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  Sábado 7 de Agosto de 1999 | Managua, Nicaragua
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EL LENGUAJE DEL PANDILLERO EN NICARAGUA

Por Amadeo Albuquerque Lara

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Róger Matus Lazo es un investigador nato. Nacido en San Pedro de Lóvago el 25 de noviembre de 1943, de padres ganaderos, se interesó desde muy temprano en la investigación del lenguaje del ganadero chontaleño. Así concibió su primera obra Léxico de la Ganadería en el habla popular de Chontales, que fue su monografía para optar al título de Licenciado en Ciencias de la Educación, con mención en la Especialidad de Español, título otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en Managua.

Debemos agregar que por esfuerzo propio esta monografía fue publicada por su autor en forma de libro, en 1975. Posteriormente, esta obra fue publicada por el Ministerio de Educación en 1982. Desde entonces, Róger ha publicado hasta hoy un total de 32 libros; entre ellos, textos para la educación secundaria, obras de consulta para el nivel de educación media y libros de investigación lingüística.

Como un merecido homenaje a su labor investigativa y a su brillante contribución a los estudios del español de Nicaragua, Matus Lazo ingresó como miembro de número a la Academia Nicaragüense de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española, en julio de 1996. Su ponencia de ingreso se intituló «Presencia del Inglés en el Español de Nicaragua», la cual también fue producto de una investigación.

Su libro El Lenguaje del Pandillero en Nicaragua (1997) no ha recibido la valoración lingüística que merece. Esta es la razón que nos impulsa a realizar un análisis -somero por el espacio disponible- acerca de los aspectos léxico, morfológico, semántico y sintáctico contenidos en esta obra magnífica.

El Lenguaje del Pandillero..., como lo abreviaremos de aquí en adelante, es una obra digna de ser una tesis Magistral en Lingüística, Semántica o Lexicología.

En Nicaragua son muy pocos los investigadores que han logrado organizar el material lingüístico, producto de una investigación de campo, de la manera que lo ha realizado Róger.

Cuando le preguntamos la razón que lo había impulsado a realizar tan peligroso trabajo, nos contestó de inmediato: «Conocer al hombre por medio de su lenguaje». En realidad, el lenguaje como expresión humana refleja y manifiesta lo que somos, lo que hacemos y lo que pensamos. Por eso este libro es sumamente interesante. En el vocabulario del pandillero nicaragüense están expresadas sus actividades, pensamiento y manera de ser.

El léxico recogido por el investigador Matus Lazo es muy representativo. Él nos afirma que son unas 1,500 palabras en total. Este léxico se encuentra organizado, tal como lo explica su autor, «en estricto orden alfabético».

Además, «Cada palabra incluye: categoría gramatical, definición, ejemplo de uso y sinónimos.» A este nivel de organización del material nos hemos referido anteriormente, el cual es digno de constituirse en un Manual de referencia para el estudio del habla nicaragüense y del habla de los jóvenes agrupados en pandillas.

Las entradas léxicas están hechas de manera profesional, tal como deben aparecer en un diccionario de usos dialectales o de usos de la lengua. Tomemos un ejemplo:

ALCOBRÍN. adj. aguado, tonto, idiota. Que nunca se defiende de un ataque o agresión. Ej. Ese tipo es alcobrín, nunca se defiende. V. rana, chanfaina, papahuato, vaciado, maleta, maje, ñángaro, lencho, cholo, gil, gilberto, azul, chiclero.

Obsérvese la naturaleza y composición de esta palabra. Probablemente, se trate de una palabra compuesta cuya primera parte esté tomada de «ALCOhol» y la segunda, de la sílaba central de «luBRIcar», más la terminación -ín; pues en el lenguaje popular a un borracho se le llama «lubricado». Sin embargo, habría que constatarlo con los miembros de estos grupos. La terminación -ín, en el habla de Nicaragua, no es muy común. Tenemos, por ejemplo: borrachín, hablantín, cachinflín, y otras cuantas, pero no son casos muy numerosos.

La significación de la palabra nos ha llevado a especular con la composición de la misma, pues una persona alcoholizada se pone «aguada», fláccida o floja.

Naturalmente, la palabra «aguado» es dialectal, propia del área centroamericana. Sin embargo, el término ALCOBRÍN también registra otro significado que le sirve de antónimo al anterior: alerta, precavido. Por lo tanto, la palabra pudiera ser tomada de otro léxico o tratarse de una composición popular o pandilleril.

Otra observación la debemos hacer a los sinónimos del referido ALCOBRÍN. De los 15 sinónimos, ocho pertenecen al español general, pero resemantizados; es decir, se han cargado de un nuevo significado; y los restantes siete sinónimos son de origen popular. Entre estos últimos hay algunos de probable origen nahuatl, como papahuato y chiclero; hay un americanismo: cholo; y, probablemente de origen africano es la palabra ñángaro, pues hay una variante cubana ñangado/a registrada por Esteban Pichardo (1976) en su Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas.

Aunque el cubanismo en referencia es ñangado/a, también se trata de un adjetivo y su significado es igual a la variante nicaragüense: «La persona o animal de miembros flojos o torcidos, especialmente las piernas que se desconciertan cuando camina», nos apunta Pichardo.

Por otro lado, el híbrido chiclero está formado por la raíz nahuatl chicle y el sufijo español -ero. Su significado se origina en las máquinas tragamonedas que expenden chicles y caramelos, en las que también se reciben como ‘premios’ relojes, anillos y otras baratijas. De allí que cuando se considera algo de mala calidad se le asigne el adjetivo ‘chiclero’, como un ‘reloj chiclero’: de mala calidad.

Entonces, en el vocabulario del pandillero se encuentra un tesoro inexplotado de riqueza léxico-semántica. Pero, para nuestro análisis, nos basta con señalar este ejemplo que bien ha valido la pena compartir.

En relación con el aspecto morfológico, el autor nos señala y nos documenta la composición y la derivación. Entre las palabras compuestas sólo quiero mencionar algunas especialidades, como tarúpido: ‘tarado y estúpido’, mariflor probablemente una composición de ‘marica’ y ‘flor’, cuateturco ‘prostíbulo’, compuesto de origen un poco incierto, pero que tiene las características de híbrido: del nahuatl cuate amigo y el vocablo turco que tiene una relación asociativa con el miembro viril.

Otros compuestos son largaespada para referirse a lejano, ‘largo’, como decimos en Nicaragua. Mediopolvo es una persona de baja estatura; algo así como persona mal nacida o mal formada desde su engendro. El compuesto parachoques ‘senos’ o ‘bustos’, especialmente cuando estos son grandes, es una metáfora o traslado semántico del lenguaje automovilístico a la apreciación de la belleza femenina. Malavara ‘tramposo’ es un compuesto muy sugestivo. Por razones asociativas con otras palabras del español se parece a ‘malabar’ o ‘malabarismo’; pero, por otro lado, por los elementos que la componen, el adjetivo ‘mala’ y el sustantivo ‘vara’, sabemos que se refiere a alguien que no tiene buenas intenciones en su actuación. Entonces, semánticamente es una palabra muy rica, llena de matices, interpretable desde distintos ángulos del significado.

Naturaleza que la sitúa como un vocablo muy adecuado en el lenguaje de los bajos fondos.

En cuanto a la derivación, nuestro investigador nos afirma que «la derivación consiste en formar una nueva palabra agregándole afijos (prefijos y sufijos). En el español general es precisamente el recurso más empleado en la formación de palabras nuevas.» Debemos agregar que la derivación es el proceso morfológico más cómodo para los diferentes estratos de nuestra sociedad en su afán por crear o agregar nuevas palabras. Cuando digo sociedad, me refiero a todos los estratos sin excepción, incluyendo a los científicos y técnicos.

El aspecto semántico de El Lenguaje del Pandillero, como lo hemos mencionado, es muy rico en matices. Róger inicia tanto su Introducción como el primer capítulo, con este tema tan importante en el lenguaje humano. El autor nos dice que «El lenguaje hamponil, [...] experimenta [...] un proceso constante de enriquecimiento y desarrollo, porque necesita denominar realidades dentro de un sistema en permanente cambio». Por eso considero que es difícil captar el verdadero lenguaje de los grupos hamponiles, puesto que ellos han de cambiar de léxico de manera constante con el fin de mantenerlo siempre secreto.

Sin embargo, los pandilleros no viven en una isla. Se relacionan a nivel de amistades y actividades educativas, en algunos casos, con los demás jóvenes en los colegios y universidades; y con sus familiares, en sus relaciones diarias. No obstante, no todo el lenguaje que trasciende al resto de la sociedad es el lenguaje secreto de las pandillas. Deberá quedar un remanente semántico reservado sólo para «los peluches de la carpa». A ese remanente es muy difícil, azaroso y peligroso de alcanzar.

Por el hecho de que todas las lenguas o dialectos se entrecruzan con otras variantes, el lenguaje del pandillero también toma de la lengua popular -y hasta del español general-; por otro lado, el resto de la población, por sus relaciones de amistades o de familia, toma gran parte de este lenguaje de los bajos fondos y los incorpora a su léxico o le cambia el significado.

También el significado de las palabras del habla hamponil sufre cambios por razones de contacto con otras hablas en sus relaciones con las drogas y otras actividades delincuenciales. Por eso, entre los distintos significados encontramos argentinismos, mexicanismos, colombianismos, centroamericanismos y hasta anglicismos semánticos. Por ejemplo: chusos ‘zapatos’, viene del inglés shoes. El vocablo ‘cuero’ con el significado de cartera es propio de Venezuela; porque en Nicaragua, ‘cuero’ más bien se refiere a una virgen, a una señorita que no ha tenido nunca relaciones sexuales.

Algunos significados mexicanos son pintarse ‘correrse’ o ‘rajarse’; este último significado estuvo de moda en la época revolucionaria. «No se me raje mi compa», decía la letra de una canción de protesta. Róger nos señala como de origen mexicano los significados de las palabras bote ‘cárcel’, chota con significado de ‘patrulla policial’, chamba ‘trabajo hamponil’ y lana con significación de ‘dinero’.

Como es fácil de notar, a veces se resemantiza una palabra ya existente en el idioma, pero otras, se toma prestada tanto la forma como el sentido de la palabra. Por ejemplo: chamba tiene distintos significados en América del Sur. En Ecuador significa césped; en Colombia, zanja; en Bolivia, sulfato de cinc natural; pero en México, ocupación, empleo, aunque sea temporal y de poca remuneración.

Siguiendo con el enfoque semántico que hace el investigador Matus Lazo en su obra, nos resta añadir que él toma del Profesor Stephen Ullmann sus métodos de análisis del significado para plasmar tanto la teoría semántica como los ejemplos prácticos tomados del vocabulario del pandillero. Al preguntarle por qué había preferido a Ullmann como teórico de su obra, Matus Lazo nos contestó que Ullmann es una especie de maestro del significado y que es el autor de la Semántica más citado por otros semantistas.

Róger comienza su teoría semántica con el subtema 1.1 El problema del significado, el cual documenta con innumerables citas de autores clásicos en semántica. Sigue el subtema 1.2 Causas generales de los cambios semánticos; el subtema 1.3 El lenguaje del delito y los cambios semánticos, subtema al cual el autor le brinda mayor ilustración con ejemplos tomados del vocabulario y la sintaxis de los pandilleros.

Por último, nos referiremos al aspecto sintáctico. Con esto no queremos decir que nos vamos a olvidar de los aspectos tratados anteriormente, pues no se puede divorciar a la sintaxis del vocabulario y del significado. Por ejemplo: El pandillero nicaragüense para indicar que ha estado prisionero por espacio de tres años, mimetiza su significado con la expresión: «Pasé tres abriles en canadá». La escribimos con minúscula, porque canadá es una variante nicaragüense del lunfardo (del hampa argentina) cana: ‘cárcel’. Otra variante nicaragüense es cano.

Para preguntarse de qué otra manera va a vivir si no robando, el pandillero o, en su defecto, el ladrón lo hace con la expresión «De qué manera te olvido». El pandillero para encabezar una oración con la frase preposicional ‘A mí’, forma la paráfrasis: «A mis huesos»; así dice: «A mis huesos nunca me han enchachado». Oración sinónima de la española «A mí nunca me han enchachado».

Si aplicamos un análisis sintáctico aplicando las normas del español general, el ejemplo anterior resulta agramatical, pues la frase «A mis huesos» reclamaría el pronombre ‘los’ y no el pronombre ‘me’. Sin embargo, si efectuamos una sustitución de la frase «mis huesos» por el pronombre ‘mí’, sí la podemos interpretar como gramatical y semántica a la vez, puesto que es interpretable: «A mí nunca me han enchachado».

En conclusión, El Lenguaje del Pandillero en Nicaragua es una obra valiosa que debe sentar las bases para un estudio científico no sólo de su léxico, semántica y sintaxis, como lo ha hecho Róger Matus Lazo, sino para investigar a fondo el fenómeno de las pandillas en Nicaragua. Hasta hoy, nadie lo ha tomado en serio como el resultado de un problema social. Lo que he leído hasta ahora han sido opiniones; pero nadie se ha tomado el tiempo ni el esfuerzo de iniciar un trabajo de investigación que se convierta en reorientación profesional en sus distintos campos.

Róger Matus Lazo realizó un trabajo de incalculable esfuerzo. No solamente costeó él mismo su propia investigación, sino que nos ha puesto en las manos un tesoro que no debe interesar únicamente a los lingüistas y lexicógrafos, sino también debe interesar a sociólogos, sicólogos, trabajadores sociales, profesores y policías para que juntos emprendan una obra gigantesca de rescate de tantos jóvenes que pueden ser muy valiosos en nuestra sociedad.


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