transferencia ilegítima de recursos de lo público a lo privado. Es decir, se define como corrupción al fenómeno por medio del cual un funcionario es impulsado a actuar de modo distinto a los estándares normativos del sistema para favorecer intereses particulares a cambio de una recompensa. Corrupto es, por lo tanto, el comportamiento desviado de aquel que ocupa un papel en la estructura estatal (...). También, la corrupción es un modo particular de ejercer influencia: influencia ilícita, ilegal e ilegítima. Esta se encuadra con referencia al funcionamiento de un sistema y, en particular, a su modo de tomar decisiones.

Es decir, la corrupción en todas sus variantes es una delincuencia organizada, altamente tecnificada y sofisticada.

Hay dos categorías muy diferentes de corrupción administrativa: la primera acontece cuando los actos corruptos se cometen «de acuerdo con las reglas» y la segunda cuando las operaciones se desarrollan «en contra de las reglas». En el primer caso, un funcionario está recibiendo un beneficio de parte de un particular por llevar a cabo algo que debe hacer, según lo dispone la ley. En el segundo caso, se cometen actos de corrupción para obtener servicios que el funcionario tiene prohibido proporcionar. La corrupción «de acuerdo con la ley y contra la ley» puede ocurrir a todos los niveles gubernamentales y oscila desde la «gran corrupción» hasta las más comunes y pequeñas «raterías».

La corrupción se ha convertido en un verdadero sistema de relaciones ocultas, en una trama muy amplia y honda que amenaza y pone en peligro a bienes, personas e instituciones y que, a contrapelo, acumula privilegios y poderes, complicidades férreas y turbias, en diversos sectores del poder tenidos por intocables.

* Oscar-René Vargas. Sociólogo, economista y analista político. Autor del libro: Nicaragua: después del Mitch...¿qué?


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