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| Jueves 5 de Agosto de 1999 | Managua, Nicaragua |
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Me recuerdo que a media dos de la década pasada, en medio de un festival extraordinario de música latinoamericana que se celebró en lo que fue el anfiteatro Tiscapa, un canal de televisión nacional mostraba un documental sobre el origen y resultados del «pacto del Espino Negro». En esa misma ocasión, uno de los dirigentes del FSLN (quien ahora resulta ser defensor de la negociación «pactista») fustigó el pacto con vehemencia y juró que el sandinismo «jamás» se rendiría y que en la historia de nuestro país jamás se repetiría una escena similar.
Hoy en día, en medio del proceso de globalización y fragmentación, la caída del socialismo estatista, el empoderamiento del neoliberalismo en los gobiernos latinoamericanos, y la involución política de muchos líderes de la izquierda en Nicaragua, en nuestra historia se repite un acto muy similar al de inicios de siglo. Un filósofo me aseguró una vez que la historia es cíclica. Quizás tenga razón. A propósito de que uno de los líderes sandinistas buscó cierta vez en el diccionario qué significa la palabra pacto, es pertinente recordar que esta palabra proviene del latín, pactum que significa tratado, acuerdo o convenio. Bajo este significado podemos analizar que en la historia reciente de nuestro país, durante 1990 se realizó un pacto, en donde el FSLN y la UNO tuvieron la madurez de acordar un marco necesario para el traspaso del poder y evitar conflictos mayores del país. Entre 1992 y 1993, Antonio Lacayo, Humberto Ortega y Sergio Ramírez acordaron (pactaron) crear espacios y leyes que permitieran un mínimo de estabilidad al gobierno de transición representado por Doña Violeta. Este pacto fue roto más tarde por las contradicciones que se suscitaron por las reformas a la constitución. Más tarde, el MRS y los Social Cristianos acordaron entre ellos las reformas a la constitución y la ley electoral. Entonces, resulta de importancia conocer en la coyuntura actual, porque este nuevo acuerdo (pacto), a diferencia de los anteriores, ha generado tanto revuelo en el seno de nuestra sociedad y porque le está costando una gran cuota política al FSLN. El nuevo pacto está discutiendo los siguientes aspectos: empresas costarricenses les encanta la mano de obra nicaragüense, pues resulta barata y eficiente. Pasando la frontera, de regreso, nuestro ejército de mano de obra cesante- esa frase tan elegante usada por los tecnócratas para denominar a los desempleados- escuchará de nuevo vibrantes discursos de nuestros mal administradores públicos, quienes les dirán: garantizaremos miles de empleos (léase zonas francas con sindicatos blancos), construiremos nuevas viviendas dignas (cerrando proyectos como PROVIVIENDA); garantizaremos la salud y educación pública (y la población de Río San Juan se preguntará que es eso?); garantizaremos la seguridad pública (durante los 3 meses de operativo policial, con énfasis en lo represivo); y por último les garantizaremos recreación (viendo comprar y comer en los nuevos centros comerciales). Es posible que nuestra población desee regresar cuando ha sido muchas veces desterrada. !Destierro político, económico y social que aún persiste!. Qué sucede cuando un pueblo desterrado regresa?; qué sucede cuando aun el destierro permanece?; qué sucede cuando regresas con hambre, frío, sin dinero y además pisoteado moral y físicamente?; qué sucede cuando el gobierno habla y no hace?; qué sucede cuando un presidente habla y crea conflictos? Lo que sucede es que la crisis de gobernabilidad aumenta y sucede que esta misma gente que regresa, pretenderá emigrar una vez más. Pero bien, eso no importa, pues la democracia y el libre mercado reina de nuevo en nuestro país y eso es lo importante. Compartir:
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