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  El Nuevo Diario
  Viernes 6 de Agosto de 1999 | Managua, Nicaragua
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El modelo de Seguridad Social de Uruguay

Dr. Antonio Alemán L.(*)

Leí con mucho detenimiento el artículo del señor Marcelino Báez C., publicado en El Nuevo Diario, con el título «Aporte al debate de la Seguridad Social», con fecha lunes 12 de julio del año en curso. Con su artículo, basado en publicaciones de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social, el señor Báez pretende dejarnos bien clara la verdad sobre la Reforma de Pensiones que se han dado en América Latina, en las últimas décadas, porque existen algunas personas que, erigidos en especialistas de la Seguridad Social, se han encargado de difundir medias verdades sobre las verdaderas Reformas. En su artículo, Báez nos describe la situación actual de la Seguridad Social en Argentina y Uruguay, en forma clara y precisa.

Para contribuir al debate, me gustaría agregar una reflexión y unos datos más, sobre las Reformas de la Seguridad Social de Uruguay, porque es un país con una vieja tradición en materia de Seguridad Social. Las primeras legislaciones en Uruguay comenzaron en el siglo pasado, de tal manera que tiene más de 100 años de historia legislativa, de incalculable valor, para nuestros países. En comparación con Uruguay, los nicaragüenses estamos en pañales.

Con motivo del Seminario Internacional sobre el Sistema de Pensiones, realizado en nuestro país el año pasado, tuvimos la oportunidad de escuchar una magistral conferencia del Dr. Renán Rodríguez Santurio, sobre la Reforma de la Previsión Social en su país. En su conferencia, el Dr. Rodríguez precisó las fallas técnicas del viejo sistema de Seguridad Social, la incidencia que tuvo en el sistema el fenómeno demográfico, la crisis económica, la política y la preponderancia del Estado de Bienestar.

En 1996 surgió un nuevo Sistema Previsional en Uruguay que sustituyó el antiguo régimen estatal de Reparto por un nuevo de carácter mixto, el cual combina el Régimen de Solidaridad Intergeneracional, con el de Ahorro Individual.

Anteriormente el aporte realizado por los trabajadores iba destinado a un «Fondo Común» administrado por el Banco de Previsión Social (BPS), y desde el cual salían los recursos necesarios para abonar las pasividades. Factores tales como la mayor expectativa de vida que redundó en una mayor cantidad de años de goce de los beneficios jubilatorios, y el descenso de la tasa de mortalidad, determinaron una distorsión en la relación entre la población que trabajaba (activos) y la que estaba jubilada (pasivos).

Esto hizo que el sistema se volviera insostenible para el país y que la necesidad de destinar tantos recursos para pagar las pasividades, ejerciera tal presión sobre su economía como para hacerle perder competitividad. Asimismo, impedía al Estado destinar mayores recursos a otros sectores como educación o salud. A la vez el sistema era injusto pues para poder financiarlo se fijaron topes que distorsionaron la relación entre lo que el trabajador aportaba durante su vida y lo que recibía como jubilación, fomentando la evasión.

El nuevo sistema soluciona muchos de estos problemas disminuyendo el peso de la Seguridad Social sobre las finanzas del Estado, eliminando los topes con los consiguientes beneficios para los trabajadores, y fomentando los aportes por sobre la evasión. Es un sistema mixto pues que recibe los aportes y otorga las prestaciones de forma combinada, una parte por el Régimen Intergeneracional a cargo del BPS y otro por el Régimen de Ahorro Individual a cargo de la Administradora de Fondo de Ahorro Previsional (AFAP).

La recaudación de la totalidad de los aportes de los trabajadores sigue estando a cargo del BPS para ser luego volcados a las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP,s) cuando corresponda. En el marco de este nuevo sistema los aportes de cada afiliado se acumulan en una Cuenta Personal a su nombre, siendo este capital inembargable y exento del Impuesto al Patrimonio.

La administración de estos fondos estará a cargo de las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP’s), bajo estricto control del Banco Central, las cuales realizarán inversiones de manera de ir incrementando el monto de los aportes con el tiempo, a una tasa mínima del 2% anual.

La elección de una AFAP estará a cargo de cada trabajador, generándose una sana competencia entre aquellas, que redundará en un mejor servicio para los afiliados. Una vez alcanzada la edad del retiro, la AFAP transferirá el capital generado a la compañía de seguros de retiro que el beneficiario elija, quien pagará mensualmente su jubilación. El nuevo modelo ha recibido el reconocimiento del Banco Mundial y el apoyo de la sociedad uruguaya. Por el contrario, los nicaragüenses hemos optado por el sistema de capitalización individual, porque se ajusta más a nuestra idiosincrasia y a nuestra economía. Creemos que cada país debe optar por el sistema que más le convenga, frente a los desafíos del próximo siglo.

(*) Secretario General INSS.


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