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  Sábado 3 de Julio de 1999 | Managua, Nicaragua
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Nuestra Lengua
Son tus perjúmenes, mujer

Róger Matus Lazo
Managua

Hay hablantes de bajo nivel cultural que, por su deseo de acercarse a una forma culta, deforman o modifican una palabra.

Se trata -como afirma R. Menéndez Pidal, en su Manual de gramática histórica española -de un error lingüístico, de una «falsa interpretación de los fenómenos lingüísticos». Específicamente se denomina ultracorrección o hipercultismo. Cuando el hablante de bajo nivel cultural pretende pronunciar como la gente culta, incurre en este error por creer equivocada la forma correcta. Por eso afirma Ramón Menéndez Pidal que la ultracorrección es «un fenómeno fundado en el natural deseo de purismo». El ejemplo que citamos lo toma de la realidad lingüística española:

Los alto-aragoneses y los valencianos incultos saben que en vez de sus vocablos muller, palla, fillo, los castellanos dicen mujer, paja, hijo, etc.; así a veces, cuando quieren hablar bien la lengua culta y desechar su dialectalismo, creen que en vez de cebolla o de meollo deben decir ceboja, meojo.

La ultracorrección es un fenómeno frecuente en la lengua y constituye, como afirma Menéndez Pidal, «un importante factor en la evolución del lenguaje». En general, los hablantes siguen los siguientes procedimientos.

Unas veces los hablantes intercalan un sonido como el término inflación, que algunos pronuncian inflacción por creer equivocadamente en otros modelos (fracción, lección, etc.).

Otras veces, suprimen un sonido determinado, como tortía, por influjo de sandía, por ejemplo.

En ocasiones, cambian un sonido por otro, como el caso de piscina (del latín piscis «pez»), que pronuncian piccina por analogía con otras palabras que sí llevan este sonido como picnic.

Otros casos de cambio de sonido los advertimos en algunos verbos. Ladear, por ejemplo, pertenece al grupo de verbos que tienen vocal /e/ final en el lexema (lade-ar) y siempre forman hiato como los verbos leer (leo), creer (creo), arrear (arreo), merodear (merodeo), colorear (coloreo). En los usos populares o dialectales - explica Alarcos Llorach-, estos verbos pueden atraer a los otros verbos con /i/ en la raíz, o son atraídos por ellos; es decir: lade-ar, por ejemplo, es atraído por cambi-ar, o éste es atraído por lade-ar, con lo que se producen formas incorrectas del tipo: cambeo por cambio, y ladiamos por ladeamos.

En el habla nicaragüense es bastante frecuente este fenómeno. Veamos unos ejemplos: ella fotocopia> ella fotocopea; yo envidio a Pedro> yo envideo a Pedro; ella lo desprecia> ella lo despresea; Luis negocia > Luis negocea. En Lengua madre, de César Ramírez Fajardo, encontramos el siguiente texto en el que se advierte el uso de vacear por vaciar:

... se vacea en la pura agua.

Es común este fenómeno en verbos en la tercera persona del pretérito perfecto simple como leer, que se pronuncia leó, por analogía con oleó (de oler), y creer, que se pronuncia creó, por analogía con creó (de crear). Esporádicamente escuchamos infórmenes, por informes, error lingüístico común también en otros países hispanoamericanos, como Venezuela, en donde dicen igualmente chísmenes. Angel Rosenblat, en sus Estudios sobre el habla de Venezuela, nos refiere una anécdota. Resulta que a un poeta humorístico de fines del siglo XIX, Alejandro Romanece, lo acusaban de ser autor de una hoja anónima. El gobernador de Carabobo lo convocó a su despacho:

-Tengo infórmenes de que usted escribió el anónimo.

-Esos son chísmenes, general.

Infórmenes ( y unifórmenes, también usual en nuestro país) los hablantes los han tomado de una serie de plurales de voces cultas: resúmenes, exámenes, certámenes, volúmenes, dictámenes, imágenes, gravámenes, vejámenes, crímenes, cardúmenes.

El fundamento popular de perfúmenes se inscribe en la lista anterior. Rosenblat nos recuerda que Cuervo señalaba en Bogotá el término perfumen y que encontró en una edición española de 1704 el plural perfúmenes. Nuestros campesinos dicen perjúmenes («Son tus perjúmenes, mujer» dice la canción recogida por los «Bisturices Armónicos»). Se trata de un cambio fonético (/f/ por /j/), fenómeno común en el habla popular de Nicaragua, como ajuera (afuera) o el antiguo forano (rústico, huraño, hombre del campo) que diptongado da fuerano y que generalmente pronuncian juerano.


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