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  El Nuevo Diario
  Martes 16 de Febrero de 1999 | Managua, Nicaragua
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La Sonora y Víctor Piñero

Francisco Gutiérrez B.

Hablar de Víctor Piñero es hacerlo de Venezuela, fue el primer sonero de éxito internacional que tiene el país. Víctor nació en el caraqueño barrio de San Juan, en el populoso sector del Guarataro donde vivió toda su vida a pesar de haberse codeado con la elegancia del mundo.

Llamarle «El Negro» era sinónimo del orgullo que demostraba por sus ancestros africanos. Este irredente parrandero, mujeriego, jugador, elegante en el vestir, se inició como sonero de calle para pasar al lado del maestro Leonardo Pedroza, dueño del grupo de planta que amenizaba el programa «Cada minuto una estrella», de Max Factor, en Radio Libertador de Caracas.

Leonard Melody, el grupo de Pedroza, era la sensación del momento y su cantante de planta Víctor Piñero el gran atractivo en los carnavales caraqueños a principios de los años cincuenta. Después pasa como estrella con la orquesta de los hermanos Belisario de tan añorada trayectoria en tierra de Bolívar.

Para 1957, viaja a Cuba, acompañado del maestro Billo Frómeta, el de la Billo’s Caracas Boys, que sufría destierro musical a causa de veto que le implantara la Asociación Musical de Venezuela, más por celos competitivos que por otra cosa. En Cuba «El negro» ya era conocido.

Al saber Rogelio Martínez, director de La Sonora Matancera, de la presencia de Piñero en su tierra, lo llama para grabar. Lo hace con cuatro temas el 23 de enero de 1958, en la propia Habana.

Víctor graba el último de sus números, «Máquina landera» de Margarita Rivera, madre del gran Ismael Rivera «Maelo», lleno de angustia producida por los históricos hechos que se suceden en su patria. En esos momentos, caía el General Marcos Pérez Jiménez en cruente golpe de estado y las noticias, confusas como siempre, hablaban de una apocalipsis Venezolana.

No disfrutó su triunfo en Cuba. Al día siguiente inició el regreso en busca de su país, familia, amigos, dejando contratos, presentaciones y otras actividades positivas por cosechar a causa del éxito discográfico que tuvieron sus cuatro grabaciones: «No quiero nada con su mujer», «Puente sobre el lago», «Río Manzanares» y la referida «Máquina landera».

Establecida la situación en Venezuela, viaja a Colombia con cita a la mejor época de su carrera. Se convierte en «El rey del Merecumbé» al unirse con el internacional Pacho Galán, inventor de ese nuevo ritmo que alcanza su madurez con Piñero en la década del sesenta. La fortuna le sigue acompañando con éxito tras éxito, viajes tras viajes.

Quemada la etapa colombiana, regresa a Caracas e inicia una nueva e importante era con Renato Capriles y su famosa orquesta Los Melódicos. Su serie discográfica, de presentaciones en vivo, televisión, es muy difícil de enlistar. Son años de buen vivir, fama y consagración total.

Así llegamos al 4 de enero de 1975, cuando Los Melódicos y Víctor se presentan en el primer baile del año en el salón Naiguatá del Hotel Tamanaco de Caracas. La muerte lo sorprende en la tarima. En plena actuación cae fulminado por severo ataque cardíaco, despidiéndose del público con su rumba, merecumbé y lleno estilo de vida. Víctor «El Negro», «El rey del merecumbé» es inmortal entre nosotros.

Miami, noviembre 8, 1998.


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