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  El Nuevo Diario
  18 de Octubre de 1998 | Managua, Nicaragua
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Crítica nicaragüense
El Canto a la Virgen Pájara María

Isolda Rodríguez Rosales

A través de doce Cantos, José Cuadra Vega presenta las diferentes facetas o atributos que él ve en la Virgen María. Con un lenguaje lleno de ternura, Cuadra recoge la devoción mariana propia de nuestro pueblo tratada por destacados poetas nicaragüenses como Pablo Antonio Cuadra.

Cuadra Vega, heredero de la rica tradición poética, rinde homenaje a uno de los grandes de la vanguardia, ya que los cánticos evocan los versos de Joaquín Pasos, cuya huella es evidente: "Oh, loca y dulce pájara comedora de frutas/ derrama el vino verde de tu plumaje esquivo" (Elegía de la Pájara).

El recurso de "humanación" que emplea en sus poemas "teístas", en los que presenta a un Dios que llega a la casa del poeta "con las sandalias en la mano", se aprecia de nuevo en estos cánticos o cantigas a la Virgen María, (como las de Alfonso X).

En el Cántico Primero el poeta describe a la Virgen, (con plumas celestes, alusión obvia a lo divino) como madre de Jesús, identificada con el dolor de la Pasión. Por eso le pide: "Sube y vuelve a la espina más alta de su pecho/ de su Gloria/ de su Vida/ de su Muerte". La Virgen está al lado de su hijo, sufriendo el dolor punzante de la lanza. La espina, aguda, simboliza la lanza que penetra en el costado, el dolor de la pasión de Cristo; el poeta le interroga, con un tono un poco angustiado: "¿No la sientes, María"?/ Allí está, honda/ en su costado tierno de alba y rosa". Desconcertantes los adjetivos "alba y rosa", casi pictóricos para aludir al color de la carne desgarrada. La descripción es minuciosa, rica en detalles: "dura espina como dura lanza/ que baja, lenta, áspera arista". Insistente el empleo del adjetivo "dura", reiterativo, para dejar explícito el dolor de la lanza en el costado que se expande y transmite a María, la Virgen Pájara, con plumas "doloridas de amor".

Abundante en adjetivos que incluso se oponen entre sí: "¡Oh pobre! ¡Oh rica Pájara!", sin embargo, prevalecen los adjetivos que denotan la humildad y pobreza de Jesús: "costado humilde de pesebre y paja", verso en que los sintagmas de pesebre y paja adquieren un valor de adjetivación, por lo que el sintagma " costado" se ve reforzado por tres adjetivos que enfatizan la idea de pobreza. En el "Cántico Segundo", los adjetivos seleccionados denotan la idea de dolor, sufrimiento, siempre identificado con el del Hijo: "de sus espaldas duras, flageladas". En este poema, el autor pinta a una Virgen Dolorosa: "Pájara amarga de las espinas", y este dolor aparece enfatizado por la presencia de "siete puñales" que representan los pecados capitales, que lastiman y dejan "raída" la figura materna. Es la madre que sufre por las ofensas que recibe su Hijo. De acuerdo con la tradición mariana, José Cuadra visualiza a la Virgen María como intercesora entre su Hijo y los creyentes. Por eso le pide que suba, a buscar la misericordia divina y baje a consolar a las madres "para hacerles más suave la jornada". Le pide que Ella, como Madre, consuele, se apiade y pida por todas las madres, aún las solteras, que son las que más sufren las incompresiones de la sociedad. Tierno y novedoso el concepto de Josecito, cuando expresa "toda virgen es madre, toda madre es virgen". Es ese juego de conceptos, que se remontan al culteranismo español, se encierra una visión sagrada de la mujer, en tanto madre. La madre que pinta es una madre nutricia, de cuyos senos fluye, como fuente o río la dulce leche. Nótese el empleo de adjetivos que denotan dulzura, tranquilidad, remanso: "suave río", "estero manso", "rada quieta", "dulces senos", todos usados como sintagmas en aposición del sustantivo "senos". De nuevo, Cuadra Vega juega con la idea de presentar una Virgen humanizada, una madre con senos nutricios, idea poco común dentro de la iconografía tradicional. En este Cántico Segundo los adjetivos que denotan ternura y amor aparecen en contraste con los que tienen un significado de dolor, sufrimiento; nuevamente el recurso conceptista, como pintura al claroscuro. Hay una gradación, del sufrimiento de la Virgen pasa al sufrimiento de las madres terrenales, pero en el tratamiento, se le escapan los epítetos y adjetivaciones valorativas hacia la mujer que sufre en la lucha cotidiana: "que la jornada es dura, Pájara,/ y se cansan las alas". Concluye pidiendo a la Virgen Pájara que la leche, entiéndase vida, fluya siempre de los senos de las madres, como "ríos de leche y miel", adjetivación usada por fray Luis de León en su traducción del Cantar de los cantares y que contiene un valioso simbolismo de la madre amorosa que da vida y mantiene la vida a través del amor. La idea de la Virgen Pájara como defensora de la mujer terrenal mantiene su continuidad en el Cántico Cuarto, en que el poeta reitera su petición de que baje "hasta estas negras cimas del pecado" y se rescate a las "pájaras caídas", a las pajaritas prostitutas, ladronas. De gran valor poético es el empleo de una serie de sintagmas en aposición que adquieren un valor adjetivo: "pajaritas hijas/ cuchillleras/ pendencieras, aborteras, cantineras, parranderas", en las que mantiene una rima perfecta con el uso del morfema eras, que le imprimen una musicalidad propia de las letanías. Hermosa la solidaridad, el gesto humano del poeta consciente de la desgracia de estas mujeres a quien la sociedad ha sumergido en la "cima del pecado", pero que a sus ojos son ángeles o semi-ángeles. La ternura se le desborda cuando se refiere a las mujeres transgresoras como: "pobrecitas pajaritas tristes de alas rotas", nuevo simbolismo para expresar los sueños e ilusiones que se quedaron en la infancia de estas mujeres "semi-vírgenes, semi-demonios", que ahora viven "sentadas en las duras bancas de los lupanares/ a la espera de nadie". Estos versos son de un realismo que golpea. El empleo del adjetivo antepuesto "duras bancas" refleja la cruda y difícil vida que llevan, sin futuro ("a la espera de nadie") con quienes Josecito se solidariza y las llama "pajaritas hermanas". A pesar de la carga de desolación que reflejan estas pajaritas caídas, por quienes el autor pide a la Virgen, al final abre tímida, pero esperanzadora, una posibilidad para ellas: pueden esperar "algo, "alguien", como dice Bécquer, esperando la mano que diga: "Levántate y anda". Cuadra Vega concluye que ellas no pecan, sino el que "paga por pecar", en alusión a las inolvidables redondillas de la "Doctora de América": Sor Juana Inés de la Cruz. En el Cántico Quinto el poeta hace una apología a la paz, versus el belicismo, la guerra entre hermanos. Ahora canta a la "Virgen Paloma Pájara de la Paz". Nótese el uso del sintagma sustantivo "paloma", que yuxtapuesto a "virgen" adquiere un carácter adjetival, junto con el sintagma "de la paz", el que enlaza con un morfema preposicional. Nicaragua se ha bañado históricamente "en sangre de hermanos", y esta sangre ahoga a José Cuadra, quien en su angustia pide por los líderes que hablan de paz mientras entregan fusiles al pueblo. Duro el poeta, antes tierno, pidiendo a la Virgen, que metamorfoseada en cuervo, rompa las entrañas de los dirigentes del odio y la guerra: "A esos, Virgen Pájara Cuervo,/ rompe, rasga, roe las entrañas". El autor emplea adjetivos antitéticos: "Virgen Pájara dulce", "Virgen Pájara amarga", "llena de miel tu pico", .."tu pico llénalo de hiel", para expresar que ella también vive la dicotomía del dolor y el amor, el sufrimiento y la alegría, y como madre, puede amar, pero también castigar a los malos hijos, en este caso "a los falsos conductores" del pueblo. En este poema es notorio el empleo del paralelismo antitético, que Cuadra Vega retoma de las más clásicas fuentes del conceptismo barroco. En el Cántico Sexto la Virgen Pájara se convierte, por obra y gracia de la pluma de Josecito Cuadra, en émula de Jesús, que echó del templo a los mercaderes que profanaban la casa del Señor. El poeta continúa la línea "dura", y pide a la Virgen que entre en los "templos-mercados" y castigue a los malvivientes que mancillan Su casa. Ahora es "Virgen Pájara Látigo" para castigar a los estupradores, violadores, cambiadores, estafadores... otra vez emplea la rima perfecta lograda con el morfema eres, para lograr la cadencia rítmica propia de los rezos a la Virgen. Asimismo, recurre de nuevo al uso de dos morfemas sustantivo con calidad de adjetivación: pájara y látigo, que castigará a los hipócritas que "visten túnicas y vestiduras falsas", ostentan "falsa virtud" y aparentan "falsa bondad". En este poema los adjetivos han sido sustituidos por oraciones adjetivas, que imprimen mayor fuerza a la idea que desea expresar: "el que más duela", "el que chasquee más...", "el que más haga sangrar", "el que más hiera", equivalen a látigo doloroso, chasqueador, hiriente, que rompa con toda la hipocresía y falsas apariencias.

Ese tono duro y vengativo cambia completamente para volver a la ternura del Cántico Séptimo, en el que pinta a la Virgen caminante o "Virgen Pájara de los Caminos". La compara con una indita que va por las veredas. Aquí reduplica los adjetivos: "nuestras verdes,/ de nuestras húmedas, ignoradas/ vereditas indias"; "Sudada y rústica Pajarita descalza"/ Pajarita morena, Pajarita serrana", con la finalidad de enfatizar la imagen de la mujer pobre, humilde de nuestro pueblo que transita los caminos de la patria en su diario trajinar. Y luego, los adjetivos en yuxtaposición: "Virgen Pájara llanera,/ montañera,/ callejera". Con su infaltable sentido del humor le pide a la Virgen: "líbranos de los taxis", "líbranos de los buses", como quien dice, líbranos del mal, amén. Concluye esta cantiga con dos versos muy originales en los que llama a la Virgen "semáforo Divino", "conductora celeste", en los cuales, los adjetivos connotan la naturaleza celestial de la Virgen Pájara.

Con el juego de la antítesis inicia el siguiente canto, en una adjetivación "irreverente": "Virgen Pájara ebria", "Virgen Pájara sobria", pidiéndole que se transmute en agua y reviva el episodio de Canaán para que calme la sed del hombre (y de la mujer). De gran belleza mística son las adjetivaciones: "Agua viva", vino puro" aplicados a María. El agua como fuente vivificadora, purificadora, ha proviene de la tradición de la mística hebrea.

En el Cántico Noveno el poeta pide a la Virgen Pájara que bendiga los campos para que surja la espiga que calme el hambre. Este poema es rico en adjetivos que aluden al tema agrario: "doradas eras", "campo ubérrimo", "fecundo vientre vegetal", "gluten melodioso". De especial simbolismo es el uso de múltiples adjetivos para reiterar la misma idea: "la angustiosa, la mortal/ la mortal hambre de pan..." ¿Acaso el poeta desea expresar un hambre más fuerte, más profunda, que es el hambre de Dios?

El Cántico Décimo ofrece una rica gama de adjetivaciones absolutamente originales, algunas en aposición, como "Pajarita Christófora, Pajarita Colomba", "Virgen Pájara Sirena", "Pajarita grumete"; otros con enlace preposicional: "María Virgen Pájara de las espumas", Pájara Virgen María de los Caracoles", todos de connotación navegante, distribuidos a lo largo de estos versos en los que pide que, como Ulises, no escuchemos los llamados de las sirenas, entiéndase pecado, en su más tradicional concepción católica.

Prosigue una descripción que nos recuerda "El Ángel pobre" de Joaquín Pasos: la Virgen con overol y alas llenas de grasa. Este ruego es por los mineros, por los obreros, "Virgen Pájara Obrera". Emulando las letanías, la llama: "Pajarita tornera,/carpintera,/ costurera,/ Pajarita hilandera", repitiendo los sintagmas en aposición y categoría de adjetivo. Asimismo, se aprecia el manejo de antítesis: "minera, pero sin oro/, minera pero sin plata,/ minera pero sin bronce".

Al concluir, la técnica de las rogativas es eminente: "Pájara Clemens. Inviolata, Mater Christi, Stela Matutina: Pájara o Virgen Clemente, Inviolada, Madre de Cristo, Estrella de la mañana... a quien invoca e identifica con los afligidos, perseguidos, masacrados, desaparecidos, torturados, en clara alusión a las consecutivas etapas de violencia que ha sufrido nuestro país.

En estos cánticos, José Cuadra Vega, formula ruegos a la Virgen empleando oraciones breves, repetitivas, propias de la oración. Con la acción repetitiva logra reafirmar su fe, su interioridad, que revela a un poeta sensible, humano, humanista mas bien, solidario con los pobres, con los marginados, incluidas las mujeres.

El autor, en este Canto a la Virgen, refleja y refuerza una religiosidad profunda, pero con los pies en la tierra nicaragüense, que ve las miserias, pobrezas, sufrimientos de su gente y ruega a la Virgen Pájara para que se apiade de ellos. Esta Virgen tiene las mismas cualidades del pueblo: es morena, suda, trabaja, bebe, sufre con la ingratitud de sus hijos.

En este poemario José Cuadra Vega recoge la más rica tradición literaria clásica, con un manejo acertado del adjetivo para reiterar, reafirmar las cualidades que le atribuye a la Virgen. Lo más original es el empleo de sustantivos adjetivados, en aposición o en sintagmas preposicionales, con la más variada gama de significados, todos llenos de una gran ternura. Los versos son de alta calidad poética y en ellos, el autor reafirma su amor a la Mater Christi.


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