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  El Nuevo Diario
  Miércoles 14 de Julio de 1999 | Managua, Nicaragua
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Modelos Económicos del Primer Mundo

Francisco Laínez
Managua

Ilustran los conceptos del artículo publicado por The Economist de Londres "Buscando el modelo perfecto", alrededor de las economías de Estados Unidos, Japón y Alemania, y considero de interés trasladar una síntesis a la opinión pública.

En los últimos años comenta, se ha declarado la muerte a modelos alguna vez populares, como el japonés para mejorar la competitividad, los tigres asiáticos aclamados como un dechado de virtudes económicas y el alemán de mercado social.

Hoy se especula que los países ricos y pobres, deberían adoptar el modelo estadounidense por su flexibilidad en los mercados laboral y de productos, como por el capitalismo de acciones; sin embargo, es cuestionable que la economía estadounidense sea la primera del mundo.

The Economist califica a las tres grandes economías en base a tres estándares: el crecimiento de la producción, la productividad y la creación de empleos.

Primero, la economía de Estados Unidos se ha expandido sostenidamente desde 1992, en tanto las de Japón y Alemania han sufrido recesiones. El mejor estándar para medir el desempeño económico es el crecimiento del PIB per cápita. En la década pasada en USA el promedio fue de 1.6% anual, exactamente el mismo de Japón y menor que el de Alemania.

El segundo calibrador del desempeño económico es la productividad, área en la que USA, se pregona, está viviendo un milagro. Su nivel (PIB por trabajador) continúa siendo el más alto que en cualquier otra parte, y la tasa de incremento se ha acelerado en años recientes. Sin embargo, en los últimos 10 años ha crecido ligeramente menos rápido que la de Japón, mientras el ritmo de la alemana se ha duplicado.

La única área donde USA muestra claramente un desempeño superior es en el tercer estándar, creación de empleos: el desempleo ha caído a un 4.2% de la fuerza laboral, menos de la mitad de la tasa alemana del 10.5%, y por primera vez, esta cifra está por debajo del 4.6% en Japón.

Pero USA es vulnerable a la crítica por su mayor desigualdad en los ingresos, ha permutado mayor inequidad por un crecimiento más rápido. El 20% más rico gana 9 veces más que el 20% más pobre, mientras en Japón es de cuatro a uno y en Alemania seis a uno.

Si la economía estadounidense entrara en recesión, su "modelo" también quedaría en la línea de fuego. ¿Quiere decir que no es mejor que las otras? No necesariamente. Hay varias explicaciones para un desempeño similar al de sus rivales en un plazo relativamente largo.

En Japón y Alemania, el PIB per cápita está rezagado frente al de USA, por lo que, les es más fácil crecer. Adoptar la tecnología inventada en otra parte es más fácil que ser la economía líder.

Segundo, se tiende a exagerar diferencias y no similitudes de los modelos económicos para crear mitos sobre la naturaleza de las economías. Así pasó en Asia oriental y con el éxito de la economía japonesa en las décadas de los setenta y ochenta. Y tampoco el modelo estadounidense es lo que se publica de él; no obstante su reputación de mercado sin trabas para el control corporativo, persisten algunas prácticas corruptas.

La mejor receta para el crecimiento es extensa, pero sin ingredientes mágicos: incluye alto ahorro, impuestos bajos, apertura al comercio, buena educación, imperio de la ley, sanas políticas monetarias y fiscales. Cada modelo hace énfasis en determinados ingredientes, otorgándoles fortalezas particulares.

La tercera razón para el desempeño más bien modesto de USA durante la década pasada es que el modelo ideal cambia con las circunstancias económicas. En los años 60 y 70 en Japón, el entrenamiento de alta calidad y el empleo vitalicio ayudaron a resolver la escasez laboral y evitar disputas, al tiempo que las buenas relaciones entre compañías, bancos y gobiernos estimularon una mayor inversión.

La causa inmediata de la reciente declinación en Japón y el agudo retardo alemán es la notoria baja en la demanda, debido en parte a las apretadas políticas monetarias, más que una caída en el crecimiento de la productividad por defectos estructurales.

Como lo expresa P. Krugman, economista del MIT, la sincronización monetaria y fiscal no va a convertir un automóvil destartalado en un Porsche, pero ni siquiera éste puede andar sin gasolina. Con los sistemas económicos, igual que con lo automóviles, hasta los mejores modelos requieren combustible y buenos conductores.


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