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  Miércoles 8 de Diciembre de 1999 | Managua, Nicaragua
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La lengua Rama en Nicaragua
Muerte de un idioma
* Dentro de 50 años, estaríamos utilizando solamente unos 15 idiomas
* Hoy en día viven en Nicaragua seis etnias
* Trato de hablar con mis hijos y mis nietos solamente rama
* Dios nos dio este idioma...Sin nuestra lengua, los Rama habremos dejado de existir»



Cada año, la humanidad pierde cuatro idiomas. Se estima que dentro de 50 años, estaríamos utilizando solamente unos 15 idiomas, siendo el español uno de ellos. ¿Qué significa esto para la humanidad? Para encontrar una respuesta a esta pregunta, Elsbeth Horbaty visitó una comunidad que alberga a los últimos indígenas que aún hablan el idioma Rama en la costa caribeña al sur de Nicaragua.

ELSBETH HORBATY (*)

Rama Kay, Nicaragua. Llueve a cántaros. De repente, un rayo de sol hace brillar las hojas de las palmeras, como si alguien las hubiese engrasado. Aquí, en la pequeña isla de Rama Kay, en la costa Caribe sur de Nicaragua, llueve casi 300 días al año. Nora Rigby (65) está sentada en su cocina, donde huele a pescado frito y aceite de coco. Ella es una de las pocas personas que aún domina el idioma Rama. Con voz pausada, cuenta la historia de un pueblo que se está extinguiendo.

«No sé exactamente de dónde venimos, pero me han dicho que algún día los Rama fueron desplazados de las tierras del río Escondido y se vinieron a vivir aquí, en estas dos islas pequeñas. Otros también se fueron «down that side» a la tierra firme, dice Rigby, mientras señala un lugar al otro lado de la bahía.

DEL TAPARRABO AL BLUEJEAN

A primera vista no hay muchos detalles que indiquen que ella proviene de un pueblo indígena. No hay plumas ni ropa típica colorida, que generalmente se asocia a la vestimenta de los indígenas del continente americano. Los Ramas, al igual que todos los pueblos indígenas de Nicaragua, pasaron directamente del taparrabo al bluejean. En casa de Nora Rigby, colgada de mecates, se observa ropa usada proveniente de «mercados de pulgas» extranjeros y que desde hace años se vende por libra en Nicaragua.

Solamente por la forma en que ella cocina el pescado con coco, y por la manera cuidadosa con que ha formado caminitos con conchas de ostras alrededor de su casa, una sospecha en el entorno la existencia de otra cultura que no es la mestiza del Pacífico. Por eso la lengua es tan importante, al punto de que el idioma rama es, a estas alturas, el único vestigio de la migración desde el sur de América hacia Nicaragua, cuando los chibchas dejaron sus tierras y marcharon al norte del continente, alrededor del siglo X.

SEIS ETNIAS

Hoy en día viven en Nicaragua seis etnias. La mayoría, más de cuatro millones, son mestizos y hablan español. Sin embargo en la costa caribe, este territorio tan poco accesible y conquistado por los ingleses, han sobrevivido los mískitos, los mayagna, los rama y los garífonas. Unos 30 mil habitantes de esta región, cuyos antecesores provinieron del tráfico de esclavos o huyeron de él, hablan el inglés-creole típico del litoral caribeño.

Es con su idioma, el Rama, con el cual Nora Rigby se comunica con el visitante. Cuenta que ella no lo hablaba cuando era niña, ya que esta isla prácticamente todos utilizan solamente el inglés-creole. Sin embargo, tras la muerte de su madre, su padre la llevó a Wiring Kay, donde entonces todavía se hablaba el Rama y donde los niños y las mujeres se escondían de los visitantes «extranjeros».

«Regresé a Rama Kay con mi segundo esposo. Desde entonces trato de hablar con mis hijos y mis nietos solamente rama. ‘Name cul cum’, les digo cuando quiero que me traigan algo», dice Miss Nora y su rostro anciano dibuja una sonrisa.

ESTELA DE DISGREGACIÓN

La historia de los Rama muestra una estela de disgregación, misma que afectó la supervivencia del idioma. En el siglo XVII, la población se dividió entre quienes emigraron a las dos islas de Rama Kay y quienes se quedaron en tierra firme, habitando entre los ríos Escondido y San Juan. Según estudios de científicos alemanes y estadounidenses, ya en el siglo pasado solamente 500 personas hablaban el idioma rama.

Según el Centro de Investigación y Documentación de la Costa Atlántica (CIDCA), de los casi 1.500 ramas que habitan actualmente en Nicaragua, apenas 50 practican su lengua, que parece destinada irremediablemente a desaparecer, pese a que esta población conserva costumbres milenarias como la pesca, la recolección de ostras y la caza de tortugas.

La llegada de misioneros europeos de la Iglesia Morava a Nicaragua, en el siglo XIX, fue otro elemento que afectó la sobrevivencia de la lengua rama. Mientras en el Caribe norte los moravos apoyaron la difusión del idioma mískito, en esta isla instaron a sus habitantes a aprender el inglés. El resultado de ello es dramático y está a la vista: Hoy, en Rama Kay, solamente Nora Rigby y tres personas más hablan el idioma Rama.

Rigby dice que durante el gobierno sandinista de los años 80, llegó a la isla una profesora de la Universidad de Oregon, Colette Craig-Grinevald, quien le enseñó a dar clases de Rama. No fue una tarea fácil -confiesa-, puesto que Miss Nora no sabía leer ni escribir. Sin embargo, juntas elaboraron letreros que fueron utilizados por ella durante años para enseñar el idioma a los niños de la isla.

Miss Nora ya no enseña, el gobierno nicaragüense no tiene más dinero para ella. No obstante, ella insiste en que es importante que su idioma no muera: «Yo creo que sin el Rama no somos nada, no somos nadie, porque Dios nos dio este idioma. Sin nuestra lengua, los Rama habremos dejado de existir», dice con la vista clavada en la inmensidad del mar.

«Con el idioma muere la sabiduría popular». La lancha rápida tarda media hora para llegar a Bluefields, la capital regional del Caribe sur, donde hombres y mujeres de piel negra y largas piernas deambulan bajo la lluvia. Al representante del partido opositor FSLN en esta ciudad, Moisés Arana, le asombra el que alguien se preocupe por un idioma que se está extinguiendo en Nicaragua.

«Me sorprende el hecho de que en Europa, donde cada año se gastan más de 50 mil millones de dólares en perfumes, todavía haya gente que se preocupa por nuestros idiomas locales. Por lo menos aquí, en Nicaragua, los políticos se han dejado de inquietar por eso», comenta con ironía.

El vuelo en la pequeña Cessna desde Bluefields hacia la capital, Managua, es corto pero no menos peligroso. Dos aviones se han caído en este año. Según opinan algunos pasajeros, también esto es una señal de que el gobierno central se preocupa poco por la región atlántica.

Sin embargo, los especialistas en Managua están conscientes de los efectos negativos que la pérdida de un idioma tiene sobre la cultura general de un país. Luis Enrique López, experto en idiomas indígenas, afirma: «La muerte de una lengua significa la pérdida de conocimientos acumulados y desarrollados a lo largo de miles de años por un grupo humano que supo adecuarse a un entorno natural determinado y sobrevivir en él».

En el caso de los idiomas indígenas esto aún es más importante -subraya López-, puesto que el indígena es parte y no dominador de la naturaleza. «Cuando se extingue un idioma indígena, se pierde todo un conocimiento sobre biodiversidad, sobre la convivencia hombre-naturaleza, y también se pierde un conocimiento tecnológico importante sobre el manejo de bosque, elementos que actualmente podrían ayudar mucho en la búsqueda de medicamentos para curar enfermedades a partir del uso de plantas medicinales», explica.

Cada año se pierden cuatro idiomas en todo el mundo. López teme que dentro de medio siglo solamente queden unos 15 idiomas en uso, inclusive idiomas de «pueblos prósperos», como el sueco o el holandés, que se presume se hablarán únicamente dentro de la casa.»Aunque la globalización ya no se puede detener, esto no necesariamente es negativo, ya que, al mismo tiempo, hay cada vez más etnias que luchan por mantener sus costumbres», indica. A su juicio, en varios países de América latina se trabaja mucho a nivel de alcaldías, lo que ayuda a fomentar idiomas, culturas y conocimientos locales.

El caso del idioma Rama es un ejemplo de este arte de sobrevivencia. Gracias a los apuntes que se hicieron en los años 80, el mundo conoció de su existencia y ello ha permitido retrasar, hasta ahora, su extinción total. Para Luis Enrique López, es importante poner a disposición de los pueblos indígenas toda la tecnología moderna que ha sido creada por la humanidad hasta hoy, para que pueden hacer sus propios apuntes. «Hoy en día se puede entregar una cámara de video a los indígenas y ellos pueden hacer su propia documentación de su idioma y de su cultura, a un costo muy bajo», explica.

Gracias a los adelantos de la ciencia moderna, también fue posible entrevistar de un día para otro a Ken Hale, profesor de Idiomas Indígenas y colaborador del conocido filósofo Noam Chomsky, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, quien a través del correo electrónico nos brindó sus criterios sobre el tema que nos ocupa: «La pérdida de un idioma es tan importante como la pérdida de un museo como el Louvre de París, ya que el idioma es la materia donde se registra la civilización de los pueblos», dice Hale. Observa que la gente se preocupa más por la extinción de los animales que por la desaparición de los idiomas, ya que la primera es una señal más visible de la destrucción de nuestro medio ambiente.

Sin embargo, «aunque no veamos la extinción de una lengua, la muerte de un idioma y de una cultura es parte del deterioro general de nuestro mundo», considera Ken Hale.

«Salvar la identidad» Pero no todo está perdido. En Nicaragua existe desde hace algunos años la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (URACCAN), que se dedica a estudiar, analizar y difundir los idiomas y culturas de los pueblos indígenas que habitan la costa caribeña del país. URACCAN ha sido apoyada por varios organismos no gubernamentales extranjeros, entre ellos el Servicio Austriaco de Cooperación para el desarrollo (ÖED).

«¿Son los europeos capaces de apoyar y fomentar la cultura de los grupos indígenas?», preguntamos a Doris Kroll, coordinadora del ÖED en Nicaragua. «Sí, siempre que tengamos previamente la capacidad y la disposición de escuchar y de aprender», responde al destacar la importancia de dirigir apoyo financiero a proyectos concretos, entre los que menciona «el empoderamiento de los grupos indígenas, la protección de sus idiomas y el fortalecimiento de su identidad».

Para Myrna Cunningham, rectora de URACCAN, las tareas de esa universidad se concentran en la introducción de nuevos modelos en el área de educación y de salud, en el trabajo de educación a través de la radio y en la legislación de las tierras comunales de los pueblos indígenas.

REFORZAR LA IDENTIDAD

«El ÖED nos ha acompañado en este interesante camino desde un inicio y ha reforzado la cooperación con la ejecución colectiva de proyectos,» dice Cunningham. Además de la capacitación del personal docente y los estudios sobre la biodiversidad, el Servicio Austriaco apoya la implementación del Instituto de Medicina Tradicional, donde se ha creado una red de curanderos populares, un jardín con más de 700 hierbas curativas y un centro para la elaboración de medicinas tradicionales.

Una imagen de Rama Kay revive en medio del tráfico pesado de Managua. Igual que sus ancestros, dos sobrinas de Miss Nora Rigby juegan con conchas de ostras en la arena. Con el apoyo de las universidades y las tecnologías modernas, quizá sea posible reforzar la identidad y el futuro de estas dos niñas, para que ellas mismas algún día puedan contarle al mundo lo que significa ser una indígena rama... y decirlo en su propio idioma.

(*) Periodista suiza que escribe sobre América Latina desde hace más de dos décadas.


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