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  El Nuevo Diario
  1 de Octubre de 1998 | Managua, Nicaragua
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Estadio Nacional ¿Denis Martínez?

Edwin Sánchez
Managua

Los nicaragüenses somos muy propensos a la adoración. La veneración antigua, precolombina, subsiste en nuestra sangre, irrigando todo el instrumental de complacencia a todo aquello que consciente o instintivamente le dediquemos nuestro corazón.

Los caudillos políticos precisamente son el fruto de esta deificación a lo que es capaz de resplandecer el fuero interno de nuestros ideales... o ambiciones. Los caudillos no se extinguirán de nuestra cultura política, porque el nicaragüense es un hombre religioso por antonomasia. Nos gusta adorar, saborear com besos la mano del hombre de turno sea en el gobierno, en el partido, o...en el deporte.

Daniel Ortega invocó en 1990 la sabiduría de Salomón; Edén afirmó llegar a los 40 días de ayuno como el judío que transformó la humanidad; Alvaro Robelo se proclama el nuevo Moisés; Guillermo Osorno soñó ser el presidente por orden del Altísimo; Doña Violeta que cada vez que se iba del país, dejaba Nicaragua en manos de Dios...

Escuchamos ahora una tenue campaña que pronto será una monumental y festiva decisión de cambiar el nombre del Estadio Nacional, en posesión de Rigoberto López Pérez, por el de Denis Martínez.

El momento es aprovechado por la indudable y alabatoria - ¿somos nica, no? -hazaña de Sammy Sosa. El planteamiento, sin embargo es peregrino: Si a Sammy le harán un monumento en Dominicana, ¿por qué nosotros no bajamos del pedestal a Rigoberto López Pérez, para ensillar el nombre de Denis? ¿Ni eso somos capaces nosotros de hacer por el primer hombre que llegó a las Grandes Ligas?

El Estadio Nacional originalmente fue bautizado con el nombre de Anastacio Somoza García. Al triunfar el sandinismo, se rebautizó con el nombre del poeta que ajustició al tirano. No obstante, ninguno de los dos fue deportista. La maleza de la política invadió el engramado del más importante parque de pelotas del país.

Denis no es político, pero Denis tampoco es Sammy Sosa. Hay todo un Cocibolca de diferencia entre estos dos peloteros. Las cualidades humanas del antillano, por otra parte, son tan incomparables como las mismas estadísticas que lo distancian, número en mano, de Martínez.

Sammy es capaz de regalar su bate a un niño que le grita "tú eres mi ídolo", pero nuestro lanzador es incapaz de volver a ver a La Marucha, aquella su eterna admiradora.

Denis significó una carga al presupuesto nacional, cuando asesoró a la Selección de Nicaragua y los nicaragüenses tuvimos que pagar pasaje, estadía y otros gastos de... ojalá sólo Denis, sino de sus acompañantes. Sammy ayuda, colabora y apoya a los niños pobres de su país. Sammy admira el gesto inapreciable de Clemente de dar la vida por los nicaragüenses. Denis lo primero que pensó fue ser Presidente de Nicaragua.

Por mi parte, un aficionado más del béisbol, el Estadio merece más el nombre de un ejemplo para la juventud, que colocar en la marquesina al ídolo de un cronista deportivo, aunque éste sea Edgard Tijerino.


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