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  El Nuevo Diario
  Jueves 5 de Agosto de 1999 | Managua, Nicaragua
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Rigidez extrema tras la bienal


Siempre sucede y siempre sucederá. Especialmente tras cualquier certamen o concurso que involucre premio, además de precalificación. Sucede cada año con los certámenes de Miss Nicaragua. Sucede cada año en el certamen de la Chica Ya. Sucede cada año, cuando lo permite la policía, en los certámenes Miss Gay Nicaragüita. E incluso sucedió en la vieja Managua durante un mano a mano que aún le quita el sueño a alguno que otro. Hay por tanto mamás contentas y mamás descontentas. Hay candidatas felices de la vida y hay candidatas enviodiosas hasta la muerte. Ok: felices candidatos y falaces candidotes también! Se habla entonces de conspiraciones, de influencias y de las mamás de los jurados y ganadores. Es la tradición y hay que respetarla.

Así que si sucede de nuevo con esta segunda Bienal de Pintura no es nada sorprendente. Nel. Lo que sí sorprende es que este jurado le vino a voltear el calcetín a las caducas y obsoletas concepciones artísticas de nuestra provincia. ¡Hostias! Estas chicas (además) se jorobaron al Status Cubo de la plástica chapiolla y lo hicieron invitadas por una fundación cuya colección de arte se fundamenta en los preceptos del susodicho status.

Es llamativo el fenómeno. Aunque no nuevo. Una nueva sensibilidad plástica y crítica, ajena al «caballetismo y firmismo» imperante, ha venido desarrollándose en la plástica nacional, centroamericana y mundial desde la década de los ochenta. Voces en off descalificadas rápidamente por la maquinaria oficialista del arte, como «locuritas anglosajonas(?)». Pero ahora no fue tan fácil descalificar las voces críticas de los jurados.

Y qué bonito sería este cuento si sólo tratase de confrontación de concepciones e ideas artísticas. Pero nel. Trata también de la mezquindad y de la falta de profesionalismo de un gran número de pintores, pintadores y afines. Comenzemos: falta de profesionalismo pues al participar en un certamen, cualquiera que sea, uno lo hace aceptando las reglas. O sea acá se sabía que iba a haber precalificación. Se sabía que a uno lo podían calificar o descalificar. Lo que no sabían era que esta vez el tiro saldría por la culata y que el gran reconocimiento iría a las «locuritas anglosajonas» que tanto los irritan. Desconocían a los jurados como desconocen el devenir de la plástica en las últimas décadas. Sorry 4U.

Pero volvamos al asunto de los no clasificados y clasificados. De 200 piezas el jurado seleccionó 30. De nuevo esto no es nada nuevo. En el encuentro organizado tras la primer bienal, Raquel Tibol quien llevó la batuta en aquel jurado, comentó que esto era normal y que de hecho ellos habían sido bastante tolerantes en la selección (de 180 piezas seleccionaron 45) y que si hubiesen sido más exigentes hubieran habido más descalificados. Y lo mismo ha sucedido ahora. Incluso estoy más que seguro que si no se hubiese utilizado la treta de «Artistas Invitados» los gritos de histeria serían aún más agudos y estridentes.

Pero eso son manejos de galeriístas y coleccionistas más interesados en precios, comisiones y porcentajes que en el arte mismo. Lo que sí fue nuevo y quizá por eso la picazón que se andan es que esta vez las cosas fueron al revés: el jurado avaló las nuevas tendencias del arte nacional. Reconoció el valor de lo nuevo y tuvo los suficientes motivos para premiarlo.

Y es acá donde la mezquindad se une a la ignorancia. Querer descalificar a Patricia Belli con la visceralidad que se ha hecho y porque sí es un acto digno de la misoginia que prevalece en el campo de la plástica, dominado hasta hace poco por hombres, muchos de ellos escondidos en sus roperos.

Descalificar las nuevas propuestas porque degeneran nuestra tradición pictórica es una patraña digna de una visión obnuvilada y anacrónica de la plástica. De plástico que sí. Especialmente cuando la supuesta tradición «nicaragüense» es la pintura de caballete al óleo, que dicho sea de paso fue introducido en el s. XV según la leyenda por los hermanos Van Eyck, que para aclaración de algún profesor versado en realismo socialista, no eran precisamente de Monimbó.

Pero los descalificados descalificadores no paran allí, siguen la tanda con el asunto de la falta de raíces. Un poquito de Darío (que suponemos consideran nicaragüense) no les caería mal:» ¿Hay en mi sangre alguna gota de sangre de Africa, o de indio chorotega o nagrandano? Pudiera ser, a despecho de mis manos de marqués, más he aquí que vereís en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles: ¡qué quereís!» (....) «preciso es decíroslo: mi esposa es de mi tierra; mi querida de París.» O sea que la tan zarandeada identidad no se encuentra escarbando hoyitos en el patio a ver si encontramos un tiesto precolonialista. Esa era la identidad de los Chorotegas. La nuestra la estamos construyendo hoy.

Tampoco es nada nuevo los salones de rechazados que ahora como contraparte a la bienal aparecen en el Palacio de la Cultura. Lo nuevo es que acá surgen al revés. Cuando en 1863 se dio el primer salón de rechazados en Francia, fueron los impresionistas los grandes rechazados por el jurado. O sea las tendencias de vanguardia de entonces (juntó con más de 4000 cuadros), eran rechazadas por el intransigente jurado tradicional vinculado a las élites culturales oficiales. Acá ha sido todo lo contrario. Un jurado con una visión internacional y abierta ha certificado el valor del nuevo arte y descalificado en su gran mayoría a los artistas tradicionales.

Y tampoco es nuevo que el oficialismo cultural trate de sacar partido de lo que sea. Entonces fue su majestad Napoleón III, quien al ver que era imposible anular el veredicto del jurado, y para quedar bien con Dios y con, el ahora inexistente, Diablo «ha decidido que las obras de arte rechazadas sean expuestas en otra ala del Palacio de la Industria».

Y para terminar, a Patricia, también un poquito de Darío, acusado estúpidamente entonces, como ella ahora, de extranjerizante: «La gritería de trescientas ocas no te imperidá (...) tocar tu ancantadora flauta (....) cierra los ojos y toca para los habitantes de tu reino interior.»

Raúl Quintanilla Armijo

ArteFacto D.Row Agosto 4 de 1999


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