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  Lunes 25 de Enero de 1999 | Managua, Nicaragua
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Sociedad civil y participación ciudadana

Oscar-René Vargas
Managua

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La sociedad civil organizada está formada por todas las organizaciones que no tiene fines de lucro como, las organizaciones no gubernamentales, las iglesias, los clubes, las organizaciones cívicas, los grupos de servicio, los gremios, los sindicatos, etcétera; y todos ellos producen capital social, tanto de pago, como no remunerado. En el caso hipotético de que estas instituciones desaparecieran, el futuro del capital social el país entraría en una profunda crisis. Antes del Mitch, la sociedad civil organizada estaba fragmentada y sin fuerza política. Después del Mitch, este sector se ha visto obligado, por la necesidad de dar una respuesta a los problemas nacionales, a intervenir en los espacios público-político por la escasa participación del gobierno en la generación de capital social. Este vacío permitirá proyectar, cada día, más, al capital social producido por la sociedad civil organizada como marco de referencia para las comunidades empobrecidas. Por ejemplo, si el gobierno no puede dar trabajo, ni tampoco el mercado, entonces lo hará la economía informal o la sociedad civil organizada. El poder político central tendrá, más temprano que tarde, que realinear sus políticas sociales para poder conservar su influencia en los sectores necesitados de capital social.

Antes del Mitch, la participación del ciudadano en el terreno público-político se lograba generalmente en el caso de las contiendas electorales. En ese espacio público-político podemos observar una participación ciudadana clara, lo cual sólo se da cada determinado período de tiempo. Pareciera entonces que el ciudadano, que no milita ni pertenece a partidos políticos ni forma parte de la sociedad civil organizada, queda la mayor parte del tiempo marginado de los espacios públicos-políticos. Entendido éstos, como una concepción que ya no es solamente patrimonio del gobierno ni exclusiva de los partidos políticos, sino que al mismo tiempo es un espacio de libertad, responsabilidad y de participación de un sinnúmero de actores sociales, económicos o culturales que actúan ya sea desde el individuo o la colectividad en los asuntos comunes a todos.

Los procesos de participación ciudadana, al margen de los procesos electorales, enfrenta ante todo el reto de poder superar la actual etapa de apatía de numerosos sectores de la población. La cultura participativa en los asuntos públicos-político enfrenta fuerte resistencia de los ciudadanos en relación a la utilidad de su participación, sobre todo frente a la falta de credibilidad en el gobierno liberal y el paulatino agotamiento de los líderes populares. Esta crisis de credibilidad en la autoridad, es reflejo de un desdibujamiento de la política como actividad efectiva para resolver los problemas más importantes para la población empobrecida.

Después del Mitch, por la incapacidad del gobierno para resolver los problemas más inmediatos de los ciudadanos, esta crisis de credibilidad puede desembocar en una crisis de la relación normal de mando-obediencia entre gobernantes y gobernados. Sin embargo, me parece aventurado considerar que la crisis de credibilidad del gobierno liberal sea interpretada como si fuera el fin del alemanismo, pero ha significado el despertar de la sociedad civil organizada en la lucha por espacios sociales, económicos y políticos para resolver sus propios problemas. La lucha social y la inteligencia decidirán si desembocamos en un gobierno de democracia amplia o en un pacto político que nos llevaría a consolidar la actual democracia limitada.

Otra situación que hace difícil pensar en la participación en el espacio público-político es el hecho de que priva una noción individualista por encima de una visión de colectividad. Es decir, la participación ciudadana se dan en torno a cuestiones específicas (niñez, poder local, medio ambiente etcétera), más que en relación a problemas generales que afectan a una comunidad (pobreza, desempleo, hambre, etcétera). Lo anterior generó, antes del Mitch, un auge de las organizaciones no gubernamentales dedicadas a problemas específicos que participan en lo público y que parecen indispensable en una democracia; pero al mismo tiempo, la participación ciudadana en lo público, que se hace a través de esas asociaciones o grupos de interés específicos, hace que los ciudadanos desaparezcan o se borren de la escena pública- política, donde se abordan los problemas nacionales. Si bien las organizaciones sociales específicas son importantes para la democracia, también pueden ayudar a mantener injusticias, deformar la conciencia cívica, distorsionar la agenda pública- política y enajenar el control ciudadano sobre la actividad cotidiana del gobierno. Mientras el descrédito de las instituciones políticas se incrementa, se valora socialmente, de forma elevada, a las organizaciones no gubernamentales, pero también esta valoración permite recrear actitudes en los ciudadanos de rechazo de todo aquello que representan intereses público-político.

Otro problema a la participación ciudadana a través de los organismos no gubernamentales, es que estos organismos están formados casi exclusivamente de expertos y académicos, que si bien cuentan con la legitimación de su saber, en ocasiones también significa el diseño de políticas que no resuelven las problemáticas concretas. El que estas políticas pudieran ser inoperantes frente a realidades específicas y en casos de poblaciones determinadas, es en sí uno de los problemas más crítico de la planeación participativa. También, otro problema es que los medios de comunicación se convierten en la única voz pública de la colectividad; voz que, a veces, se confunde con la del ciudadano, en ocasiones, voz ciudadana que es secuestrada por los medios de comunicación. El ciudadano está obligado a recuperar su propia voz pública. Recuperar su voz es participar de lo público y de lo político, desde lo micro, de lo pequeño, de la comunidad, del municipio y en el escenario nacional.

Bajo un sistema democrático, una sociedad civil organizada sin capacidad de tener iniciativas de ley es una sociedad desnuda. La política se vuelve errática, se desarticula y pierde coherencia, porque no habría capacidad de encauzar ni traducir los intereses reales de los ciudadanos en política concreta. Sin un sistema político que permita la iniciativa política de los ciudadanos no hay forma de agregar intereses y dar cauces a la participación de los individuos en los espacios públicos- políticos. Las fuerzas políticas de "los de abajo" se desbordarían y la marea de las pasiones partidarias tiende a abarcarlo todo. En una democracia sin iniciativa de la sociedad civil organizada, cualquier gobierno está imposibilitado para avanzar propuestas y establecer consensos con "los de abajo". La toma de decisiones del gobierno pierde legitimidad y toda posibilidad de acuerdo con los ciudadanos se desvanece. El proceso de consolidación democrática no estará terminado hasta que el sistema político armonice los principios de gobernabilidad y la posibilidad de la sociedad civil en la formulación de políticas públicas. Para favorecer la participación ciudadana es necesario que se permitan algunos mecanismos de democracia directa; en concreto, podríamos hablar de casos como el referéndum y la presentación de candidatos por suscripción popular. El reto de la sociedad civil organizada es luchar por ampliar los cauces de la participación ciudadana en los espacios políticos públicos y no reducirlos.

Oscar-René Vargas. Sociólogo y economista. Entre sus libros, Sandino: Floreció al filo de la espada y Pobreza en Nicaragua: un abismo que se agranda.


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