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| Jueves 5 de Agosto de 1999 | Managua, Nicaragua |
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WINNIPEG — Mientras en los Juegos Panamericanos todos parecen preocupados por los resultados de los deportistas de Estados Unidos, Cuba, Canadá, Argentina, Brasil o México, los eternos olvidados, los países deportivamente chicos, pasan anónimos por la máxima competencia de América.
Los estadounidenses, con una nómina que no necesariamente reúne a lo mejor de su deporte, domina el medallero con holgura. Cuba, el país de sólo 10 millones de habitantes, lo escolta en una prueba más de su potencialidad en el terreno del músculo. Canadá, miembro del elitista Grupo de los Siete también está en la lucha, y la condición de local hace que sus éxitos alcancen un mayor destaque. Pero, pocos en los centros de prensa de Winnipeg, reparan en que también hay países que a cuatro días de que terminen los Juegos siguen sin obtener siquiera una presea, de cualquier metal, y, lo que es peor, han perdido por completo la esperanza de lograrla. Es un drama que ya no sufre el país más pequeño de todos los participantes. Gracias a Kareem Streete Thompson, plata en el salto largo, los 40 mil habitantes de Islas Caimán ya pueden verse en el medallero. Nunca antes lo habían logrado, pero Streete Thompson, que ha pasado desapercibido en el marco general de los Juegos, ha hecho historia. Siete países latinoamericanos se incluyen en la lista de los 19 forzados abstencionistas. Bolivia, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y Paraguay están por debajo de Islas Caimán, como también lo está Ecuador, que suma tres medallas pero todas de bronce. Haití, un país del que se discute si es o no latinoamericano, tampoco aparece en la lista. El torneo masculino de fútbol, desprestigiado por la ausencia de las principales potencias continentales, es la última esperanza de Honduras. De vencer mañana en semifinales a Canadá, habrá salido de la lista de la pobreza panamericana absoluta. También en el fútbol, pero en mujeres, busca Costa Rica salvar el honor deportivo con un bronce. Paraguay depende de una sorpresa en el tenis. Nicaragua y Panamá parecen haber agotado posibilidades con el béisbol. Todos los demás, salvo alguna novedad inesperada, pueden irse con los bolsillos vacíos y con el riesgo de que cada vez suene menos válido el argumento de que «ganamos experiencia». Países con poblaciones pequeñas, como Bahamas, Bermuda, Suriman, Antillas Holandesas o Barbados, ya figuran en el medallero. Bahamas, incluso, entre los 10 primeros y Bermuda por ahora en el puesto 11. Jamaica y Trinidad y Tobago también están, pero se trata de países con buenos antecedentes. Más bien, de Trinidad extraña que tenga sólo un bronce, balance pobre para una tradición relativamente buena. Perú y Uruguay tampoco podrían celebrar demasiado, pues aunque ya tienen preseas, ocho el primero y cuatro el segundo, ninguna es de oro. Para ambos se vislumbre un final sin doradas en las valijas. Y un caso especial es el de República Dominicana, que ganó medalla de oro en salto alto femenino, pero la perderá por dopaje. Chile, Puerto Rico y Guatemala, suman sendos oros. Además de los latinoamericanos, tienen aún el arca vacía Dominica, Belice, Granada, Guayana, las dos Islas Vírgenes, Santa Lucía, St. Kiss y Neves y San Vicente y Granadinas, países cuyas presencias en Winnipeg han sido fantasmagóricas. El análisis en profundidad no se podría detener en aspectos meramente deportivos. Salvo excepciones como Cuba, la colocación en el medallero guarda relación con las posibilidades económicas de cada país. Y si no, que lo digan Estados Unidos y Haití. Compartir:
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