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  El Nuevo Diario
  Martes 14 de Diciembre de 1999 | Managua, Nicaragua
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Nuestra cultura como fundamento de la soberanía nacional

Clemente Francisco Guido
Managua

La Junta Directiva del Teatro Nacional Rubén Darío decidió a principios de este año, celebrar el XXX Aniversario de fundación de este Monumento Dariano, con la puesta en escena de la obra de teatro "El Güegüense", sin tener entonces la más mínima idea de que su presentación de estreno, se daría en medio del contexto de una agresión a nuestra Soberanía Nacional.

Y es que, "El Güegüense", visto en su propio contexto histórico, fue un centellazo de Soberanía que la Nación emergente en el seno de la Colonia Española, daba como meridiana señal de la nueva Patria que reclamaba sus espacios propios, independientes y soberanos.

Por eso, presentar a "El Güegüense" en estos momentos, es casual y afortunada manifestación de protesta de la Nación a través de sus artistas, pues al ratificar nuestras raíces históricas, nuestras tradiciones y costumbres, nuestra idiosincrasia, nuestro ser nicaragüense, estamos confirmando nuestra Soberanía Nacional, en cada giro danzario, gesticulación o mimo de actores, en cada uno de los sones, a través de sus diálogos, y en su escenografía y vestuario de esta obra de arte total.

Obra literaria, plástica, musical y escénica, totalmente nicaragüense.

El origen y fundamento de la Soberanía somos las gentes que formamos la Nación, es decir, el Pueblo; un pueblo mestizo, producto del cruce de indígenas, españoles y negros. Y estas gentes, tenemos y compartimos una misma Identidad Nacional, expresada en nuestra cultura. Una cultura unitaria pero diversa.

Somos tan chorotegas náhuatls, sutiavas, sumos, mísquitos, ramas, como andaluces, castellanos y anglocaribeños.

Hay zonas de nuestra América y de Nicaragua donde hasta somos amarillos. Porque cómo explicarnos el Brasil, cómo explicarnos el Atlántico y sus puertos a la mar Caribe sin los orientales, sin los chinos y japoneses. Todos estos elementos son los que nos universalizan y nos abren, pero también nos afianzan en el ser nicaragüense.

No se puede hablar de cultura nacional sin contar con nuestra Costa Atlántica y eso, esa conciencia, se inició con la obra unificadora de nuestra geografía política, la Revolución Liberal de 1893, acaudillada por el General José Santos Zelaya y la reincorporación de la Mosquitia.

Para un pueblo de economía agrícola, la tierra es la cultura y la fuente de cultura, en tanto que es fuente de vida.

Para los pescadores lacustres, fluviales y marinos de nuestros dos mares, de nuestros ríos sagrados como el Wanky o Coco y el San Juan y del Cocibolca y Xolotlán, el agua es la fuente de cultura. Por ella viven y de ella viven.

Hay pueblos que han sido arrancados de sus tierras, de sus aguas, de su memoria y de su paisaje.

De lo anterior resulta que, aún sin territorios, estas Naciones han prevalecido teniendo como ejes de unidad y sobrevivencia sus Identidades Culturales.

De cara al siglo XXI, al nuevo milenio, de cara a la globalización o mundialización, a la que tenemos inevitablemente que incorporarnos, la única forma que países como Nicaragua pueden mantener su perfil definitivo, su identidad, es a través de la cultura y sólo a través de la cultura alcanzaremos el tan deseado desarrollo económico, científico, material, técnico y hasta tecnológico.

No sólo de pan vive el hombre. El hombre también vive del espíritu y es el espíritu el que le da al pan de cada día un sabor especial, sabroso y nutritivo.

Invertir recursos económicos del Estado y de la Empresa Privada para la promoción del Arte y la Cultura Nicaragüenses, es por lo tanto, una Inversión Patriótica, pues apunta directamente al fortalecimiento de la Soberanía Nacional, al apuntar directamente al corazón de un pueblo, como es su cultura.

Y precisamente en esto radica también el peligro, pues hay violaciones constantes a la Soberanía Nacional, que no provocan ningún escándalo público dentro o fuera de Nicaragua, pero que agreden directamente a la cultura de los nicaragüenses, es decir a su corazón. Me refiero, entre otros muchos ejemplos al desplazamiento de nuestros valores culturales por los antivalores de la Nintendomanía, y el bombardeo permanente de cables y radios extranjeras a todo lo largo y ancho de Nicaragua.

De aquí que nos preocupa especialmente la falta de una Ley de Incentivos a la Inversión en las Artes y la Cultura; como también la justa solicitud planteada por los Consejos de Música, Teatro, Danza y Artes Plásticas, ante la Honorable Asamblea Nacional para que se cumpla con lo establecido en el Arto. 1º. Y 50 de la Ley 215, en sentido de dar un presupuesto mayor al Instituto Nicaragüense de Cultura en el cual se incluya de forma exclusiva 5 millones de córdobas para la promoción del Arte y la Cultura Nacional en todos los rincones del país.

Pues con una Ley que ofrezca incentivos fiscales a los inversionistas que deseen contribuir con las artes, las letras y la cultura en general, tendremos un mayor fortalecimiento de las Instituciones Culturales que forman parte de esa inmensa valla por la Defensa de la Soberanía Nacional.

Y mientras elaboramos y logramos la aprobación de esa Ley, nuestra esperanza está en la asignación de recursos del Estado para el Fondo de Promoción del Arte Nacional. Con estos fondos podremos en el año 2000 continuar produciendo grandes espectáculos artísticos como el que hoy disfrutaremos para celebrar el 30 aniversario de este Teatro Nacional Rubén Darío.

Quiero concluir con versos de Darío, fundamento de nuestra identidad, que son un concentrado tratado de humanismo, de relaciones internacionales, incluso, y de orgullo nacional:

A través de las páginas fatales de la Historia,

Nuestra tierra está hecha de vigor y de gloria,

Nuestra tierra está hecha para la Humanidad,

Pueblo vibrante, fuerte, apasionado, altivo:

Pueblo que tiene la conciencia de ser vivo

Y que reuniendo sus energías en haz

Portentoso, a la Patria vigoroso demuestra

Que puede bravamente presentar en su diestra

El acero de guerra o el olivo de paz.

Finalizo dirigiéndome expresamente al siempre amigo del Arte y la Cultura, nuestro presidente Dr. Arnoldo Alemán Lacayo, pues tengo la honorable misión, Señor Presidente de entregar a usted en nombre de la Junta Directiva del TNRD, la primera medalla conmemorativa del 30 aniversario creada por Acuerdo Administrativo N 09-99 de nuestra junta directiva.

Esta medalla que lucirá en su pecho, Señor Presidente, es un reconocimiento por su apoyo permanente a las instituciones culturales del país y en esta ocasión, de forma especial, por su apoyo al Teatro Nacional Rubén Darío. Gracias Señor Presidente.


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